Zona del silencio: La misteriosa región planetaria en donde los relojes se detienen y las radios no funcionan

Este desolado páramo está ubicado en el desierto de México, sobre el mítico paralelo 27.

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En el árido territorio de México, sobre el paralelo 27, latitud Norte, entre las localidades de Durango, Chihuahua y Coahuila, se expande un desierto conocido como Zona del Silencio, en donde -sin explicación científica- ocurren cosas inexplicables: los relojes enloquecen, las brújulas se desorientan y las ondas de radio se interrumpen, debido a que las ondas hertzianas no fluirían de modo normal.

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El primer reporte conocido sobre la zona del silencio ocurrió después de uno de los vuelos de Francisco Sarabia Tinoco, un famoso y pionero aviador mexicano que estableció un récord de velocidad volando entre la Ciudad de México y Nueva York en 1939. Según se informó en esa época, en la misma década de 1930 Sarabia volaba sobre el estado de Durango cuando entró en el espacio aéreo situado sobre el desierto de Chihuahua. En ese momento su aparato comenzó a sufrir inexplicables problemas técnicos, provocando un silencio de radio que alertó al control del tráfico aéreo. Sarabia al final debió realizar un aterrizaje de emergencia después de que su equipo fallara.

Posteriormente, en julio de 1970, un misil Athena, que contenía dos pequeños contenedores de cobalto 57 (un elemento radiactivo), que en el marco de unas pruebas militares había sido lanzado desde la base militar norteamericana de Green River, en Utah, EE.UU, con dirección a la base de misiles de White Sands, en Nuevo México, se estrelló en el mismo lugar, a pocos kilómetros escasos de donde ahora se encuentra la estación de campo de la reserva ecológica. El misil, por causas desconocidas, en vez de llegar a su destino continuó su vuelo cientos de kilómetros más al sur, cruzando la frontera México-Estados Unidos, y estrellándose en la Zona del Silencio, justo en medio de una duna de arena. Un equipo de recuperación estadounidense, con el permiso del gobierno mexicano, rastreó la zona por tierra y aire para encontrar el proyectil durante tres semanas. Cuando finalmente se localizó el cohete, se construyó una carretera para transportar los restos y una pequeña cantidad de tierra contaminada con material radioactivo. Como resultado de las operaciones de rescate de la Fuerza Aérea estadounidense, surgieron varios mitos e historias sobre el área, incluyendo “extrañas anomalías magnéticas que impiden la transmisión por radio”, mutaciones de la flora y fauna o incluso visitas de presuntos extraterrestres. Fue en ese momento cuando el lugar fue bautizado como “La Zona del Silencio”.

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En octubre de 1975 un diario local publicó la historia de Ernesto y Josefina Díaz, una pareja que se había adentrado a bordo de su camioneta en la zona del silencio para recoger muestras de rocas y fósiles. Luego que una imprevista tormenta anegara el terreno, el coche de la pareja quedó atascado. Cuando estaban intentando liberarlo, la pareja relató que vieron a dos seres muy altos y vestidos con una especie de chubasqueros amarillos que se les acercaron y después desaparecieron misteriosamente. Desde entonces comenzó a hablarse de historias de seres espaciales, extrañas luces en el cielo, arbustos ardiendo y lluvias de fuego.

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Para algunos, la explicación de por qué este páramo planetario, ubicado a 2 mil metros sobre el nivel del mar y que contiene áreas con gran concentración de fragmentos de aerolitos, escondería tantos misterios y fenómenos sin explicación, se debería a que está situado sobre el paralelo 27, latitud Norte, coincidiendo con la ubicación exacta del Triángulo de las Bermudas, las ciudades sagradas del Tibet ubicadas en la cordillera del Himalaya y las Pirámides de Egipto. Sin embargo, unos pocos aseguran que la comunicación por radio en el lugar es perfectamente normal y que la enigmática fama de este desolado páramo fue inventada deliberadamente para generar turismo.

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