La extraña expedición al Tíbet de Ernst Schäfer, el “Indiana Jones” de los nazis

El gran objetivo de esta expedición de 1938 y 1939 consistió en rastrear los orígenes de la raza aria.

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En dos de las películas de la popular saga cinematográfica de Indiana Jones, el célebre arqueólogo norteamericano que premunido de su sempiterno sombrero, pistola, látigo y casaca de cuero rastreaba por diversas partes del globo algunas de las reliquias más preciadas de la Cristiandad, sus adversarios más enconados fueron los temidos nazis, obsesionados con encontrar el Arca de la Alianza y el Santo Grial para asegurar su dominación total del mundo.

Fotograma de la película "Indiana Jones y la última Cruzada".

Fotograma de la película “Indiana Jones y la última Cruzada”.

Si bien para muchos esto no pasaba de ser una imaginativa idea cinematográfica, lo cierto es que los nazis sí estaban interesados en ciertas mitologías paganas y cristianas, para lo cual no dudaron en organizar expediciones a ciertos confines  del mundo. La Ahnenerbe nazi, una organización de las SS que había nacido para realizar y divulgar investigaciones con fines educativos en apoyo de la ideología nazi y, en particular, de sus teorías relacionadas con la raza aria, pronto se destacó como una sociedad cuyos miembros realizaron todo tipo de extraños viajes en busca de legendarios artefactos como la lanza de Longino (la lanza que traspasó el costado de Jesucristo) o el mismísimo Santo Grial.

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Imagen representativa del interés de los nazis por objetos esotéricos.

Heinrich Himmler, el líder de las temidas SS que tenía un gran interés por los temas esotéricos, estaba obsesionado con el mito de una tribu perdida de hombres de cabellos rubios y de ojos azules de la que supuestamente descendían los alemanes y que habían vivido en la lejana región del Tíbet, relacionándose con el mítico reino subterráneo de Agartha, el denominado Shangri-La o ciudad ideal de los nazis. Por ello, Himmler deseaba enviar una expedición para comprobar la verdad de este y otros mitos, como comprobar las teorías que aseguraban que la tierra era hueca y la presunta existencia de la ciudad perdida de Shambhala, un misterioso lugar donde según la tradición tibetana se podía invocar a un mítico héroe tribal, Gesar de Ling, quien supuestamente podría ayudar a los nazis a dominar el mundo.

Ernst Schäfer.

Ernst Schäfer.

El encargado de dirigir esta expedición sería Ernst Schäfer, un joven y famoso aventurero, cazador y zoólogo alemán especializado en ornitología que había nacido en 1910 en Colonia, y que ya había realizado dos expediciones al Tíbet en los años 1930 y 1934, junto al explorador y naturalista estadounidense Brooke Dolan II, hijo de Brooke Dolan, un rico industrial estadounidense en Filadelfia.

El autor José Lesta, en su libro “El enigma nazi: El secreto esotérico del III Reich”, relató que “existe un documento secreto en el que Schäfer recuerda su primer encuentro con el jefe de las SS: ‘Himmler me habló de su creencia de que la raza nórdica no había evolucionado, sino que había descendido directamente del cielo para asentarse en el continente desaparecido (Atlántida), y que antiguos emigrantes de ese continente habían fundado una gran civilización en Asia Central. Creía que algunos tibetanos eran descendientes directos de esta civilización y que los arios provenían de esta etnia”.

Schäfer, después de volver de una expedición a China, se uniría formalmente a las SS en 1933. Tres años más tarde, cuando se encontraba en los Estados Unidos buscando financiación para organizar una nueva expedición al Tíbet, Heinrich Himmler lo llamaría de regreso a Alemania para utilizar su expedición para sus propios fines esotéricos.

Ernst Schäfer: SS-Wissenmschaftler, in Tibet

El escritor Oscar Herradón, en su libro “La Orden Negra, el ejército pagano del III Reich”, detalla que “Schäfer había estudiado zoología y biología en la Universidad de Gotinga y allí empezó a abrazar la causa nazi. La expedición contaba también entre sus filas con Bruno Beger, un joven y aplaudido antropólogo que también buscaba los orígenes de la “raza superior”. Junto a estos partirían también hacia el Tíbet el geofísico Kart Wienert, y Ernest Krause, entomólogo y fotógrafo. El experto en técnica y organización era Edmund Geer”.

La expedición de Ernst Schäfer fotografiada en Calcuta, en 1938. De izquierda a derecha aparecen Karl Wienert, Ernst Schäfer, Bruno Beger, Ernst Krause y Edmund Geer.

La expedición de Ernst Schäfer fotografiada en Calcuta, en 1938. De izquierda a derecha aparecen Karl Wienert, Ernst Schäfer, Bruno Beger, Ernst Krause y Edmund Geer.

La expedición partiría desde Alemania a Asia en abril de 1938, deteniéndose primero en el territorio de Sikkim, puerta de entrada natural para llegar al Tíbet. Allí el antropólogo Bruno Beger llevó a cabo todo tipo de mediciones y experimentos con la población local.

Fotografía que muestra al  antropólogo alemán Bruno Beger mientras realiza una craneometría de un poblador tibetano.

Fotografía que muestra al antropólogo alemán Bruno Beger mientras realiza una craneometría de un poblador tibetano.

Oscar Herradón precisó en su libro que “Beger haría minuciosos análisis de los rasgos físicos de los lugareños y realizaría siniestras “mediciones craneales”: medía la longitud, anchura, y circunferencia de sus cabezas, de su boca, nariz. Según la ciencia racial imperante en el Reich, los nórdicos, la raza superior, se distinguían por una frente ancha y un rostro alargado. Utilizaba también máscaras faciales de yeso, material que les provocaba a los naturales ahogamientos, escozor, e incluso quemaba su piel. En una ocasión, de hecho, casi acabó con la vida de un joven lugareño cuando la pasta penetró por su nariz y boca”.

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La expedición comandada por Schäfer atravesaría posteriormente el último tramo del trayecto hasta la ciudad sagrada de Lhasa, la capital del entonces Tíbet independiente, donde se les prohibió cazar y matar animales, disposición que por cierto los miembros de la expedición no cumplieron. “Durante el viaje, Schäfer se entregaba de forma enfermiza a la caza para conseguir exóticos especímenes para los museos del Reich. Bruno Beger confirmaría más tarde que Schäfer, realmente fuera de sí, en ocasiones llegaba a beber sangre de algunas de sus presas tras haberlas degollado. Según este, les conferían fuerza y potencia”, precisó el investigador Oscar Herradón en su libro.

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El autor alemán Peter Meier-Hüsing, en su libro “Nazis en el Tíbet’, aseguró por su parte que la expedición liderada por el naturalista alemán Ernst Schäfer “no fue una misión secreta cuidadosamente planeada por las SS, sino una caza de trofeos llevada a cabo por un brillante investigador y aventurero, y que había tenido lugar por casualidad”.

Cuando la expedición llegó a Lhasa, la capital del budismo tibetano, sus integrantes se habrían transformado en el comidillo del lugar debido a su afición a divertirse y beber cerveza. Según relató Peter Meier-Hüsing, los alemanes “invitaron a los notables del Tíbet a numerosas fiestas donde la cerveza fluía libremente y las canciones alemanas sonaban en el gramófono. Lo que se denominó oficialmente una reunión de ‘esvásticas occidentales y orientales’ fue, de hecho, una fiesta inducida por el alcohol. Y cuando no estaban bebiendo, tampoco investigaban las raíces de la teoría de Himmler. En lugar de eso cumplían con las metas naturalistas de la expedición: mataban pájaros, recogían semillas y levantaban mapas de la región”.

fotografía tomada por la expedición de Ernst Schäfer en 1938 que muestra cuatro esvásticas esculpidas sobre un relieve tibetano.

fotografía tomada por la expedición de Ernst Schäfer en 1938 que muestra cuatro esvásticas esculpidas sobre un relieve tibetano.

En 1939, pocos meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, la expedición de Shäfer llegó a las puertas de la ciudad hogar del Dalai Lama, quien por entonces sólo era un niño. Una de las primeras cosas que hicieron fue poner pendones flameando con la esvástica nazi en lo alto de las montañas del Tíbet, para posteriormente recoger especímenes de todo tipo de especies poco conocidas y tomar cientos de fotografías y filmaciones.

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Tras dos meses de investigación en las heladas y agrestes tierras del Tíbet, la expedición de Ernst Schäfer volvería a Alemania por orden de la cúpula nazi, debido al empeoramiento de la situación política en Europa y la inminente invasión de Polonia. Sin embargo, y aunque no lograron comprobar las bizarras teorías relativas a la raza aria en las que creía Heinrich Himmler, no regresaron con las manos vacías. Recopilaron datos antropométricos de unas 400 personas y trajeron muestras de pieles de más de 300 animales (todos cazados por Ernst Schäfer), además de un extenso y valioso material documental y fotográfico, donde se encontraban diversos ejemplares de textos orientales antiguos.

La expedición de Ernst Schäfer regresó a Alemania el 4 de agosto de 1939, en vísperas del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, siendo homenajeados por las autoridades y reconocidos por la propaganda y la prensa nazis. Schäfer recibió el Totenkopfring o anillo de honor de las SS, además de una daga honorífica, de manos del mismísimo Heinrich Himmler, siendo promovido a la dirección del Instituto de Investigaciones para Asia Interior de la SS-Ahnenerbe.

Los expedicionarios alemanes también trajeron entre sus bártulos un curioso y significativo regalo. José Lesta, en su libro “El enigma nazi: El secreto esotérico del III Reich”, aseguró que “tras la llegada corrieron rumores sobre la existencia de un documento de singular valor y que Hitler habría colocado en una habitación cerrada y sin ventanas (…) en la sala donde supuestamente meditaba. Pues bien, dicho documento existió. No era otra cosa que un pergamino en el que el Dalai Lama habría firmado un tratado de amistad con la Alemania nazi y reconocía a Hitler como jefe de los arios”.

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Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el científico y aventurero Ernst Schäfer, el “Indiana Jones” de los nazis, sería juzgado por los aliados, aunque luego sería exonerado, luego que declarara que había sido reclutado forzosamente en las SS. Su colega Bruno Beger no tendría tanta suerte, pues fue juzgado por su participación en el caso de la llamada colección de cadáveres judíos del doctor August Hirt.

Ernst Schäfer escribiría varios libros donde describió sus viajes y aventuras, como “Berge, Buddhas und Bären” (“Montañas, budas y osos”), ayudando también a producir películas sobre el Tíbet. Entre 1950 y 1955 se trasladó a América del Sur, donde continuó sus investigaciones científicas y naturistas, para luego regresar a la localidad de Bad Bevensen, en la Baja Sajonia, Alemania. Allí viviría hasta su fallecimiento en 1992.

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