¿Por qué San Pedro murió crucificado en Roma, con su cabeza hacia abajo?

El líder de los discípulos de Jesucristo fue martirizado durante la persecución contra los cristianos desatada por el emperador Nerón.

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Simón Pedro, uno de los 12 discípulos de Jesucristo y quien se transformaría en el primer jefe de la Iglesia, nació en un humilde hogar de Betsaida, Galilea, y falleció en Roma 36 años después de la muerte del Nazareno, durante la implacable y cruenta persecución que el emperador Nerón (54-68) desató contra los cristianos.

El actor James Farentino interpretando a Simón Pedro en la famosa serie de televisión "Jesús de Nazaret".

El actor James Farentino interpretando a Simón Pedro en la famosa serie de televisión “Jesús de Nazaret”.

Pedro, un impulsivo y simple pescador que carecía de estudios, se había distinguido en vida como uno de los discípulos preferidos de Cristo, erigiéndose frecuentemente en el portavoz del grupo de los 12 discípulos. La Biblia cuenta que, de hecho, el sobrenombre de Pedro se lo puso el mismo Jesús al señalarlo como la “Piedra” (“Petra”, en latín) sobre la que habría de edificar su Iglesia.

En Cesarea de Filipos, al nordeste del lago Tiberíades, Simón Pedro afirmó la divinidad de Jesús, ganándose así su nuevo nombre. “Tú eres Cristo, el Hijo del Dios vivo” (Mat. 16, 16), le dijo el rudo pescador a Jesús, quien le respondió del siguiente modo: “Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado eso la carne y la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos. Y todo lo que atares sobre la tierra será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos” (Mat. 16, 17-19).
Pedro Jesus de Nazaret

Sin embargo, pese a esa divina distinción, Simón Pedro también experimentaría momentos de duda y debilidad. Según relatan los Evangelios, San Pedro negó hasta tres veces conocer a Jesús la noche en que éste fue arrestado por el Sanedrín, cumpliendo una profecía que le había hecho el propio Nazareno. Sin embargo, después de aquella acción, la fe de Pedro ya no volvería a flaquear y, tras la crucifixión y resurrección de Cristo, el otrora pescador sería privilegiado con la primera aparición de Jesús, dedicándose en los años siguientes a propagar sus enseñanzas.

Durante los 15 años siguientes a la muerte de Jesús, Simón Pedro se convirtió en el líder indiscutido de la comunidad de los primeros creyentes cristianos de Palestina. Y también sería el primer discípulo en obrar un milagro público: tras invocar el nombre de Jesús, los cristianos afirman que curó milagrosamente a un hombre a las puertas del templo de Jerusalén (Hechos 3:1-10), mientras que en otra oportunidad resucitó a una mujer (Hechos 9:36-43).
San Peter

Hacia el año 44 d.C. Simón Pedro fue encarcelado por orden del rey Herodes Agripa, pero consiguió escapar y abandonó Jerusalén, dedicándose a propagar la nueva religión cristiana por Siria, Asia Menor y Grecia. En el Concilio de Jerusalén -celebrado el año 48 o 49 d.C.-, siguiendo las instrucciones de Jesucristo (“Haced discípulos en todas las naciones”), Simón Pedro apoyó la idea de San Pablo de abrir el cristianismo a los gentiles, en oposición a quienes lo seguían ligando a la tradición judía.

El dominico italiano Jacobo de la Vorágine en su “Leyenda Aurea”, tratado hagiográfico medieval escrito hacia el 1264, cuenta que “San Pedro llegó a Roma el año cuarto del Imperio de Claudio y en esta ciudad permaneció veinticinco años gobernando su iglesia”. En la Ciudad Eterna, entonces, Simón Pedro habría ejercido un largo apostolado, justificativo de la futura sede del Papado. Por esa razón, la Iglesia romana considera a San Pedro el primero de sus papas.
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Cuenta la tradición que durante el reinado de Nerón, cuando recrudeció la persecución en contra de los cristianos, Simón Pedro optó por escapar de Roma. Sin embargo, cuando abandonaba la ciudad se encontró en el camino con el mismísimo Jesucristo, que venía caminando en sentido contrario. Pedro, estupefacto por su presencia, le preguntó: “Quo vadis, Domine” (“¿Adónde vas, Señor?”), a lo que Cristo le respondió: “Romam vado iterum crucifigi” (“Voy hacia Roma para ser crucificado de nuevo”), agregando que sus ovejas (sus discípulos) estaban en la ciudad sin pastor.

Pedro, dándose cuenta de improviso que con su repentina huida había abandonado a todos sus discípulos en un momento crítico, se devolvió de inmediato a Roma, sabiendo que allí lo esperaba una muerte segura. Fue detenido y condenado a morir crucificado en la colina del Vaticano. Tras su muerte, fue sepultado en las cercanías, en el mismo lugar en donde el emperador Constantino hizo levantar en el siglo IV la basílica de San Pedro y San Pablo.

La pintura "La Crucifixión de San Pedro", de Caravaggio.

La pintura “La Crucifixión de San Pedro”, de Caravaggio.

La crucifixión de San Pedro, por cierto, sería totalmente distinta a la de Jesús y se produjo boca abajo, según relata el teólogo cristiano Orígenes (185-254) de Alejandría, quien asegura que “Pedro fue crucificado en Roma, con su cabeza hacia abajo, como él mismo había deseado sufrir”.

San Jerónimo en su obra “Varones ilustres” (“De viris illustribus”) corrobora lo anterior al asegurar que “de manos de Nerón, Pedro recibió la corona del martirio, siendo clavado a la cruz, con su cabeza hacia el suelo y sus pies hacia arriba, asegurando que él no era digno de ser crucificado del mismo modo que lo había sido su Señor”.

Jacobo de la Vorágine, en su “Leyenda Aurea”, precisa que “en el momento en que Pedro iba a ser crucificado, el apóstol dijo: ‘Cuando crucificaron a mi Señor, pusieron su cuerpo sobre la cruz en posición natural con los pies abajo y la cabeza en lo alto, en esto sus verdugos procedieron acertadamente, porque mi Señor descendió desde el cielo a la tierra; a mí en cambio, debéis ponerme de manera distinta; con la cabeza abajo y los pies arriba; porque además de que no soy digno de ser crucificado del mismo modo que Él lo fue, yo, que he recibido la gracia de su llamada, voy a subir desde la tierra hasta el cielo; os ruego por tanto que al clavar mis miembros a la cruz, lo hagáis en tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero’. Los verdugos tuvieron a bien acceder a este deseo”.
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San Isidoro de Sevilla, en su obra “Nacimiento y muerte de los santos”, sitúa el martirio de Pedro “treinta y seis después de la muerte de Cristo”, y tomando en cuenta que las fechas más probables de la muerte de Jesús a partir de la interpretación de los datos evangélicos son el 7 de abril del año 30 y el 3 de abril del año 33, la crucifixión de Simón Pedro, el primer jefe de la Iglesia, habría ocurrido entre los años 66 y 69 d.C..

Simón Pedro, por cierto, no sería el único famoso discípulo de Jesucristo en encontrar la muerte en Roma bajo el reinado del terror de Nerón, ya que Pablo De Tarso, conocido como el “apóstol de los gentiles” por haber fundado comunidades cristianas en lugares como Antioquía (Turquía), Corinto, Éfeso y Roma, había sido decapitado en la Ciudad Eterna dos años antes.

Tertuliano, uno de los padres de la Iglesia, haría el siguiente comentario sobre la muerte de Pedro y Pablo en Roma bajo el reinado de sangre de Nerón: “¡Cuán feliz es su iglesia, en la cual los apóstoles derramaron toda su doctrina junto con su sangre! ¡Donde Pedro soportó una pasión como la de su Señor! Donde Pablo ganó su corona en una muerte como la de Juan (el Bautista)”.

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