La macabra historia de Enriqueta Martí, “La vampira de Barcelona”

Esta mujer aterrorizó a la ciudad de Barcelona, secuestrando, prostituyendo y asesinando niños.

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Uno de los casos policiales más macabros, escabrosos y mediáticos de España tuvo como protagonista a Enriqueta Martí Ripollés, una mujer que fue sindicada como una supuesta asesina en serie, secuestradora y proxeneta de niños, y quien sería bautizada por la prensa como la “vampira de la calle de Poniente”, “La vampira del Raval” o “La vampira de Barcelona”.

La vampira de Barcelona

De muy joven, Enriqueta, nacida en 1871 en la localidad catalana de San Feliú de Llobregat, se trasladó a Barcelona, donde trabajó como niñera antes de dedicarse a la prostitución, tanto en burdeles como en zonas de la ciudad dedicadas a esta actividad. Pese a que Enriqueta se había casado en 1895 con el pintor Juan Pujaló, no dejó de frecuentar los bajos fondos y a los malvivientes locales. Por esa época, durante el día mendigaba y pedía en casas de caridad, conventos y parroquias, vistiendo harapos y llevando en ocasiones niños de la mano que hacía pasar por sus hijos, los mismos niños que posteriormente prostituía o asesinaba. Por las noches, en tanto, se vestía con ropas lujosas, sombreros y pelucas, y se hacía ver en ambientes donde acudía la clase acomodada de la ciudad Condal. Es probable que en estos lugares ofreciera sus servicios como proxeneta especializada en niños.

En 1909 Enriqueta Martí fue detenida en un piso de Barcelona acusada de regentar un burdel donde se ofrecían servicios sexuales de niños de entre 3 y 14 años, pero gracias a sus contactos con altas personalidades barcelonesas que contrataban sus servicios como proxeneta infantil, Enriqueta nunca tuvo un juicio por el asunto del burdel y el proceso se perdió en el olvido judicial y burocrático. Al mismo tiempo que ejercía la prostitución y hacía de proxeneta de niños, Enriqueta también se ganaba la vida como curandera, vendiendo remedios, cataplasmas y ungüentos que elaboraba con los restos humanos (carne, grasa, sangre y cabellos) de los niños que mataba.

El 10 de febrero de 1912 la “Vampira de Barcelona” secuestró a su última víctima, una niña llamada Teresita Guitart, quien había sido buscada por la policía durante dos semanas en vano. Una vecina que vivía en la calle de Poniente vio el 17 de febrero a una niña que nunca había visto en el piso del número 29, con su cabello rapado, mirando desde un ventanal del patio interior de su escalera. Esa pista alertó a la policía que, con la excusa de una denuncia por tenencia de gallinas en el lugar, descubrió que allí se encontraban dos niñas pequeñas en el piso. Una de ellas era Teresita Guitard y la otra una niña llamada Angelita, también desaparecida. Enriqueta Martí fue arrestada en el mismo lugar, sin oponer resistencia.

La vampira de Barcelona

Teresita Guitard y Angelita, las niñas secuestradas por la “Vampira de Barcelona”.

Luego que Teresita fuera devuelta a sus padres, Angelita declararía a la policía que antes de la llegada de Teresita a la casa, había otro niño de cinco años, llamado Pepito. Angelita declaró haber visto cómo Enriqueta, a la que ella llamaba mamá, lo había matado en la mesa de la cocina.

En una posterior inspección del piso se encontró un saco con ropa de niños llena de sangre y un cuchillo, otro saco con ropa sucia que en el fondo tenía huesos humanos de pequeñas dimensiones y una cincuentena de cincuenta jarras, botes y palanganas que contenían restos humanos en conservación. Más tarde se registraron dos pisos más donde había vivido Enriqueta Martí y en ambos se encontraron restos humanos de niños de 3, 6 y 8 años en falsas paredes y en los techos. Según la policía, los restos hallados en todas las viviendas correspondían a un total de doce niños.

En el piso de la calle de Poniente la policía encontró también notas escritas en lenguaje cifrado y una lista con nombres de familias y personalidades muy importantes de Barcelona, que incluía a médicos, políticos, empresarios y banqueros, y que algunos creyeron que podía ser la lista de clientes ricos de Enriqueta. No obstante, posteriormente se informó que esa lista sólo incluía nombres de personas encumbradas a quien Enriqueta mendigaba con regularidad.

Enriqueta fue encarcelada en la prisión Reina Amalia de Barcelona, pero nunca pudo ser sometida a un juicio por sus crímenes. Un año y tres meses después de su detención, el 12 de mayo de 1913, sus compañeras de prisión la mataron a palos en uno de los patios del penal, aunque otra versión afirma que en realidad murió de cáncer al útero. Fue enterrada sin publicidad en la fosa común del Cementerio del Sudoeste, situado en la montaña de Montjuic de Barcelona.

La vampira de Barcelona

Enriqueta Martí, la “Vampiresa de Barcelona”, es considerada hoy la asesina en serie con más muertes en la historia de España, aunque algunas investigaciones recientes han puesto en duda su supuesta criminalidad y aseguran que en realidad era una persona con trastornos mentales de la que sólo se puede probar fehacientemente el secuestro de una niña. Según el escritor catalán Jordi Corominas, Enriqueta Martí fue en realidad una mujer traumatizada por la muerte de un hijo, con apenas diez meses, a causa de la malnutrición. “Perturbada por esa situación -afirma el escritor- secuestró a Teresita. Tal vez para buscarle una compañía a Angelita, la otra niña que ella cuidaba, en el piso que compartía con el abuelo. Pero la suya no era una mente analítica ni criminal. Hoy hubiera recibido atención psiquiátrica”.

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