“La Chupilca del diablo”: ¿Es verdad que el soldado chileno consumía este mítica y peligrosa bebida?

Este brebaje, según ciertas versiones, era preparado con una mezcla de aguardiente y pólvora negra. ¿Fue real todo esto?

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La leyenda afirma que durante la Guerra del Pacífico, el conflicto armado entre 1879 y 1883, durante el cual Chile venció a las fuerzas conjuntas de Perú y Bolivia, los soldados chilenos solían beber antes de las batallas una bebida conocida como la Chupilca del diablo, elaborada a partir de una mezcla de aguardiente y pólvora negra, y gracias a la cual éstos supuestamente entraban en una especie de euforia o trance, lo que aumentaba su ferocidad, valor y temeridad en el campo de batalla.

Chupilca asaltoalmorro

La misma leyenda afirma que, por ejemplo, durante la histórica toma del Morro de Arica, un peñón de 100 metros de altura considerado inexpugnable y sembrado de minas, las fuerzas chilenas al mando del coronel Pedro Lagos, el 7 de junio de 1880, al grito de “¡Al Morro, muchachos!” se demoraron sólo 55 minutos en apoderarse del macizo y barrer con las fuerzas peruanas que lo custodiaban gracias, precisamente, a que los soldados chilenos habían ingerido este mítico brebaje.

Chupilca

El escritor chileno Jorge Inostroza, en su famosa novela épica de 1955 “Adiós al Séptimo de Línea”, en la que se relata las aventuras y desventuras de algunos regimientos y personajes chilenos -reales y ficticios- en la Guerra del Pacífico, sería quien popularizaría el mito de la Chupilca del diablo a partir de los años 50’ del siglo pasado. En esa obra, Inostroza relataba que los soldados peruanos solían llamar a los soldados chilenos “los endiablados”, debido al estado de euforia y excitación que esta bebida les provocaba.

Chupilca guerra-del-pacifico

Sin embargo, pese a lo anterior, actualmente se asegura que la Chupilca del diablo sólo correspondería a un mito, que podría basarse en la afición de los soldados por el aguardiente, bajo cuyos efectos se aumentaba la agresividad y la temeridad, las mismas que facilitaban los excesos durante y después de una batalla.

Algunos autores, incluso, han deslizado la posibilidad de que la Chupilca del diablo corresponda a aguardiente en descomposición, lo que podría causar que los hongos producidos tuviesen propiedades alucinógenas, tal como ocurría en los tiempos de los berserkers nórdicos, los guerreros vikingos que entraban en una suerte de agresiva euforia tras beber cerveza contaminada con cornezuelo del centeno (con alto contenido en compuestos de ácido lisérgico, precursor del LSD), y que peleaban bajo cierto trance de perfil psicótico, casi insensibles al dolor, llegando a morder sus escudos de frenesí, mientras no había fuego ni acero que los detuviera.

El investigador histórico militar chileno Rafael Mellafe, en su obra “Mitos y Verdades de la Guerra del Pacífico”, explica que la preparación de la famosa Chupilca del Diablo no es mencionada en ninguna fuente primaria militar, como los diarios de los médicos que viajaron al norte con las tropas chilenas, así como en los diarios de campañas de soldados y oficiales que intervinieron en ese conflicto (“Seis años de vacaciones: Recuerdos de la Guerra del Pacífico 1879-84″, de Arturo Benavides Santos o el diario de Campaña del capitán del batallón Atacama Rafael Torreblanca, personaje real de la novela “Adiós al séptimo de línea”).

Regimiento chileno en la Guerra del Pacífico.

Regimiento chileno en la Guerra del Pacífico.

Según Rafael Mellafe, que en su obra cita un artículo publicado originalmente por el Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica de Chile, la Chupilca del diablo se elaboraba en base a los propelentes de los proyectiles que eran de pólvora negra, que a su vez estaba hecha en base al azufre y el nitrato de potasio, elementos que “cada uno y por separado, se consideran tóxicos y extremadamente dañinos para la salud humana, potenciándose aún más si los mezclamos. El nitrato de potasio puede producir un cuadro de extrema irritación o quemaduras a las mucosas gástricas produciendo sangramientos internos y atacando fuertemente al hígado y riñones”.

Ilustración que recrea los preparativos de la Toma del Morro de Arica (1880).

Ilustración que recrea los preparativos de la Toma del Morro de Arica (1880).

El periodista chileno Guillermo Parvex, autor del best seller “Un veterano de tres guerras: recuerdos de José Miguel Varela” (que narra los recuerdos verídicos de un militar chileno que intervino en tres conflictos bélicos: la Guerra del Pacífico, la campaña de Pacificación de La Araucanía y la Guerra Civil de 1891), afirma que la preparación de la Chupilca del diablo no es mencionada en ninguno de los escritos que componen el apartado del mencionado libro respecto a la Guerra del Pacífico, pues junto con el detalle de los diferentes tipos de rancho que consumían las tropas, así como también la enumeración de los productos que se entregaba a cada soldado para su consumo personal, “no hay mención alguna al aguardiente”.

El teniente de artillería Solo Zaldívar, con dos soldados chilenos, entierran a soldados bolivianos muertos tras la batalla de Tacna (1880).

El teniente de artillería Solo Zaldívar, con dos soldados chilenos, entierran a soldados bolivianos muertos tras la batalla de Tacna (1880).

Guillermo Parvex explica que “el nombre Chupilca del diablo proviene de la similitud entre los ingredientes utilizados para la preparación de este brebaje y la chupilca, que es la mezcla de chicha y harina tostada. La Chupilca del diablo nace en la novela “Adiós al séptimo de línea”, de Jorge Inostroza, que cuenta que se elaboraba con agua ardiente y pólvora negra, que tenía carbón mineral, nitrato y azufre, y que infundía supuestamente en los soldados un valor y una ferocidad increíbles. Pero está médicamente comprobado que si una persona se tome una vainilla de tiro de fusil con esta mezcla de aguardiente, nitrato y azufre tiene un grave riesgo de que se rompa todo su tracto digestivo. Sufrirá de un severo efecto irritante en la mucosa intestinal, generando severos cuadros de vómitos y diarrea. Además, puede causar la interrupción del tracto digestivo, de modo que el soldado no sólo no puede combatir, si no que también puede desangrarse y morir”.

Chupilca 2

Parvex agrega que la Chupilca del diablo “es definitivamente un mito. Lo que sí es cierto es que todos los ejércitos del mundo por esa época consumían un poco de alcohol antes de los combates y en el caso chileno tomaban lo que se llamaba chupilca, que era aguardiente con harina tostada, pero sólo en el desayuno en el día del combate y en cantidades reducidas, porque el aguardiente, al igual que la munición, era un bien escaso”.

CHUPILCA-2

Sin embargo, pese a lo anterior y a que las fuentes militares que narran algunas famosas batallas de la Guerra del Pacífico (como la batalla del Alto de la Alianza, Chorrillos y Miraflores) no mencionan el uso del famoso y peligroso brebaje en las vísperas de dichas acciones bélicas, algunos autores no descartan que clandestinamente algunos soldados chilenos, ante el horror de las acciones de guerra y el miedo inevitable y real que los envolvía antes de entrar en acción, tuvieran alguna escondida ración de aguardiente que combinaran con pequeñas dosis de pólvora, bebiéndola y compartiéndola con algunos de sus compañeros de armas, lo que habría dado origen posteriormente al famoso mito. Esta posibilidad, por cierto, nunca ha podido ser confirmada, más aún por el enorme daño que habría generado en quienes consumieran esta mezcla de alcohol y pólvora.

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