El tomate tendría origen patagónico: Descubren fósiles de 52 millones de años

La revista Science publicó una reseña del hallazgo de investigadores argentinos y estadounidenses, relativo a fósiles de tomates en Patagonia.

Guía de: Patagonia

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La respetada revista Science, publicó una reseña del importante hallazgo en la Patagonia de frutos fosilizados similares al tomate. Los restos son muy parecidos a las actuales solanáceas, familia de vegetales que incluyen a los tomates, papas, pimientos, berenjenas y tabaco. Hasta el arribo de los españoles a América, esas hortalizas no eran conocidas en el Viejo Mundo. Su descubrimiento significó una gran revolución en la alimentación, gastronomía y economía mundial.

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Equipo del MEF en exploración en Hunco. Foto: LA NACION / Gentileza Investigador

El trabajo fue realizado por el Dr. Peter Wilf de la Universidad de Pennsylvania; Las Dras. Mónica Carvalho y Alejandra Gandolfo de la Universidad de Cornell, y el Dr. Rubén Cúneo, del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de la Patagonia e investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). La campaña se desarrolló en dos etapas; la primera fue financiada por National Geographic y el CONICET. La última, por la Fundación de Ciencias de Estados Unidos.

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Especimen fosilizado. Physalis. Foto: Gentileza Investigador

El paraíso terrenal

La zona del hallazgo, Laguna del Hunco (noroeste de Chubut), es actualmente árida pero hace 50 millones de años era una especie de “paraíso terrenal” de clima subtropical y abundante vegetación. “Cuando América del Sur estaba conectada a Antártida y Australia, había un gran corredor con características tropicales en esta región; fundamentalmente por dos razones: por un lado no existía la Cordillera de los Andes (y por lo tanto había un régimen de lluvias muy importante estimado entre 1600 y 2000 milímetros/año) y por otro, desde el Atlántico llegaba una corriente cálida y no ingresaba la corriente marina fría que se produce luego de que se separa Patagonia de la Antártida, Esta separación hace que la corriente fría circumpolar antártica ascienda por el Atlántico Sur, se produzca el enfriamiento del continente y, en consecuencia, toda esta franja tropical-subtropical, que estaba muy instalada [en regiones tan australes], comience a retraerse”, explica el Dr. Cúneo sobre las particulares circunstancias en las cuales se desarrollaron los tomates patagónicos.

“Un calentamiento global que existía para esa época hizo que todas las franjas climáticas se desplazaran al sur. Entonces la Patagonia que es árida y fría, en esa época tenía condiciones tropicales o subtropicales que permitieron que este tipo de familia crecieran en estas latitudes”.

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Foto: Universidad Estatal de Pennsylvania.

El tomatillo tropical “infinemundi”

Si bien el descubrimiento del “tomatillo tropical” se realizó hace aproximadamente cinco años, los investigadores sospechaban que tenía una gran importancia. Fueron necesarios años de estudios y comparaciones para poder determinar la relevancia del hallazgo. Los fósiles impresos en una laja preservan una estructura fina y delicada parecida a un papel. Su estructura no difiere en casi nada a los actuales tomates. Es por eso que se le otorgó el género Physalis (tomatillo) y se le nombró especie infinemundi (fin del mundo), de acuerdo a lo explicado por el Dr. Cúneo.

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Laguna de Hunco. Foto: LA NACION / Gentileza Investigador

Un yacimiento único

El lugar del hallazgo es un yacimiento de características únicas en el mundo. Concentra una enorme diversidad de fósiles vegetales, además de insectos, peces y anfibios. Las petrificaciones presentan un muy buen nivel de detalles que permite a los paleobotánicos determinar estructuras de flores, frutos, hojas y semillas. En ese lugar se produjo el primer registro de Eucalyptus de Sudamérica, entre otros hallazgos de notable importancia.

Se trata de un depósito formado a partir de una caldera volcánica, que luego se transformó en un lago. Situado en una zona boscosa y lluviosa, los restos del bosque confluían al lago y se depositaban en su fondo. La falta de oxígeno permitía su conservación, hasta que una capa de ceniza volcánica lo habría cubierto y comprimido, desencadenando la imprimación de los restos hasta nuestros días.

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Universidad Estatal de Pennsylvania.

 

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