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Una insólita Historia de Navidad que frenó la guerra

Al menos durante unas horas, alemanes y británicos dejaron de disparar a matar, guardaron sus fusiles y fueron tan amigos como se puede ser en Navidad. ¿Cómo se llegó a esto?

El día 28 de julio de 1914,  estalló la I Guerra Mundial con la invasión de Serbia por parte del Imperio Austro-Húngaro. El asesinato ocurrido un mes antes de Franz Ferdinand, heredero al trono Austro-Húngaro a manos de Gavrilo Princip (nacionalista Serbio) fue el detonante que llevó a Europa por un camino de horror durante 4 años en los que fueron sacrificados más de 9 millones de seres humanos y como bien sabemos, sembró las bases para 21 años más tarde volver a luchar en una guerra que transformó el mundo y en la que se sacrificaron más de 50 millones de vidas.

Las imágenes que se pueden encontrar en diversos documentales muestran a los saldados de ambos bandos, yendo felices a luchar contra sus hermanos continentales, asumiendo una postura de que la guerra es algo noble y en la que se encuentra honor. En una guerra, no hay ganadores, todos perdemos porque el sufrimiento de uno nos involucra a todos.

Iniciadas las hostilidades, a los soldados de ambos lados se les aseguró que estarían de regreso en sus hogares para el día de Navidad de ese año y celebrarían la victoria. Nada más alejado de lo que verdaderamente ocurrió. Las tropas en los frentes de batalla no regresaron al hogar para esa fecha y la guerra se prolongó hasta el 11 de Noviembre de 1918.

Sin embargo, una luz de esperanza brilló en la Noche Buena de Diciembre de 1914, uno de los acontecimientos más extraños registrados en la historia militar tuvo lugar en el Frente Occidental.

Todo comenzó a partir del  sector alemán, los soldados comenzaron a encender velas. Los centinelas británicos reportaron a sus oficiales que se veían pequeñas luces elevadas en postes ó bayonetas. Estas linternas iluminaban claramente a las tropas alemanas haciéndolas vulnerables a los disparos enemigos. Sin embargo, los británicos se resistieron a disparar y lo que resultó aún más sorprendente fue que los oficiales vieron a través de sus prismáticos que algunos hombres del ejército alemán sostenían árboles de Navidad sobre sus cabezas con velas en sus ramas.

A los pocos momentos de ver ésta señal, los británicos comenzaron a escuchar a algunos de los alemanes cantando un villancico de Navidad. Muy pronto fue entonado a todo lo largo de las líneas alemanas.

Las tropas británicas reconocieron inmediatamente la melodía, era “Noche de Paz” y muy pronto se neutralizaron todas las hostilidades en ambos lados. Uno por uno, los soldados británicos y alemanes comenzaron a dejar sus armas a un lado y salir con rumbo a la “tierra de nadie“. Tantos soldados de ambos lados salieron de sus trincheras que los oficiales superiores estaban impedidos de evitar esta reacción espontánea. Había una tregua no declarada y estalló la paz.

 

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La navidad logró el milagro de parar la I Guerra Mundial por un noche, cambiando las balas por villancicos.

Frank Richards fue un testigo de ésta tregua no oficial. En su diario de la guerra escribió: “Levantamos un pizarrón con ‘Feliz Navidad’ escrito. El enemigo también levantó uno igual. Dos de nuestros hombres arrojaron su equipo al suelo y saltaron fuera de su parapeto con las manos sobre sus cabezas al mismo tiempo que dos de los alemanes hacían lo mismo; los dos nuestros caminaron para encontrarse con ellos. Se dieron las manos y entonces todos nosotros salimos de las trincheras y así mismo también hicieron los alemanes.”

Richards también explicó que algunos soldados alemanes hablaban inglés perfectamente bien, uno de ellos diciendo cuan harto estaba de la guerra y que estaría muy alegre cuando todo terminase. Sus contrapartes británicos estaban de acuerdo.

Esa noche, soldados que hasta ese momento eran enemigos se sentaron juntos alrededor del calor del fuego. Intercambiaron pequeños regalos de sus pobres pertenencias -barras de chocolate, botones, insignias y pequeñas latas de carne de vacuno-. Hombres que hasta solamente unas horas atrás se disparaban a matar estaban ahora compartiendo las festividades de Navidad y mostrándose los unos a los otros fotografías de sus familias.

La tregua terminó así como comenzó, por mutuo acuerdo. El capitán C.I. Stockwell de los Royal Welsh Fusiliers recordó cómo -después de una verdadera “Noche de Paz”- disparó tres veces al aire el 26 de Diciembre a las 8:30 AM y se dirigió hacia las trincheras. Un oficial alemán que intercambió regalos con Stockwell la noche anterior también se dirigió hacia las trincheras. Se inclinaron en reverencia, se saludaron y descendieron de regreso cada uno a su sector. Unos minutos más tarde, el Capitán Stockwell escuchó al oficial alemán disparar dos veces al aire.

Tristemente, volvían a estar en guerra.

Paul Mc Cartney compuso una canción que relata someramente esta anécdota  de la historia, “Pipes of Peace”.

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