Los temidos U-Boot: Los submarinos alemanes del Tercer Reich que atacaban como “manadas de lobos”

Las naves construidas entre 1935 y 1945 hundieron más de 14 millones de toneladas de buques y material aliado.

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Los U-Boot (abreviatura del alemán “Unterseeboot” o “nave submarina”) comenzaron a ser construidos por Alemania durante el siglo XIX y durante la Primera Guerra Mundial alcanzaron tal grado de desarrollo técnico y capacidad de ataque (345 de ellos hundieron a miles de barcos enemigos) que, una vez consumada la derrota de Alemania, el Tratado de Versalles le prohibió a esa nación la construcción de nuevas naves.

u-boat

En el período de entreguerras, Karl Dönitz, un ex comandante de un submarino en la Primera Guerra Mundial, se dedicaría a la tarea de reconstruir la flota de submarinos, construyendo diversos modelos de submarinos llamados U (abreviatura de “Unterseeboot”) seguidos de un número que lo identificaba. El U-1 sería botado al mar el 18 de junio de 1935, y las siguientes unidades harían lo propio a partir de septiembre del mismo año.

Dönitz también contribuiría a crear la escuela de submarinistas, donde las tripulaciones y sus comandantes eran sometidos a duras pruebas antes de disparar un verdadero torpedo. El lema que les inculcaban a los marinos de los U-Boot era el siguiente: “El submarino es esencialmente un arma de ataque”.

Karl Dönitz.

Karl Dönitz.

El mismo Karl Dönitz introduciría en 1936 la famosa táctica de combate marino llamada “Manada de lobos” (“Rudeltaktik”, en alemán), que consistía en que varios submarinos permanecerían juntos en el océano, lo que les hacía más fácil acorralar y hundir una nave enemiga.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, a instancias del mismo Karl Dönitz y conscientes que la Royal Navy, la marina británica, era la más poderosa del mundo en 1939, el Tercer Reich y la nueva armada alemana, la Kriegsmarine, optaron por desarrollar la flota de submarinos más grande de Europa, con el propósito de utilizarlos contra los convoyes que suministraban alimentos, combustible y materias primas a las islas británicas.

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Bajo las órdenes de Karl Dönitz, comodoro jefe de los submarinos del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial —y quien por un capricho del destino sería la persona que sucedería al Führer tras su suicidio y firmaría la rendición incondicional de Alemania en 1945- se construirían entre junio de 1935 y mayo de 1945 un total de 1.177 submarinos.

El 3 de septiembre de 1939, dos días después del inicio de la Segunda Guerra Mundial y el mismo día en que Gran Bretaña le declaró la guerra a Alemania, el U-30, al mando del capitán Fritz-Julius Lemp, hundió por error el trasatlántico Athenia, provocando la muerte de 300 civiles estadounidenses que iban a ser repatriados desde Glasgow a su país natal. Ello desataría una crisis diplomática que estuvo a punto de cambiar el curso de la recién iniciada guerra y, además, levantó bastante suspicacias en algunos círculos militares de Alemania sobre la real utilidad que podían prestar los submarinos en el conflicto bélico que recién comenzaba.

Günther Prien.

Günther Prien.

Estas desconfianzas se esfumarían definitivamente el 13 de octubre de 1939. Ese día, el submarino alemán U-47, al mando del capitán Günther Prien, realizó una intrépida incursión en la isla británica de Scapa Flow y hundió allí el barco acorazado inglés HMS Royal Oak, que se fue al fondo del mar con sus 833 tripulantes. Después de aquella acción, Prien se convertiría en un héroe nacional en Alemania, convirtiéndose en el primer comandante de submarinos en ganar la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro.

Después de ese éxito naval, conseguido en las barbas mismas de los británicos, Adolf Hitler daría su total respaldo al arma submarina y a Karl Dönitz. De ahí en adelante y por un período de dos años, los U-Boot, también apodados los “lobos grises” del mar, cosecharían sólo éxitos, poniendo en jaque a la poderosa Royal Navy.

Hitler U-Boot

En las primeras etapas de la Segunda Guerra Mundial, los U-Boot, que operarían en casi todos los océanos del planeta, llegando incluso a las costas de América del sur y del norte y el Ártico, se mostrarían extremadamente eficaces en la destrucción de la navegación aliada, debido a la ausencia de cobertura aérea en la zona del Atlántico medio, utilizando la mencionada táctica de las “Manadas de lobos”, preferentemente de noche.

Con la derrota y ocupación alemana de Francia, los U-Boot dispondrían de nuevas bases en la costa francesa y el golfo de Vizcaya (con los puertos hispanos de Vigo y Ferrol) lo que les dio otra salida al Atlántico aparte del mar del Norte, controlada por entonces por la marina británica. Dichas bases y astilleros, como la que estaba ubicada en Brest (Francia), consistían en enormes búnkeres con techos de hormigón de hasta siete metros de espesor, que los hacía invulnerables a las bombas que los aviones aliados dejaban caer sobre ellos.

Bases y astilleros de los U-Boot en la costa francesa.

Bases y astilleros de los U-Boot en la costa francesa.

La tripulación de un U-Boot se componía, por lo general, de unas 50 personas, hombres muy jóvenes con un cierto nivel de preparación (de marineros a especialistas como maquinistas, torpedistas o radiofonistas) que tenían entre 20 y 25 años. La mayoría de ellos se habían alistado aleccionados por el alto prestigio y el halo romántico que rodeaba a los submarinistas, pese a que a medida que avanzó la guerra mostraron una aterradora tasa de mortalidad, la más alta de hecho de todo el ejército alemán.

Estos marinos, que debían compartir en el submarino apenas dos letrinas (aunque la de cubierta apenas se usaba), convivían hacinados en un angosto espacio de metal privado de luz natural, atestado de maquinaria, provisiones y armamento. Era un claustrofóbico ambiente donde reinaba un característico hedor, una mezcla de humedad, gasolina, comida, sudor y una colonia de limón llamada Kolibri, que se utilizaba para eliminar el salitre del cuerpo y disimular el olor corporal.

Fotograma de la cinta bélica alemana "Das Boot" (1981), del director Wolfgang Petersen, que retrató como ninguna otra cinta  la dramática y cruda vida a bordo de un submarino.

Fotograma de la cinta bélica alemana “Das Boot” (1981), del director Wolfgang Petersen, que retrató como ninguna otra cinta la dramática y cruda vida a bordo de un submarino.

Una vez que el submarino zarpaba de su base y se internaba mar adentro, debía estar listo para la acción y en alerta las 24 horas del día, por lo que la tripulación realizaba turnos de cuatro horas (los maquinistas tenían un turno de seis horas). Por ello, dos marinos usaban por lo general una misma cama, alternándose, lo que se conocía como “cama caliente”.

Durante las travesías, en sus ocasionales ratos libres, los hombres se entretenían hablando con sus compañeros, fumando, leyendo, escuchando algún disco puesto por algún oficial, jugando al ajedrez o a las damas. A veces, en Navidad, se montaba un improvisado árbol en la cámara de proa, se cantaban canciones navideñas y se repartían regalos entre la tripulación. También era celebrado el paso de la línea del Ecuador y, obviamente, el hundimiento de algún barco enemigo.

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Sin embargo, los momentos de relajo eran los menos, pues los tripulantes de un submarino estaban expuestos a una enorme tensión psicológica. En el submarino predominaba una mezcla de tensión y claustrofobia, jalonada con ocasionales momentos de terror total, especialmente cuando un buque enemigo daba con su posición, y el submarino debía sumergirse a muchos metros para evitar ser alcanzado por las cargas de profundidad.

El comandante alemán de submarino Wolfgang Luth, quien estuvo asignado al mando de cinco submarinos (el U-13, U-9, U-138, U-43 y U-181), recordaría que “a los pocos días de haberse concedido a un serviola una alta condecoración, avisó con retraso el avistamiento de un destructor. Lo único que pudimos hacer fue sumergirnos y esperar. Era evidente que estábamos corriendo un peligro que pudo haberse evitado. Sin embargo, no lo castigué. Recibimos tal lluvia de cargas de profundidad que estuvimos 15 horas sin poder salir a la superficie. Mientras se producían las explosiones, todas las miradas estaban fijas en el culpable, y este fue el peor castigo que pudo recibir”.

U-Boot color II

En estos críticos momentos, los marineros de los U-Boot debían pasar largas horas en total silencio para no ser detectados por los sonares, atentos al ruido de las explosiones de las cargas de profundidad, y algunas veces a oscuras por efecto de la onda expansiva. La constante tensión, el escaso oxígeno y el miedo cierto a ser hundidos y quedar atrapados en la nave provocaba en algunos tripulantes el denominado “Blechkoller” o “síndrome de la lata de conservas”, un tipo de neurosis caracterizada por violentos ataques de histeria. Todos los tripulantes sabían que en caso de ser alcanzados por el enemigo los esperaba una agonía lenta y una muerte terrible: si el submarino se hundía y la presión rompía el casco, todos los marinos morirían ahogados. Y si no, si la profundidad no era suficiente, permanecerían atrapados en el buque hasta quedarse sin aire y morir asfixiados.

Los éxitos fulminantes de los U-Boot al principio de la Segunda Guerra Mundial comenzarían a menguar a partir de 1942, cuando la marina mercante y la marina de Estados Unidos entraron en la guerra, aumentando drásticamente la cantidad de tonelaje de suministros enviados a través del Atlántico, que fue acompañado de una mayor protección naval –usando corbetas, destructores y aviones- para los convoyes marítimos. Además, la interceptación de las transmisiones alemanas permitió a la marina británica localizar las rutas por donde operaban los buques de la Kriegsmarine y desviar a los suyos por trayectorias alternativas.

Un submarino alemán U-Boot entrando al puerto español de Vigo.

Un submarino alemán U-Boot entrando al puerto español de Vigo.

Con la introducción del sonar y el radar y la táctica de la cobertura aérea continua a los convoyes marítimos aliados, los submarinos alemanes pasaron de ser lobos cazadores a presas, siendo atacados desde el aire o a través del lanzamiento de cargas de profundidad. El ASDIC o sonar se transformaría en el gran quebradero de cabeza para los submarinistas, pues permitía detectar su posición exacta, permitiendo que los destructores se pusieran justo encima de los U-Boot para atacarlos.

El balance final de la experiencia submarina de los U-Boot sería dramático para la Kriegsmarine: cerca del 80 % de sus submarinos fueron destruidos y más del 70 por ciento de sus tripulantes murieron (28 mil marinos de un total de 40 mil hombres), en tanto que unos 8 mil marinos fueron capturados. Lo anterior ilustra lo implacable que fue la guerra submarina durante la Segunda Guerra Mundial, aunque los U-Boot lograrían hundir más de 14 millones de toneladas de buques y material aliado.

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Además de Günther Prien, el héroe naval de Scapa Flow que hundiría 28 buques y quien radió su último mensaje el 7 de marzo de 1941 antes de ser dado como desaparecido en combate, otros destacados comandantes alemanes de la guerra submarina serían los capitanes Otto Kretschmer (44 buques hundidos), Wolfgang Lüth (43 buques hundidos), Eric Topp (34 buques hundidos) y Karl Friedrich Merten (29 buques hundidos).

Hoy, los U-Boot son recordados sobre todo por su contribución bélica a la causa de Alemania durante los dos primeros años de la Segunda Guerra Mundial, ya fuera actuando en solitario o utilizando la táctica de la “Manada de lobos”, lo que les permitió hundir miles de buques aliados. Su éxito fue tal, sobre todo a partir de la ocupación de Noruega y Francia en 1940 y la utilización de sus puertos, que Winston Churchill, Primer Ministro de Inglaterra, llegó a escribir: “La única cosa que realmente me asustó durante la guerra fue el peligro representado por los submarinos”.

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