¿Qué siente el ser humano ante la inminencia de la muerte?
Guía de: Mitos y Enigmas
- Héctor Fuentes
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Según un estudio realizado por la Sociedad Química de Estados Unidos, en el cerebro se producirían una serie de cambios químicos cuando un ser humano siente la inminencia de su muerte. Según el citado estudio, la experiencia de observar a alguien siendo perseguido por un implacable y desalmado asesino en una película de terror es muy similar a lo que sentiríamos en caso de que ese evento nos pudiera suceder a nosotros, aunque en una forma un poco menos intensa.
Los expertos aseguran que en primer lugar se siente una intensa sensación de miedo, obedeciendo a una respuesta evolutiva que prepara al organismo para reaccionar o huir. Este proceso es controlado por el conjunto de neuronas del núcleo paraventricular del tálamo, un sector del cerebro extremadamente sensible a la tensión. Por otra parte, la misma sensación de miedo provoca que las glándulas suprarrenales segreguen adrenalina, haciendo que el ritmo cardíaco aumente, los sentidos se agudicen y el cuerpo tenga acceso a grandes cantidades de energía para ayudarlo a enfrentar la inminente amenaza de muerte o aquello que amenaza nuestra supervivencia. Sin embargo, en ocasiones puede ocurrir que la amenaza sea tan intensa que, como inmediata respuesta motora, nos quedemos “paralizados de miedo”.
Simultáneamente, también es probable que comencemos a gritar instintivamente. El estudio, al respecto, explica que “percibimos los gritos en una zona completamente diferente en la parte del cerebro destinada al lenguaje. A diferencia del habla normal, los gritos “van” desde los oídos hasta la amígdala, que es el centro de emergencia del cerebro”.
Retomando la escena del asesino persiguiéndonos para matarnos, es probable que cuando éste nos alcance y nos ataque, sintamos un dolor agudo. Lo que sucedería es que, al estar lesionados, las terminaciones nerviosas libres de las neuronas sensitivas primarias, llamadas nociceptores, envían mensajes al cerebro que son recibidos por el tálamo, que, según el estudio, “trata de decirle al cerebro que haga todo lo posible para evitar que la lesión ocurra de nuevo. Es un mecanismo que tiene que ver con la autopreservación”.
Según otro reciente estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan, una tormenta de actividad cerebral entraría en erupción a medida que el corazón de un ser humano se deteriora y se acerca el momento de la muerte. “A pesar de la pérdida de la conciencia y la ausencia de signos de vida, internamente el cerebro muestra una actividad mantenida y organizada y una mayor comunicación con el corazón, que se puede interpretar como un esfuerzo por salvar el corazón”.
En caso de la inminencia de la muerte, según el estudio de la Sociedad Química de Estados Unidos, el cerebro asumirá que se encuentra muerto, aunque aún continúa trabajando. Estudios recientes demostraron que, en estos casos, el cerebro experimenta una especie de sobretensión final que podría asociarse, según algunos, con la conciencia y las experiencias cercanas a la Muerte (ECM). Inmediatamente, después de todo lo anterior, sobrevendría la irreversible muerte biológica.
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