Stonehenge: Mundo científico sorprendido por la revelación de uno de sus enigmas
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- Héctor Fuentes
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Uno de los monumentos megalíticos más misteriosos y famosos del mundo es Stonehenge, un conjunto de grandes bloques de rocas metamórficas distribuidos en cuatro circunferencias concéntricas, construido presuntamente a fines del neolítico (2.300 A.C.) y ubicado en el llano de Salisbury, Inglaterra, y que supuestamente se utilizaba como templo religioso, monumento funerario u observatorio astronómico que servía para predecir las estaciones.
El complejo de Stonehenge, que era parte de un complejo más grande, que incluía círculos de piedra y avenidas ceremoniales, tiene varias particularidades. En el solsticio de verano el sol sale justo atravesando el eje de la construcción, lo que hace suponer que los constructores tenían conocimientos de astronomía. El complejo de bloques, además, encierra una estructura con forma de herradura construida con piedras de arenisca del mismo color, donde se encuentra una losa de arenisca micácea conocida como “el Altar”. Y así como en otros edificios prehistóricos, la construcción de Stonehenge sigue la llamada proporción aúrea (una relación de “divina proporción” que se encuentra en la naturaleza y fue imitada por el hombre para lograr una armonía suprema en sus distintas creaciones arquitectónicas) y cuya relación se establece en el ancho de la Herradura de megalitos de tres piedras grises azuladas y el diámetro del Círculo Pagano o Druida.
Los especialistas afirman que los antiguos habrían utilizado la piedra en algunas de sus construcciones porque ésta era el símbolo de lo eterno y servía para marcar o delimitar puntos energéticos terrenales (telúricos) y hasta para albergar espíritus elementales. Así es que Stonehenge podría haber sido utilizada en ceremonias religiosas de culto a los muertos y a la vida.
Durante siglos, sabios y arqueólogos se han devanado los sesos preguntándose el por qué de la ubicación de este monumento de piedras tan misterioso y cómo las rocas más grandes fueron arrastradas kilómetros hasta una ladera en la llanura de Salisbury. Desde los años 70′ a la fecha la teoría que se impuso fue de que los constructores de la estructura trasladaron hasta allí los enormes bloques de piedra arenisca de varias toneladas, llamados sarsens, desde las canteras de Malborough Downs, situadas a 32 kilómetros de distancia de la llanura de Salisbury.
Sin embargo, ahora una reciente investigación del arqueólogo británico Mike Pitts, uno de los pocos que ha realizado excavaciones en Stonehenge, asegura que hay evidencias de que al menos dos de las piedras más enormes y destacadas del monumento llevaban en aquel lugar millones de años, incluso antes de la presencia humana.
Pitts informó en la revista “British Archaeology” que se trata de las piedras llamadas “Heel Stone” (“Piedra del talón”) y “Stone 16” (“Piedra 16”). El más grande de los megalitos, la piedra del talón, está alineada con el sol y se encuentra a 75 metros del centro del círculo del monumento. Su peso es de 60 toneladas y, al parecer, jamás habría sido tocada, de acuerdo a la prestigiosa publicación. “Estas dos piedras, a diferencia del resto, no habrían sido talladas o modeladas y esconden una gran particularidad, pues cuando se alinean son estas piedras, precisamente, las que marcan el horizonte donde se levanta el Sol en el solsticio de verano, y se pone, en el de invierno”, explicó Pitts, quien agregó que si las piedras ya estaban allí originalmente en el lugar, encaradas con el Sol, eso podría haber dado su significado para las personas que vivieron después en sus proximidades, hace miles de años.
“La suposición solía ser que todos los sarsens en Stonehenge provenían de Marlborough Downs a más de 20 millas de distancia. Pero si vas a mover algo tan grande, lo esculpes antes de moverlo para deshacerte de la mayor parte. Eso sugiere que no se ha traído desde lejos. Tiene sentido que la Piedra del talón siempre haya estado más o menos donde está ahora, medio enterrada”, dijo Pitts, quien agregó que sólo hay otro agujero enterrado del tamaño comparable en Stonehenge, muy cerca de la Piedra 16. “Estos hoyos, como las piedras, yacen a lo largo de un eje de solsticio, y toda la geometría de Stonehenge podría haberse construido en torno a esta coincidencia natural”, concluye el arqueólogo.
Si los “sarsens” más grandes del monumento megalítico de Stonehenge, los que se alinean con la salida y caída del Sol en los solsticios de verano y de invierno, llevaban en aquel lugar millones de años, es materia que todavía está por comprobarse definitivamente. Lo único cierto, según los especialistas, es que la construcción del misterioso monumento habría demandado el tiempo y la vida de varias generaciones hasta su finalización. Por lo pronto, cada año, cientos de personas desde todas partes del mundo se reúnen en verano en la llanura de Salisbury, en el suroeste de Inglaterra, para lograr ver la perfecta alineación de las misteriosas rocas de Stonehenge con el sol.
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