“Los viajes de Sir John Mandeville”: El visionario y disparatado best seller medieval que inspiró a Colón
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- Héctor Fuentes
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Uno de los libros más influyentes y populares de la Edad Media, que incluso inspiró al navegante Cristóbal Colón a creer que era factible la circunnavegación del globo terráqueo, fue “Los viajes de Sir John Mandeville”, un fabuloso relato de aventuras y descubrimientos colosales que fue creído durante siglos, protagonizado por un supuesto caballero inglés que durante treinta y cuatro años se dedicó a viajar por el mundo y a relatar cuanto vio, visitando lugares como Egipto y diferentes partes de Asia y China, y describiendo extrañas e inverosímiles criaturas, como caracoles gigantes, seres hermafroditas y hombres con cara de perro.

El libro de marras parte relatando cómo John Mandeville parte hacia Egipto el día de San Miguel de 1322, describiendo en las páginas siguientes sus aventuras en los siguientes 34 años, donde, entre otras cosas, fue un mercenario al servicio de un sultán, visitando lejanas tierras como Palestina, Etiopía, la ruta de la seda, Roma, Grecia, Constantinopla, la India, Armenia, el interior de Asia y China, donde sirvió durante quince años en el ejército del gran jan.
Después de una ausencia de más de tres décadas, John Mandeville regresa finalmente a Inglaterra en 1356, en los años posteriores a la fatídica peste negra del siglo XIV.
A su regreso, con la ayuda de un médico de Lieja, John Mandeville supuestamente decidió describir todas las experiencias y aventuras por las que había pasado, en un libro que se convertiría en una de las obras más célebres de la Edad Media, que describe en sus páginas el mundo conocido en su época y el extremo oriental de Asia, un territorio casi desconocido por los occidentales en aquella época.
John Mandeville en su relato recrea con gran detalle todos sus itinerarios, mezclando historias reales con leyendas fabulosas. Describe, por ejemplo, el remoto Monasterio de Santa Catalina en el Sinaí y, al llegar a Constantinopla, se percata que a la famosa estatua del emperador Justiniano le falta su globo gigante (lo cual era cierto, tal como cuenta el cronista bizantino Nicéforo Gregoras, quien registra que el globo terráqueo sufrió graves daños en la destructiva tormenta de 1317 y que se necesitaron 8 años para repararlo).
Sin embargo, cuando Mandeville relata sus experiencias en el lejano Oriente, sus relatos están más cerca de la fantasía que de la realidad. En Indochina, por ejemplo, cuenta cómo contempló a un caracol gigantesco que se deslizaba sobre la vegetación tropical con cuatro hombres emocionados montados sobre su caparazón. En otra parte de su viaje por Oriente relata que se topó con un grupo de hombres y mujeres con cabezas como perros, describiendo otras maravillas como gansos de dos cabezas, hombres con testículos gigantes, seres humanos de carácter hermafrodita y ovejas que crecían en los árboles.
Cuando atraviesa la región del Tíbet, Mandeville relata cómo los salvajes se comían a sus padres muertos; en India, asegura haber visto elefantes que cargaban castillos gigantes en la espalda y en otro lugar relata cómo se encontró con un sacerdote caníbal al que ve cortando un cadáver humano en trozos de carne del tamaño de un bocado, entregando un detalle macabro: “Tiene una copa hecha con el cráneo de la cabeza, y bebe de ella toda su vida, en memoria de su padre”.
Con respecto a si John Mandeville existió en realidad, las crónicas cuentan que en la década de 1300 existió en Inglaterra un tal John Mandeville que vivía en la localidad de Black Notley, en Essex, donde poseía grandes tierras y propiedades. Este personaje, en 1321 -pocos meses antes de que el intrépido aventurero del libro afirmara haber dejado Inglaterra- vendió todo lo que poseía y desapareció por 37 años, supuestamente para escapar de la furia del rey Eduardo II tras una conjura fracasada en contra del monarca.
Otros estudiosos creen que John Mandeville era en realidad un francés llamado Jehan a la Barbe o un prolífico autor flamenco y ávido coleccionista de viajes llamado Jan de Langhe, quien “escribió en latín bajo el nombre de Johannes Longus y en francés como Jean le Long”, y que falleció en 1383.
Como sea que fuere, el fabuloso relato que este autor escribió sobre su supuesto viaje alrededor del globo, conocido simplemente como “Los viajes de Sir John Mandeville”, fue creído durante siglos. Muchos geógrafos de la Edad Media se basaron en él para volver a dibujar sus mapas y los escribas monásticos lo tradujeron de un idioma a otro hasta que se extendió por todos los grandes monasterios de Europa (todavía existen más de 300 copias manuscritas del libro en las bibliotecas europeas, cuatro veces el número del famoso libro de Marco Polo).
Cuando este supuesto viajero trotamundos pasó a mejor vida entre 1360 y 1383, su libro ya estaba disponible en más de 20 idiomas europeos, incluidos el holandés, inglés, francés, italiano, gaélico, checo, catalán y valón. De hecho, fue él, no Marco Polo, quien era conocido por entonces como el “viajero más grande del mundo”.
Según los entendidos, las reflexiones de John Mandeville en cuanto a las posibilidades reales de una circunnavegación del mundo pueden haber influido en el joven navegante genovés Cristóbal Colón, pues Mandeville afirmó que su viaje demostró que era posible zarpar en una travesía alrededor del mundo en una dirección y regresar a casa por la otra, algo que en esa época era considerado totalmente imposible.
“Por eso digo de verdad”, relata Mandeville, “que un hombre puede darle la vuelta al mundo, arriba y abajo, y regresar a su propio país, siempre que tenga salud, buena compañía y un barco. Y durante todo el camino encontrará hombres, tierras, islas, ciudades y pueblos”.
Algunos autores creen que Cristóbal Colón leyó estas visionarias palabras poco antes de decidir embarcarse en su famoso e histórico viaje de 1492 a través del Atlántico, expedición que le permitiría descubrir América. El explorador y escritor inglés Sir Walter Raleigh también estudió el libro de Mandeville y opinó que cada palabra era cierta, al igual que el marino británico Sir Martin Frobisher, quien leyó una copia mientras realizaba su ruta pionera rumbo al Ártico buscando el Pasaje del Noroeste en el siglo XVI.
Hoy, pese a sus pasajes claramente fantásticos y sus imaginativas licencias narrativas, los historiadores sostienen que el libro “Los viajes de Sir John Mandeville” alteró los horizontes mentales de la humanidad de la Baja Edad Media y se convirtió en el faro que iluminó el sendero para las grandes expediciones marítimas del Renacimiento.
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