La Gran Esfinge de Giza: 10 curiosidades desconocidas de la famosa obra egipcia
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- Héctor Fuentes
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La Gran Esfinge, escultura monumental de 4.500 años de antigüedad que se encuentra en la orilla oeste del río Nilo, en la meseta de Giza, a unos veinte kilómetros al suroeste de El Cairo, fue construida como parte de la necrópolis de la antigua Menfis, sede del poder de los faraones, a poca distancia de las tres grandes y célebres pirámides de Egipto: Keops, Kefrén y Micerino.

Enterrada durante la mayor parte de su existencia en las arenas del desierto, la Gran Esfinge siempre ha estado rodeada de un halo de gran misterio, lo que ha provocado desde hace siglos infinitas especulaciones sobre su edad y propósito, su método de construcción y sus túneles ocultos. En las siguientes líneas detallaremos 10 cosas que usted seguramente no sabía sobre ella:
1) Con una altura de unos 20 metros aproximadamente, 18 metros de ancho y 73 metros de longitud, la Gran Esfinge, según los egiptólogos, fue esculpida sobre un montículo de roca caliza situado en la meseta de Giza alrededor del año 2.500 a.C., durante la dinastía IV de Egipto, por el faraón Kefren, el constructor de la segunda pirámide de Giza, formando parte del complejo funerario de este monarca.
Su fin, entonces, era estrictamente funerario. Se construyó como parte de un gran complejo formado por otros monumentos con el propósito de guardar y proteger la gran pirámide del rey Kefrén. Hoy, a nueve metros de las patas delanteras de la Esfinge, todavía quedan restos del Templo del sol compuesto por dos santuarios y dos docenas de columnas, que se comunicaban con la gigantesca escultura mediante una larga avenida procesional.
2) La Esfinge, de acuerdo a la mitología griega, era una criatura con cuerpo de león, rostro de mujer y alas de águila, pero las esfinges egipcias carecían de alas y tenían el rostro tanto masculino como femenino. En la historia del Antiguo Egipto, las esfinges representaban la fuerza y la sabiduría del rey, lo que quedaba de manifiesto por el hecho de que las esfinges portaban el nemes (el tocado o pañuelo real que cubría y rodeaba la cabeza del faraón), además del ureo (representación de la diosa cobra Uadyet) y, a menudo, la barba postiza ritual, todos signos característicos de los soberanos egipcios.
La cabeza de la Gran Esfinge de Giza representa con bastante probabilidad, según los egiptólogos, al faraón Kefrén, teniendo el cuerpo la forma de un león con el rabo o cola recogido por el lado derecho.

3) Los antiguos egipcios denominaban a la esfinge “Shesep-ankh” (“imagen viviente”), término con que se referían a las estatuas reales. Al ser identificada con el dios extranjero Horum, y con el dios egipcio Horus, en el Reino Nuevo también se la conoció como “Hor-em-Ahket”, que significa “Horus en el horizonte”.
En lengua árabe también era llamada “Abu el-Hol” (“Padre del Terror”), término derivado de la expresión copta “bel-hit”, que se aplica a quien manifiesta su inteligencia en los ojos y que traduce la denominación egipcia “hu” o “ju”, que significa “el guardián” o “vigilante”.
4) Si bien la Esfinge tiene en la actualidad un color amarillo/beige, en épocas antiguas estuvo pintada en vivos colores: rojo el cuerpo y la cara, y el nemes que cubría la cabeza con rayas amarillas y azules. Los residuos de pigmento rojo, de hecho, todavía son visibles en zonas de su cara y también se han encontrado restos de pigmento amarillo y azul en otras partes de la estructura, lo que ha llevado al arqueólogo Mark Lehner a sugerir que el monumento “estuvo una vez engalanado con llamativos colores de cómic”.
5) La Gran Esfinge de Giza carece desde hace siglos de nariz, aunque originalmente la tuvo. Si bien existen muchos relatos populares sobre la destrucción de su nariz -apéndice de roca caliza que medía alrededor de un metro-, que se atribuyó erróneamente a las balas de cañón disparadas por el ejército de Napoleón Bonaparte o a la ira de los guerreros turcos mamelucos, el arqueólogo norteamericano Mark Lehner, que realizó un detallado estudio arqueológico, llegó a la conclusión de que la nariz de la gigantesca escultura se rompió intencionadamente con instrumentos en un momento desconocido entre los siglos III y X d.C.

Algunos autores árabes aseguran que la cara de la Esfinge fue desfigurada el año 1378, en un ataque iconoclasta perpetrado por un sufi musulmán, quien al ver que los campesinos le hacían ofrendas para aumentar sus cosechas, decidió destruir la nariz del monumento.
Además de la nariz perdida, se cree que la Esfinge también tuvo una barba faraónica ceremonial, que habría sido añadida en períodos posteriores a la construcción original. Hoy, parte de este barba que se desprendió de la escultura permanece en el Museo Británico.
6) El viajero y escritor alemán Johann Helffrich, uno de los primeros europeos en visitar y describir las maravillas arquitectónicas del Antiguo Egipto, visitó la Esfinge durante sus viajes en 1565-1566. Y describió que un sacerdote entró por un agujero en la cabeza de la Esfinge, y cuando habló fue como si la propia Esfinge hablara.
Muchas estelas (losas funerarias que servían para identificar al difunto y perpetuar su nombre en su tumba) del Nuevo Reino representan a la Esfinge con una corona, por lo que algunos creen que si esta corona de hecho existió, el agujero podría haber sido el punto de anclaje de la misma. El francés Émile Baraize cerró este agujero de la cabeza de la Esfinge con una escotilla metálica en 1926.

7) Entre las garras de la Gran Esfinge puede verse “La Estela del Sueño”, una losa vertical rectangular de granito de 3,60 m de altura x 2,18 m de anchura, y 70 cm de grosor, que fue erigida por el rey Tutmosis IV antes de convertirse en faraón. En ella se cuenta que el dios al que representaba la Esfinge, Re-Horakhty, se le apareció en sueños al príncipe para pedirle que lo liberara de la arena que lo aprisionaba desde hacía siglos, prometiéndole a cambio el trono de las Dos Tierras.

Parte de la inscripción de “La Estela del Sueño” que yace en las patas de la Esfinge dice lo siguiente:
“Ahora la estatua del muy grande Khepri [la Gran Esfinge de Guiza] descansa en este sitio, grande en fama, sagrado de respeto, la sombra de Ra descansando sobre él. Menfis y cada ciudad en sus dos lados vienen a él, con los brazos en alto en adoración su cara, con grandes ofrendas para su Ka. Uno de estos días sucedió que el príncipe Tutmosis vino de viaje a la hora del mediodía. Descansó a la sombra de este dios grande. [Y el] sueño [se apoderó de él] en el momento en que el sol estaba en su cénit. Entonces descubrió la majestad de este dios noble que habla por su propia boca como un padre habla a su hijo, y le dice: ‘Mírame, obsérvame, mi hijo Thutmose. Soy vuestro padre Horemakhet-Khepri-Ra-Atum. Te daré la realeza [sobre la tierra de los vivientes]….[He aquí, mi condición es como una enfermedad], todas [mis extremidades arruinándose]. La arena del desierto, sobre la que solía estar, [ahora] me cubre; y es para que hagas lo que está en mi corazón que he esperado’ “.
8) Durante gran parte de su larga vida la Gran Esfinge de Giza ha permanecido cubierta por las arenas del desierto. Su primera restauración se realizó durante el reinado del mencionado faraón Tutmosis IV, cuando yacía completamente bajo las arenas.
A finales de 2010, de hecho, durante unas excavaciones rutinarias en la zona del monumento, se descubrieron grandes secciones de muros de adobe que formaban parte de un muro mayor que se extendía a lo largo de 132 metros alrededor de la Gran Esfinge. Los arqueólogos creen que fue precisamente Tutmosis IV quien construyó el muro tras su sueño, para proteger a la Esfinge de los vientos del desierto.

Los siglos posteriores volverían a sepultar parcialmente a la Esfinge con toneladas de arena, hasta que en 1858 Auguste Mariette, fundador del Servicio de Antigüedades Egipcias, retiró parte de la arena que rodeaba la escultura. Posteriormente, entre 1925 y 1936, el ingeniero francés Emile Baraize excavó la Esfinge por encargo del Servicio de Antigüedades. De ese modo, probablemente por primera vez desde la antigüedad, la Gran Esfinge volvió a estar de nuevo totalmente expuesta a la intemperie.
9) Muchos misterios de la Esfinge todavía no han sido develados. Se han identificado tres túneles secretos en diversas partes del complejo de la Esfinge, aunque su difícil datación hace que no sea posible saber a ciencia cierta si se hicieron realmente durante la construcción o se excavaron más tarde.

Los autores Graham Hancock y Robert Bauval, por otro lado, han deslizado una elaborada teoría según la cual la Esfinge, sus pirámides vecinas y varios escritos antiguos constituirían una especie de mapa astronómico relacionado con la constelación de Orión.
10) La Gran Esfinge de Giza está orientada en dirección de oeste a este, por lo que, tomando en cuenta que tiene unos 4.500 miles de años de antigüedad, ha contemplado a lo largo de su vida más de un millón de amaneceres.
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