Un mito tecnológico que preocupa a todos: ¿Pueden los teléfonos celulares producir cáncer?

Según algunos estudios científicos, estos aparatos emitirían campos electromagnéticos nocivos para el cuerpo humano.

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Hoy, son más de cinco mil millones las personas que usan teléfonos celulares en el mundo. Por ello, cualquier noticia que afirme que su uso excesivo puede ser nocivo contra la salud genera inquietud o, derechamente, algo de pánico, especialmente en un momento en que el crecimiento del uso de estos aparatos es explosivo.

Hablar celular cáncerLos estudios que realizó el 2011 la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el cáncer (IARC, según sus siglas en inglés), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desataron la primera voz de alarma. Según este organismo, los campos electromagnéticos producidos por los teléfonos celulares serían “posiblemente carcinógenos para los seres humanos”, debido a que emitirían campos de radiofrecuencia electromagnéticos, es decir, ondas de radio que equivalen a forma de radiación no ionizante (como la procedente de radares y hornos de microondas), afectando a los tejidos del cuerpo humano que están más cerca de donde se sujeta el teléfono (en este caso, la cabeza del usuario).

Así, el teléfono celular fue puesto en el incómodo Grupo 2B, de elementos “posiblemente” cancerígenos de la OMS, es decir, entre el Grupo 1 (donde está el tabaco, que ha demostrado causar cáncer), y el Grupo 3 (donde se ubican los que han demostrado no causarlo), junto a productos como el café, el DDT (veneno), el AZT (droga contra el VIH/sida) y el trabajar en la industria textil.

El doctor Jonathan Samet, investigador que dirigió la comisión de 31 expertos de 14 países que se reunió en Lyon, Francia, para evaluar la evidencia disponible sobre el tema, explicó en esa oportunidad que “podría haber algún riesgo y por eso necesitamos estar atentos ante la posibilidad de que exista un vínculo entre teléfonos celulares y riesgo de cáncer”, mientras que su colega, el doctor Christopher Wild, director de la IARC, añadió que “dadas las potenciales consecuencias para la salud pública de esta clasificación y estos hallazgos, es importante que sean realizados estudios adicionales sobre el uso intenso y a largo plazo de los teléfonos celulares. Hasta que esté disponible ese tipo de información, es importante tomar medidas pragmáticas para reducir la exposición, como el uso de los dispositivos de manos libres o los mensajes de texto”.

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El doctor Alejandro Muggeri, del Servicio de Neurooncología del Instituto Fleni de Buenos Aires, recomendó al respecto “respetar una distancia mínima entre el celular y el oído (no apoyar el teléfono sobre la cabeza) al hablar, que es algo que incluso aparece sugerido en los manuales que acompañan los teléfonos. Hasta que no haya evidencia categórica, que diga que el celular causa cáncer o que no causa cáncer, aconsejamos llevar el celular lo menos pegado al cuerpo que sea posible y que no lo usen los niños, cuyo cerebro está en formación y por lo tanto sería más susceptible a posibles daños. Esto, ciertamente, no significa tirar el celular al tacho de basura, sino hacer un uso racional de él”.

En los estudios que entregó en su momento el polémico informe de la IARC, se encontró un incremento del 40% de gliomas (tumores que se originan en las células gliales, que son las que dan soporte a las neuronas) en las personas que utilizaron el celular media hora al día durante 10 años. Por ello, la IARC/OMS se inclinó por el principio de precaución mientras se realizan los estudios para determinar si causa o no cáncer, por lo que se recomendó la utilización cautelosa del celular, ya que de tener la capacidad de causar mutaciones en el ADN que puedan derivar en cáncer de cerebro, ese efecto no sería inmediato, sino resultado de una exposición en forma sostenida.

Otros estudios que se realizaron más tarde no fueron precisamente optimistas. Un estudio mostró que cuando una persona usaba un teléfono celular durante 50 minutos, los tejidos del cerebro del mismo lado de la cabeza donde estaba el teléfono transformaban, por metabolismo, más glucosa que los tejidos del lado opuesto del cerebro. Otro estudio en Italia descubrió que durante una llamada telefónica la presión arterial podía aumenta en un promedio de 5 a 10 milímetros de mercurio. Estos saltos en la presión, por cierto, eran perjudiciales especialmente en las personas mayores de 40 años.

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El catedrático de la Universidad de Newcastle John Aitken fue más lejos aún y afirmó que “la radiación de los dispositivos móviles crea el efecto del horno microondas”, agregando que, tomando en cuenta que la principal consecuencia de la interacción entre la emisión radioeléctrica del teléfono celular y el cuerpo humano es el calentamiento de los tejidos, el aumento de la temperatura de la corteza cerebral podría conducir a la muerte y necrosis de su tejido, lo que inevitablemente podía conllevar al deterioro de la actividad cerebral.

Por ello, el mismo académico recomendó no hacer llamadas de más de tres minutos y utilizar el sistema de auriculares o ‘handsfree’ (manos libres), porque quien maneja el dispositivo a 30 ó 40 centímetros de su cuerpo (por ejemplo, al escribir mensajes de texto, navegar por internet o cuando lo utiliza en la modalidad “manos libres”), está mucho menos expuesto a campos de radiofrecuencia que aquellos que realizan llamadas de manera tradicional. Además, aconsejó desconectar el dispositivo durante la noche o por lo menos mantenerlo lejos mientras se dormía, pues el teléfono celular sólo transmite energía cuando está encendido y la exposición del usuario a las radiofrecuencias desciende rápidamente al aumentar la distancia con este aparato.

Las dudas persisten

Otros estudios más recientes no pudieron demostrar una relación concluyente entre el cáncer y el uso del celular. Un informe realizado en Dinamarca donde se analizaron a más de 350 mil usuarios, por ejemplo, no encontró relación entre el uso de teléfonos celulares y la incidencia de glioma, de meningioma (tumores en las meninges o membranas que cubren y protegen al cerebro) o de neuroma acústico (tumores en las células del nervio responsable de la audición), ni siquiera entre personas que habían estado suscritos a teléfonos celulares por 13 años o más.

Un estudio que abarcó a miles de mujeres en el Reino Unido, por su parte, encontró que el uso de teléfonos celulares reportado por las mismas usuarias no estuvo asociado con un riesgo mayor de glioma, de meningioma o con tumores que no son del sistema nervioso central. Los investigadores encontraron, eso sí, que el uso de teléfonos celulares durante más de 5 años estaba relacionado con un riesgo mayor de neuroma acústico y que el riesgo de estos tumores aumentaba con una mayor duración del uso de teléfonos celulares. Sin embargo, la incidencia de estos tumores en hombres y mujeres del Reino Unido no aumentó de 1998 a 2008, aun cuando el uso de teléfonos celulares aumentó exponencialmente durante esa década.

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Algunos estudios de casos y controles en Suecia, por otro lado, encontraron un mayor riesgo de cáncer de cerebro entre quienes comenzaron a usar esos teléfonos antes de los 20 años de edad. Sin embargo, otro estudio grande de casos y controles en el mismo país no encontró un mayor riesgo de cáncer de cerebro en gente de 20 a 69 años de edad.

La Sociedad Americana Contra El Cáncer afirmó, en tanto, que la polémica clasificación de la IARC significaba que podría haber cierto riesgo asociado con el cáncer, pero que la evidencia no era lo suficientemente sólida como para ser considerada como causal, por lo que necesitaba ser investigada exhaustivamente. Por ello, llamó a las personas que estuvieran preocupadas por la exposición a la radiofrecuencia que limitaran su exposición, ya fuera usando auriculares o limitando derechamente el uso de teléfonos celulares, especialmente en los niños, pues sus sistemas nerviosos aún están en formación y por consiguiente son más vulnerables a factores que pueden causar cáncer. Sus cabezas, de hecho, son más pequeñas que las de los adultos y, por consiguiente, tienen una exposición proporcionalmente mayor al campo de radiación de radiofrecuencia emitida por los teléfonos celulares. Además, debido a su corta edad, tienen la posibilidad de acumular más años de exposición a estos aparatos que las personas más grandes.

Niños y celulares

Si bien aún no está comprobado a cabalidad que el teléfono celular provoque cáncer, si es efectivo que causa una serie de otras “enfermedades tecnológicas”. Por ejemplo, puede producir trastornos de sueño cuando se usa intensamente antes de dormir, por lo que no es extraño que el usuario despierte cansado. También puede causar la llamada “whatappitis”, es decir, trastornos músculo-esqueléticos y dolores musculares en brazos, manos y dedos que sobrevienen cuando se escribe con el celular, pues al hacerlo se produce una rotación interna de los brazos que podría provocar la inflamación en la muñeca y los dedos pulgares. Y, por último, puede gatillar una poco recomendable nomofobia, es decir, la sensación opresiva de ansiedad que afecta al usuario cuando el teléfono celular se queda en la casa o cuando se apaga el dispositivo por falta de batería y no hay donde cargarlo.

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