El rapto de Proserpina: La versión patagónica de una historia de amor en medio de la pobreza y los sueños

Un expediente judicial rescata una historia en medio de los rigores y carencias de la zona.

Guía de: Patagonia

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Revisando temas históricos nos encontramos con una curiosa versión patagónica del célebre mito griego del rapto de Proserpina.

La diosa Proserpina, hija de Ceres y Júpiter, es descrita como una atractiva joven que pasaba su tiempo recogiendo flores en las praderas. Un día, Plutón que vivía en un cercano volcán, la raptó para casarse con ella y vivir juntos en el Hades. En la curiosa versión patagónica, registrada en el expediente 1050, del año 1950 depositado en el Archivo de la Justicia Letrada del Territorio Nacional de Neuquén, se menciona que el chileno Rodolfo (46) raptó a Clotilde (17), argentina y menor de edad, para casarse y convivir con ella.

La historia oficial

“El 19 de septiembre de 1950, Rodolfo Fuentes Zúñiga hijo de Desiderio y Carmen Zúñiga, chileno de 46 años de edad, con 11 años de residencia en el país, domiciliado en paraje Pichi-Neuquén, departamento de Ñorquín, sustrajo mediante engaño del domicilio de sus padres a la menor Clotilde Rivera hija de Moisés y Margarita Avendaño, argentina de 17 años, soltera, alfabeta, cuidadora de cabríos y domiciliada en el paraje Pichi-Neuquén”.

El expediente señala también que: “Dos años atrás el inculpado había dado promesa de casamiento a la menor Clotilde Rivera y ésta el día 18 de septiembre pasado le pidió que la llevara con él, a lo que accedió el inculpado y ese mismo día se pusieron de acuerdo para fugarse en horas de la noche del día siguiente, cosa que así hicieron a las 20 horas aproximadamente.”

La historia del rapto ha sido rescatada en el libro Historias de sangre, locura y amor: Neuquén (1900-1950), de María Beatriz Gentile, Gabriel Rafart, Ernesto Lázaro Bohoslavsky (compiladores).

Historias conocidas

Al parecer, Clotilde conocía a Rodolfo desde cuando era apenas una niña, hacía más de 10 años. Rodolfo había llegado desde Chile, sin trabajo ni tierra, apenas con su oficio de minero. En Chile había dejado mujer e hijos, pero de eso hacía ya demasiado tiempo, aunque nunca dejaba de enviar algo de dinero con la esperanza de no ser olvidado o reprobada su ausencia. Era poco, apenas unas monedas después de pagar los gastos.

En ese tiempo, año 1950, todo era escaso en el desierto neuquino. Escasa era el agua, la comida, las viviendas, escuelas y caminos. Clotilde, según la usanza de la época, crecía como un animal más de la majada que cuidaba. Sin escuela, sin horizontes y con enormes obligaciones para su edad.

De aquellas soledades sabían Rodolfo y Clotilde.

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Foto referencial.

Algo parecido a eso que llaman amor

Se supo que el rancho de los Avendaño era precario, aunque a la vista de todos habrá sido una especie de fortaleza en el desierto. Albergaba a una familia de “crianceros” de chivos y cabras. Ninguna riqueza, apenas lo justo para vivir y unas monedas para gastar de vez en cuando.

En ese tiempo la vida patagónica endurecía, o mataba, no había término medio. Además, era corta y complicada. Los niños, apenas alcanzaban los cinco o siete años asumían la obligación de realizar tareas “para las casas” como recoger leña, arrear las cabras, ayudar en la cocina o traer agua. En ese contexto, una niña a los diez o doce años era vista ya como una mujer, aunque biológicamente no lo fuera. A la vista de aquellos hombres duros y solitarios había alcanzado la edad de perder su inocencia. A veces, eso ocurría a manos de un familiar.

Rodolfo visitaba a los Avendaño. En la medida que Clotilde crecía eran más habituales sus visitas. En el rancho creían que era un hombre bueno aunque la madre de ella desconfiaba por la manera en que la miraba: “Te sigue por el olor a hembra”, le decía. No lo sabemos, pero es posible que aquella adolescente vestida con harapos y oliendo siempre a cabra se haya sentido elogiada porque Rodolfo, un hombre viejo, pero amable, se fijara en ella.

Relataron después para el expediente que la primera vez que estuvieron solos ella tenía 15 años de edad. Fue mientras encerraban las chivas en el corral. Rodolfo le contó atropelladamente que había dejado una mujer e hijos en Chile, que también había tenido un hijo con otra mujer que no vio más. Y lo más importante: que estaba solo y dispuesto. Y si ella quería se casarían, cuando fuera más grande.

El rapto de Clotilde

Fue en septiembre. Acordaron que él esperaría cerca del rancho. Cuando en su familia se dieron cuenta que Clotilde no estaba en el rancho se presentaron al destacamento de Gendarméria de Taquimilán, para denunciar el rapto de una menor. En la noche del 19 de septiembre, Clotilde y Rodolfo durmieron juntos por primera vez.

Tardó poco gendarmería en encontrarlos. Ellos tampoco se escondieron. Rodolfo declaró que hacía dos años que conocía a Clotilde, y que le había prometido matrimonio “para cuando fuera grande”. Ella dijo que sufría mucho en su casa, cansada de cuidar chivos, comer poco y dormir muchas veces a la intemperie, y que ella fue quien le había pedido a Rodolfo que la llevara con él. Además, que estaba al tanto de su “situación civil” porque Rodolfo le había contado.

La Justicia no encontró delito y se fueron libres. No se conoce cuál fue la historia después del rapto. Quizás hayan conocido algo parecido a ser felices. Quién sabe.

Fuente: Archivo de la Justicia Letrada del Territorio Nacional de Neuquén – Expediente. 1550 “Zúñiga Rodolfo Fuentes o José Zúñiga s/ rapto Paraje Taquimilán, Neuquén.

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