¿Aborígenes chilenos en la Antártida? El misterio de la Isla Livingston

El descubrimiento de los restos de una joven yamana en la Isla Livingston abre la discusión sobre el presunto poblamiento aborigen de la Antártida.

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Vista de la vertiente sur de la Isla Livingston. Foto José Miguel Viñas.

Investigadores chilenos pudieron determinar que los restos humanos descubiertos en la Isla Livingston (Shetland del Sur), cercana a la Península Antártica, pertenecían a una joven mestiza de 21 años de edad, proveniente de los grupos autóctonos que poblaban el sur de Chile. Sus restos, un fémur y cráneo, hallado en una playa a más de mil kilómetros de su asentamiento natural desembocó en una serie de conjeturas que aún hoy no han podido ser respondidas.

Datos científicos

El trabajo de INACH (Instituto Antártico Chileno), donde se da cuenta del hallazgo y estudio fue publicado en 1995 y se titula: “Análisis bioantropológico de un cráneo humano hallado en cabo Shirreff, isla Livingston; Antártica”, y fue realizado por Florence Constntinescu y Daniel Torres. En el trabajo se concluye que el cráneo hallado en playa Yamana pertenece a un individuo de sexo femenino, adulto joven. cuya edad aproximada es de 21 años. El tipo racial es mestizo, producto de una mezcla mongoloide-caucasoide que se corresponde con el tipo físico de los pueblos del extremo austral de Chile, a partir de comienzos del siglo XIX. evidenciando el mestizaje que se produjo entre ellos y los navegantes extranjeros que recalaban en sus costas.

La presunción de los investigadores es que, probablemente, el cráneo perteneció a una mujer indígena mestiza procedente del sur de Chile, reclutada a bordo de un buque lobero y que falleció en la región antártica. En tal sentido señalan que “la mezcla mongoloide-caucasoide fue muy común en todo Chile desde el momento de la conquista española (1535), pero en el área del extremo sur fue un poco más tardía. El hecho de que el cráneo analizado haya pertenecido a una mujer mestiza (mongoloide-caucasoide), enfatiza el carácter tardío de su origen en el sur del país”.

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Detalle del cráneo hallado.

Aborígenes chilenos en Antártida

Otros autores, como R. Stehberg, han señalado que con respecto a eventuales llegadas de aborígenes a la Antártida, no debería descartarse la posibilidad de que en tiempos prehistóricos o históricos y por motivos desconocidos, algún grupo primitivo hubiera llegado accidentalmente a las islas del contorno antártico, logrando sobrevivir por un tiempo.

Por su parte A. Gibbons, consideró que sobre la base de algunas tradiciones orales de los yámanas, que estos habrían llegado hasta las islas Diego Ramírez, situadas a unos 100 kilómetros al Suroeste del Cabo de Hornos y a unos 800 kilómetros de las Islas Shetland del Sur. Bien pudiera ser que las condiciones climáticas les pudieran haber desviado hasta las islas más al sur, aunque no hay hasta el momento evidencias científicas que respalden tal hipótesis.

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Los primeros en arribar

Algunos historiadores señalan al holandés Dirk Gherritsz como el primer europeo en divisar la Antártida en el sector de las Islas Shetland del Sur en 1599. Otros estudiosos indican que el primero fue Gabriel de Castilla en 1603, quien zarpara de Valparaíso con una flota de tres naves artilladas para detener las incursiones holandesas en el extremo sur de América. Al menos, este es el viaje y contacto con el territorio mejor documentado. Se conoce, aunque de manera fragmentada, que la región de las Shetland del Sur fue intensamente explotada por balleneros, loberos y otros, que incluso llegaron a afectar severamente la sobrevivencia de la fauna marina antártica en esa zona. Las costas y playas de la Isla Livingston acumulan osamentas evidenciando tales acciones.

Se presume que por la antigüedad de los restos óseos hallados de la joven aborígen, su fallecimiento habría ocurrido durante el período de la intensa explotación lobera (piel y grasa, principalmente). La costumbre extendida en la época era que los barcos europeos hicieran abordar a nativos en el continente con alguna experiencia en la caza de focas y lobos marinos para que sirvieran de guías. También se hacía abordar a mujeres jóvenes para que sirvieran de entretenimiento sexual de la tripulación. Por motivos desconocidos la joven falleció y su cuerpo fue abandonado (o enterrado) en playa Yámana.

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Imagen del “Aurora”. Foto de archivo.

 

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