“La Pasto Verde”: La historia de una heroica mujer patagónica

La dura realidad de las mujeres que acompañaron a la tropa en la campaña del desierto.

Guía de: Patagonia

Representación de “La Pasto Verde”.

 “Quién te llamó pasto verde, fresquita, tal vez tu aroma sintió. Poema de los desiertos versos de un coplero que pasó”.

La historia de Carmen Funes, conocida como “La Pasto Verde”, es una de las tantas y duras semblanzas de aquellas mujeres que participaron en la población de la región patagónica.

Años de lanza y romance

Imagen del Fortín Bragado, reconstruido según la época.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el llamado “desierto” comenzó a poblarse a impulso de la controvertida campaña militar denominada “Conquista del desierto”. El llamado poblamiento era apenas una endeble línea de fortines con un par de ranchos y rodeados de un perímetro de palo a pique (postes de troncos clavados en tierra), que apenas contenía las cargas de la indiada.

Eran épocas en que la gran mayoría de los militares que defendían esos fortines eran reclutados a la fuerza entre la población común. Fue así que algunas de sus mujeres los siguieron en la desdicha hasta los desconocidos confines donde habitaban los “herejes”. Otras eran cautivas arrebatadas a los indios y que eran obligadas a casarse con soldados.

A las “fortineras” o “chusma”, tal como fueron conocidas, se las destinó a cocinar, atender a los enfermos y heridos, velatorios de los difuntos y diversos servicios. También, se conoce que hubo “fortineras” que empuñaron el fusil cuando faltaron hombres en la pelea. El otro aspecto netamente femenino, y que se suele soslayar, fue la de aliviar la tensión sexual de la tropa. A esa tarea eran destinadas las menos agraciadas o sin hombre que las reclamara como propiedad. Tampoco faltaron los romances extraviados, celos y encontronazos a cuchillo por los favores de una de esas mujeres.

Mujeres acompañando a soldados en campaña. Foto Revisionistas.

Carmen Funes

“Brava gaucha en los fortines sureños,/ bella flor del jarillal,/ mil soldados te quisieron,/ pero la tierra te quiso más.”

Las mujeres que acompañaban a la tropa.

Carmen Funes era cantinera al servicio del Regimiento III de Caballería. Era una mujer con experiencia en eso de andar corriendo peligros. Había acompañado a su marido en la guerra del Paraguay y participó en el avance del ejercito que desalojaba a los aborígenes de sus tierras. Participó en las fundaciones de Trenque Lauquen, Carhué y Puán, fortines cada vez más al sur que la llevaron al solitario paraje Plaza Huincul, en Neuquén. Allí, junto a una aguada, levantó la Posta de la Aguada, en 1890. Las referencias de la época hablan de una mujer muy hermosa y de suave actitud femenina que encantaba a los sufridos varones afortunados de conocerle.

“La Pasto Verde”

Las mujeres que acompañaban a los hombres en servicio militar eran, en general, despreciadas y señaladas con apodos poco amables. Los motivos de tan elogioso apodo para Carmen Funes son desconocidos, aunque se presume que tan linda definición se deba a la poética de algún trovero elogiando su belleza y encantos, viviendo en medio de tierras tan hostiles y carentes de caricias femeninas.

Falleció en Plaza Huincul en 1917. La ley provincial Nº 26.788, declara “lugar histórico nacional, el predio donde se ubican el sepulcro y las ruinas de los ranchos de La Pasto Verde, situados sobre la margen de la Ruta Nacional 22, al ingreso de la ciudad de Plaza Huincul”.

Quizás, el mejor homenaje haya sido la emotiva zamba “La Pasto Verde”, de Marcelo Berbel, que reproducimos en la voz de José Larralde:

 

 

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