Bebés prematuras que lucharon por su vida y denuncia de negligencia médica estremecen a Coyhaique
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“…Son unas guerreras, unas luchadoras, que con 23 semanas de gestación, 505 y 650 gramos, evidentemente prematuras extremas; desafiaron no sólo a quiénes las sentenciaron como “inviables”, a las probabilidades, sino también al abandono de quién estaba llamada a atenderlas y darles una oportunidad”, lo anterior es un fragmento de la carta publicada en Facebook por María José Méndez González, la mamá de “las guerreras de Coyhaique” al cumplir las niñas su primer año de vida.
Un caso estremecedor
La noticia que ambas niñas habían estado unas cinco cinco horas en la sala de atención al recién nacido, sin que las hayan conectado a una incubadora por orden médica, provocó el estupor de la tranquila y pujante ciudad patagónica. Todo comenzó el 5 de septiembre del 2015, según se expresa en la carta que fuera enviada al diario de Aysén por Alicia González, abuela materna de las gemelas. Ese día, María José Méndez, ingresó al hospital regional de Coyhaique, con un embarazo de alto riesgo de dos gemelas y pronóstico de permanecer bajo control hasta el día 29 de septiembre de ese año. El día 27, la mamá comenzó el trabajo de parto prematuro produciéndose el nacimiento de la primera niña a las 09:34 AM, pesando apenas 505 gramos y 15 minutos después la segunda con un peso de 650 gramos. Hasta allí, todo estaba dentro de las posibilidades de ocurrencia y nada hacía prever las horas de pesadilla que viviría la familia.
Con el corazón en un puño
La abuela señaló en su carta que había personal suficiente destacado para atender el parto; “habían dos equipos para asistir a mis nietas prematuras, compuestos por médicos, matronas y personal paramédico”, relata. Sin embargo, uno de los médicos se presentó ante los familiares con la triste noticia que según los pediatras presentes en el parto, “en este caso se habría hecho todo lo posible, pero las niñas son muy inmaduras”. Además, otra de las profesionales presentes en el parto le informó a la mamá de las niñas que “no iban a vivir más de dos horas y por eso permitiría que sus padres estuvieran junto a ellas en espera del desenlace fatal”.
El poder desgarrador del amor
Con profunda tristeza, la familia ingresó a la sala de preparto para acompañar en sus últimos instantes a Julieta y Amelia, los nombres que la mamá había asignado a su niñas, y despedirse de ellas. Notaron que aún estaban vivas y que respiraban por si solas. La temperatura corporal de ambas era muy baja debido a que estaban apenas cubiertas por una sábana, pero se movían y lloraban como cualquier bebé. Sabiendo que, según lo expresado por la profesional médica a su mamá, tenían apenas dos horas para abrazarlas no dudaron en estrecharlas contra sus pechos como si de esa manera fuera posible atesorarlas en sus corazones para siempre. Quizás fue el calor humano o la innata voluntad de las gemelas, lo cierto es que las dos niñas superaron el temerario plazo de las dos horas y continuaban dando pelea. Aún, y a pesar, de no recibir más abrigo que los corazones de su familia, ya que nunca fueron puestas en incubadoras o abrigadas convenientemente por el personal a cargo en ese momento en el hospital de Coyhaique.
No todo está perdido
Pasaron cinco horas hasta que se produjo el cambio de turno del personal hospitalario, hecho que también cambió la suerte de las niñas. La matrona ingresante, Gloria Oyarzún, se aprestó a revisar a las niñas que según quien le precediera en la labor “ya estaban en el final”.
La carta enviada por la familia a los medios, denuncia la reacción que tuvo la Dra. Núñez, médico de turno en la UCIN, quien ante la insistencia de la matrona insiste en que “no hay nada que hacer, ya decidimos que no las vamos a ayudar”. Pero Oyarzún argumenta con la vitalidad que mostraban las niñas y en la necesidad de su ingreso en forma urgente, lo cual es nuevamente rechazado por la doctora indicándole “no puedes desobedecer mis órdenes”.
Fue Oyarzún quien luego de comprobar el estado de las niñas, puso en antecedentes a sus superiores y, pese a la resistencia de la doctora de turno -hoy severamente cuestionada por su responsabilidad en el caso-, insistió hasta que la Jefa de la UICN (Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales) dispuso el inmediato ingreso de las niñas a esa unidad de cuidados intensivos. El día 01 de octubre de 2015, María José fue dada de alta y la dirección del hospital decidió enviarla en avión junto a sus pequeñas a una clínica en Puerto Montt, para evaluar la posibilidad de recuperar la salud de las niñas.
¿Qué pasó ese día en el hospital de Coyhaique?
La unidad de Comunicaciones del hospital envió una declaración pública señalando la realización de una auditoría médica junto a la instrucción de un proceso disciplinario tendiente a determinar eventuales responsabilidades administrativas comprometidas por algún funcionario de este establecimiento. Según se expresa en otro párrafo: “…desde el mes de noviembre del año 2015 están a disposición de la familia (los resultados de la auditoría) y fueron remitidos a la fiscalía de Coyhaique”. Recientemente, el 8 de agosto de 2016, se nombró un nuevo fiscal que ya estaría en la etapa final de la investigación. En tanto, las gemelas cumplieron su primer año de vida.
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