¿Qué Papas murieron cruelmente martirizados o fueron asesinados?

Desde San Pedro, el primer Papa de la historia, han sido muchos los Sumos Pontífices que fallecieron de una muerte atroz.

Guía de: Mitos y Enigmas

De acuerdo a la tradición católica, el Papado tiene su origen en Pedro, Apóstol de Jesús, que fue constituido como primer papa y a quien se le otorgó la dirección de la Iglesia y el primado apostólico. En la actualidad el Papa -conocido también como Santo Padre, Sumo Pontífice, Pontífice Romano, Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro y siervo de los siervos de Dios- es el Obispo de Roma (y como tal recibe la consideración de cabeza visible de la Iglesia católica), cabeza del Colegio Episcopal y soberano del Estado de la ciudad del Vaticano.

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Hasta el presente, la Iglesia católica enumera una lista de 266 papas en los dos milenios de historia de dicha institución. Y algunos de ellos, sufrieron un cruel martirio, falleciendo de forma espantosa o atroz, mientras que otros fueron alevosamente asesinados. Estos son algunos de los más recordados:

-San Pedro (42-67):

El pescador llamado Simón Pedro se ganaba la vida pescando en el mar de Galilea antes de ser escogido como uno de los 12 apóstoles de Jesucristo. En la Biblia, en Mateo 4 18-20, se nos cuenta que “caminando por la ribera del mar de Galilea Jesús vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dijo: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.» Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron”.

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El fallecido actor James Farentino encarnando a Simón Pedro en la miniserie “Jesús de Nazaret”.

La Iglesia Católica identificó a Simón Pedro, a través de la sucesión apostólica, como el primer Papa, basándose, entre otros argumentos, en las palabras que le dirigió el mismo Jesús: «Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo» (Mateo 16, 18-19).

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Según dos pasajes del Nuevo Testamento, Pedro fue el primero en reconocer a Jesús como el Mesías esperado. «Y él (Jesús) les preguntaba: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Pedro le contestó: “Tú eres el Cristo”». El propio Jesús confirmó la importancia de esta confesión de Simón Pedro, que le valió la calificación de “bienaventurado”. Los cuatro evangelios recogen también la profecía de Jesús anunciando la traición de Pedro, quien lo negaría tres veces consecutivas por miedo a ser reconocido como seguidor del Nazareno. Aún cuando la noche de la última cena Pedro juró no apartarse de Jesús, al ser interpelado sobre su asociación con el Nazareno, negó tres veces conocerlo antes del canto del gallo, es decir, antes de que la noche acabase, cumpliéndose así la profecía del Mesías.

Habiendo en un primer momento negado a su Maestro, Pedro se reivindicó después de Pentecostés. Se enfrentó, durante la persecución de Herodes Agripa I, a la cárcel, de la que fue milagrosamente liberado por un ángel, tal como narran los Hechos de los Apóstoles (cap. 12). En Roma -desde donde dirigió a los fieles las dos epístolas canónicas que llevan su nombre- acometió la predicación del Evangelio en los reinados de Claudio y Nerón, en plena efervescencia contra los secuaces de Cristo.

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“El martirio de San Pedro”, la famosa pintura de Caravaggio.

Cuenta la tradición que, al estallar la persecución promovida por el emperador romano Nerón, Pedro juzgó prudente marcharse de Roma por un tiempo. Caminando por la vía Apia, se cruzó con el mismísimo Jesús de Nazaret, que caminaba en dirección contraria. Pedro, desconcertado por su presencia, le preguntó: «Quo vadis, Domine?» (¿Adónde vas, Señor?), recibiendo como contundente respuesta del Nazareno: «Voy a Roma a ser de nuevo crucificado.»

Ante estas palabras, que le sonaron a reproche, el Príncipe de los Apóstoles volvió tras sus pasos, y habiendo contemplado al Señor ascender al cielo, regresó a Roma, regocijándose y glorificando al Señor. San Pedro fue apresado por los romanos y recluido en el Carcer Mamertinum (sobre el que hoy se levanta la iglesia de San José Carpintero), junto al Foro Romano. De allí salió para ser crucificado sobre la colina del Vaticano. Se dice que, como muestra de humildad, pidió a sus verdugos que lo crucificaran cabeza abajo, pues no se juzgaba digno de morir como el hijo de Dios.

-San Clemente (88-97):

En su obra “Contra las herejías”, San Ireneo expuso una lista de los obispos romanos, situando a Clemente Romano como el tercer sucesor de los apóstoles Pedro y Pablo: “……Pedro y Pablo, Lino , Anacleto, Clemente, Evaristo”.

Desterrado por el emperador Nerva al Quersoneso, tras haber abdicado para permitir la elección de un nuevo pastor que pudiera asistir a su diócesis romana, San Clemente –llamado también Clemente de Roma- encontró allí a más de dos mil cristianos condenados a trabajos forzados, entre quienes ejerció un animoso apostolado. Luego que Trajano se enterara que se estaban produciendo nuevas conversiones operadas por la predicación de Clemente, ordenó que lo capturaran y lo procesaran. San Clemente, al negarse a abjurar de su fe cristiana, fue condenado a muerte, siendo arrojado al mar Negro con un ancla atada al cuello.

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-San Alejandro I (105-115):

San Ireneo de Lyon lo incluye como uno de los doce primeros Papas en su obra “Adversus haereses”, publicada en el 180 d. C. La tradición dice que este Papa instituyó el uso del agua bendita, a la que había que añadir sal, para purificar las casas cristianas, e introdujo en la eucaristía el pan ácimo y el vino mezclado con agua.

Pese a amistad con el prefecto Hermes y el tribuno Quirino -miembros de la corte imperial del emperador Trajano-, Alejandro I no pudo salvar su vida, pues fue mandado decapitar bajo Trajano, junto con el mismo Hermes y los presbíteros Evencio y Teodulo. Sin embargo, Algunos críticos han sugerido que el Alejandro mártir, sepultado junto a sus compañeros en la vía Nomentana, y el Papa homónimo son personas distintas.

-San Calixto I (217-222):

Nacido como esclavo en el seno de una familia de origen griego, en cuya lengua su nombre significa “el más bello” (kallistos), no abrazó el cristianismo sino hasta la edad adulta. Elegido como secretario personal por el Papa Ceferino, a la muerte de éste Calixto fue elegido como su sucesor.

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Calixto es el primer papa, después de San Pedro , que figura como mártir en el Martirologio romano más antiguo que se conoce. Víctima de una escaramuza pagana contra los cristianos, a pesar de la paz de que disfrutaba la Iglesia bajo el emperador Alejandro Severo, Calixto fue bastoneado hasta la muerte. Su cadáver fue arrojado postriormente a un pozo donde hoy se alza la basílica de Santa María en Trastévere, iglesia fundada por el mismo Calixto.

-San Ponciano (230-235):

Ponciano fue el primer obispo de Roma, en la historia de la Iglesia, que no permaneció en la silla de San Pedro hasta su fallecimiento, ya que renunció el 28 de septiembre de 235. Este Papa, entre otras disposiciones, ordenó el canto de los Salmos en las iglesias y el uso del saludo “Dóminus vobiscum” (‘El Señor esté con vosotros’).

Junto con el presbítero Hipólito, el cual desde el tiempo de san Calixto I, disputaba la sede romana a sus legítimos titulares, San Ponciano fue desterrado por el emperador Maximino El Tracio a las minas de sal de Cerdeña. Ambos fueron martirizados al ser azotados hasta la muerte, tras lo cual sus cuerpos fueron trasladados a Roma donde fueron sepultados en las catacumbas de San Calixto y en la vía Tiburtina.

-San Fabián (236-250):

El vigésimo Papa de la Iglesia Católica fue elegido Sumo Pontífice durante las persecuciones que contra los cristianos había ordenado el emperador Decio. El historiador Eusebio de Cesarea en su obra “Historia de la Iglesia” relató que, estando reunidos los electores para seleccionar al sucesor del papa Antero, una paloma se posó sobre Fabián, un granjero laico que se encontraba en Roma accidentalmente y como simple espectador. El pueblo tomó esto como una señal milagrosa de Dios que escogía a Fabián como su candidato e inmediatamente procedieron a ordenarlo sacerdote y obispo.

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Este Papa, debido al crecimiento de Roma, dividió la ciudad en siete distritos poniendo a cargo de cada uno de ellos a un diácono para su gobierno y administración. Falleció en calidad de mártir, después de ser sometido a crueles apremios físicos, el 20 de enero de 250, siendo enterrado en la catacumba de San Calixto, donde aún se lee su epitafio en griego: “FABIANOS EPISKOPOS MARTYR”.

-San Cornelio (251-253):

Después del martirio del Papa Fabián la persecución contra los cristianos decretada por el emperador Decio arreció, lo que provocó que hubiera que esperar dieciocho meses hasta que, fallecido aquél, resultase elegido Cornelio como nuevo pontífice.

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En el año 252 las persecuciones contra los cristianos se reiniciaron y Cornelio fue desterrado a Civitavecchia por el emperador Treboniano Galo, quien al parecer le acusó de ofender a los dioses romanos y provocar con ello una epidemia en Roma. Cornelio fue posteriormente encarcelado y falleció, tras sufrir martirio, en junio de 253.

-San Sixto II (257-258):

Elegido para suceder a Esteban I, el papa número 24 de la Iglesia Católica fue el primer Sumo Pontífice de la historia en llevar un nombre ya utilizado por un predecesor.

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Su pontificado se inició poco después de que el emperador Valeriano proclamara un edicto de persecución contra los cristianos en el que prohibía el culto cristiano y las reuniones en los cementerios. Según el martirologio romano, Sixto fue detenido mientras estaba celebrando misa en el cementerio de Pretextato, convirtiéndose en mártir al ser decapitado (según la tradición en la cárcel mamertina) junto a los diáconos Januarius, Vincentius, Magnus y Stephanus, que lo acompañaban en la celebración de la eucaristía. Ese mismo día también sufrieron el martirio los diáconos santos Felicísimo y Agapito, y poco después el diácono San Lorenzo.

Otros Papas cuyas fiestas fueron suprimidas por el calendario de 1970 al no hallarse documentado su martirio son: san Lino (67-76), san Anacleto o Cleto (76-88), san Evaristo (97-105), san Sixto I (115-125), san Telesforo (125-136), san Higinio (136-140), san Pío I (140-155), san Aniceto (155-166), san Sotero (166-175), san Eleuterio (175-189), san Victor I (189-199), san Ceferino (199-217), san Urbano I (222-230), san Lucio I (253-254), san Esteban I (254-257), san Felix I (269-274), san Cayo (283-296), san Marcelino (296-304), san Marcelo I (308-309) y san Melquiades (311-314).

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Después del edicto de Milán, hubo algunos Papas que sufrieron el martirio, aunque no por parte de los paganos. Entre ellos se cuenta a San Juan I (523-526), quien falleció en prisión, donde se hallaba por orden del rey ostrogodo Teodorico; San Silverio (536-537), quien falleció en el destierro en la isla de Patara en Licia, donde falleció en medio de duras penalidades; y San Martin I (649-653), quien luego que le fuera conmutada la pena de muerte que le había sido impuesta por el emperador Constante II, fue desterrado al Quersoneso, donde murió en el límite de sus fuerzas, solo y abandonado de todos.

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Otros pontífices, en tanto, no fallecieron en martirios, sino que fueron simplemente asesinados, ya fuera debido a pugnas de poder o conspiraciones políticas. Algunos de estos Papas, por cierto, se comportaron en sus pontificados más como príncipes que como pastores y la mundanidad, en vez de la santidad y la humildad, triunfó en sus cortes.

Entre los papas asesinados se cuentan a Sabiniano (604-606), quien falleció en medio de una insurrección general; Juan VIII (872-882), que falleció rematado a martillazos en la cabeza; Formoso (891-896), quien murió en medio de intensos dolores producidos muy probablemente por la acción de un veneno que le fue administrado por sus enemigos políticos; Esteban VI (896-897), quien falleció estrangulado; Leon V (903), quien falleció en prisión; Juan X (914-928), quien murió sofocado con una almohada; Esteban VIII (939-942), quien murió en prisión, luego de ser horriblemente mutilado; Benedicto VI (973-974), quien murió estrangulado presuntamente por el diacono Francón, papa que tomaría el nombre de Bonifacio VII; Juan XIV (983-984), quien murió envenenado; Clemente II (1046-1047), quien también murió envenenado por orden de Benedicto IX; Alejandro VI (1492-1503), quien, aunque se dice que murió de malaria, habría sido envenenado con arsénico que les fue administrado a él y a su hijo Cesar durante un banquete en el palacio del cardenal Adriano de Corneto; y, finalmente, León X (1513-1521), quien murió a causa del veneno que le habría administrado su copero Bernabé Malaspina, el cual había sido contratado para tan funesta misión por cinco cardenales.

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13 de mayo de 1981. El Papa Juan Pablo II se desploma en el Papamóvil después de ser alcanzado por las balas disparadas por el terrorista turco Mehmet All Agca.

El último Papa que casi murió asesinado fue Juan Pablo II, quien el 13 de mayo de 1981 fue baleado en la Plaza de San Pedro por el terrorista turco Mehmet Alí Agca, un sicario a sueldo del servicio secreto búlgaro, organismo que se encontraba en connivencia con la temida KGB soviética. La KGB dio luz verde para matar a Juan Pablo II a causa de su apoyo a la organización polaca “Solidarność” (“Solidaridad”), una federación sindical a la que se veía como una de las amenazas más significativas a la hegemonía soviética en Europa Oriental.

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El Papa Juan Pablo I junto a su futuro sucesor, el cardenal polaco Karol Wojtyla.

El antecesor de Juan Pablo II, Juan Pablo I (conocido como el “Papa de la sonrisa” o “La sonrisa de Dios”), se convirtió el 26 de agosto en el Papa número 263 de la historia, pero falleció sólo 33 días más tarde, convirtiendo su pontificado en uno de los más breves de la historia. Aunque oficialmente el Vaticano informó que Juan Pablo I -un hombre que gozaba de una salud envidiable- había muerto de un infarto en su cama, muchos especularon que en realidad había muerto envenenado debido a su intención de investigar los casos de corrupción que involucraban al Banco Ambrosiano, ligado a la jerarquía católica.

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El fallecido Papa Juan Pablo I.

En el libro “El día de la cuenta”, del sacerdote español Jesús López Sáez, se afirma que este Sumo Pontífice había sido envenenado con una fuerte dosis de un vasodilatador, mientras que el libro “In God’s Name” (“En el nombre de Dios”), del investigador inglés David Yallop, sostuvo la teoría que Juan Pablo I había sido envenenado por altos jerarcas de la Iglesia católica en complicidad con mafiosos vinculados con el Banco Ambrosiano y las hermandades secretas masónicas.

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