Petra: La magnífica “ciudad perdida” de piedra donde se filmó “Indiana Jones y la Última Cruzada”

Esta ciudad esculpida en la piedra del desierto jordano fue construida el año 300 a.C.

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Petra (palabra griega que significa “Piedra”) fue una antigua y magnífica ciudad construida el año 300 a.C., tallada dentro de la roca arenisca rojo-rosa de las montañas del desierto jordano, y compuesta de cientos de tumbas, casas, un teatro, templos, obeliscos y altares, formando un singular conjunto monumental que le valió ser incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad en 1985.
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La entrada a esta monumental urbe de piedra se realiza pasando través de un desfiladero muy angosto, de 1.5 km de largo, llamado el Siq. Una vez que se traspone, lo primero que se distingue a la vista es Al Khazneh, una enorme construcción tallada de 45 metros de altura y 28 metros de ancho que se conoce como “El Tesoro”, construida como un templo con una fachada y decoración al estilo griego.

Erigida por en el siglo I a. C. por el rey nabateo Aretas III, el diseño de “El Tesoro” no tiene precedentes en Petra, por lo que los arqueólogos creen que debió ser excavado en la roca por constructores helenísticos del Cercano Oriente, mezclando su propio estilo con el nabateo.

Varias escenas de la famosa película “Indiana Jones y la Última Cruzada” (1989) fueron filmadas en la ciudad de Petra, incluyendo múltiples secuencias enfrente de la fachada de “El Tesoro”, aunque en la cinta dirigida por Steven Spielberg el lugar recibe el nombre de “Cañón de luna creciente” y, supuestamente, dentro de su recinto se encuentra oculto el Santo Grial.

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Petra aparece mencionada en la Biblia en Isaías 16: 1 y 2 Reyes 14: 7, por su antiguo nombre, Sela, que se traduce como “roca”. Y fue esculpida en las altas montañas rocosas de Jordania por los nabateos, tribu politeísta árabe que la concibió como una ciudad funeraria, bautizándola como “la ciudad para el día de mañana”.

Este pueblo, además, se encargó de construir complejas redes de canales que abastecían a Petra de agua potable, lo que hacía de la ciudad un enclave muy atractivo en el que descansar, pues la ciudad de piedra alcanzó su esplendor como ciudad comercial gracias a su ubicación en la confluencia de hasta siete rutas comerciales entre Oriente y Occidente, entre Arabia y el Mediterráneo.

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El cambio de las rutas comerciales y varios terremotos hicieron que a partir del siglo VI d.C. Petra cayera en el olvido, siendo abandonada por sus habitantes. El estrecho cañón que la protege la mantuvo oculta durante siglos, lo que le valió ganarse el nombre de “la ciudad perdida”, hasta que fue redescubierta en el siglo XIX por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt, quien llegó al lugar disfrazado de árabe, pues durante casi seis siglos los jordanos se encargaron de ocultar a los europeos la ubicación de la misteriosa ciudad, valiéndose de leyendas e historias sobre los peligros de la ruta.

Aparte de “El Tesoro”, entre los principales atractivos de Petra se cuentan algunos relieves y esculturas -como mercaderes, camellos y diferentes objetos- esculpidos en la piedra; el Altar de los Sacrificios, lugar de culto de los nabateos ubicado en la cima de una montaña, dominando la ciudad, compuesto por dos obeliscos de 6 metros de altura, un altar circular y un tridinio; y el magnífico Teatro, construcción arquitectónica excavada en la roca en el siglo I, que destaca por sus impresionantes gradas, perfectamente talladas en la falda de la montaña y que podían albergar a unos 5.000 espectadores.
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Petra también esconde otras particularidades. Algunos de sus construcciones fueron erigidas teniendo en cuenta los movimientos del sol, los equinoccios, solsticios y otros acontecimientos astronómicos. Un claro ejemplo de ello es el Monasterio, lugar que durante el solsticio de invierno recibe directamente la luz del sol cuando entra por la puerta, iluminando directamente el altar mayor o “motab”.

Tormentas de arena, terremotos y numerosas inundaciones fueron enterrando a “la ciudad perdida” de Petra durante siglos y sólo se ha recuperado alrededor del 20% de sus construcciones; el 80% restante permanece intacto, bajo tierra.

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