Oriflama: La leyenda del barco fantasma del Pacífico Sur

La historia de la embarcación que zarpó de España está rodeada de un gran misterio, terroríficas leyendas y grandes tesoros que se habrían perdido con ella.

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Buque similar al Oriflama.

Buque similar al Oriflama.

El mito del Oriflama se remonta a comienzos del año 1770, febrero en Cádiz, España. Desde ese puerto partió el buque Oriflama con rumbo a América del Sur. Su capitán, por los registros, era José Antonio Alzaga y el piloto Miguel de Buenechea.

El barco de los muertos

A mediados de año, el 23 de junio, fue avistado en las proximidades de Valparaíso por el velero Gallardo cuyo capitán era gran amigo de Alzaga, Juan Guillermo Ezpeleta. Según la usanza de la época, Ezpeleta mandó a tirar un cañonazo de saludo. Al no obtener respuesta, y pensando que algo malo sucedía, ordenó que se diera alcance al Oriflama. Puestos ambos navíos a la par y a prudencial distancia comprobó que no se observaba ningún movimiento en cubierta. De inmediato ordenó el abordaje de la nave temiendo que hubiera ocurrido una desgracia a su amigo.

Se cuenta que al abordar la nave, el espectáculo era dantesco. Tripulantes y viajeros estaban esparcidos por todos lados, la mayoría muertos y unos pocos que aún agonizaban. Los registros hablan de 149 personas muertas y 106 sobrevivientes moribundos, pero ninguno de ellos pudo pronunciar una sola palabra. Al parecer, una epidemia o algo así había acabado con todos ellos. Hasta aquí un relato más de barcos desgraciados, pero espere a lo que sigue…

Una historia de terror

Al regresar al Gallardo el bote de abordaje y enterado el capitán Alzaga de lo que ocurría, ordenó enviar medicinas para socorrer a los moribundos. En ese momento se desató una feroz tormenta que duró todo el día y la noche con aguaceros y vientos furibundos. Ya nadie creía en el Gallardo que alguien hubiera podido sobrevivir al temporal en el Oriflama y que el barco se iría a pique. De pronto, lo increíble, el velamen comenzó a ser izado y se encendieron todas las luces del Oriflama. El devastado barco se irguió sobre las olas y desapareció en el horizonte ante la mirada asombrada de la marinería del Gallardo. Se le llamó durante mucho tiempo “El barco de los muertos y agonizantes” y es una historia que se cuenta, muy de vez en cuando, en los puertos del Pacífico Sur.

Un secreto de 30 millones de dólares

Otras versiones indican que cuando se abordó la nave había 30 hombres que muy débiles aún podían expresarse. A través de ellos se habría sabido que durante el viaje y la epidemia de escorbuto habían arrojado al mar 78 cadáveres. Si bien la misteriosa partida a toda vela del Oriflama habría existido, el capitán del Gallardo le persiguió toda la noche. Pasado el mediodía del 26 de julio le vio por última vez y desistió de su intento. Se cuenta que algunos pobladores vieron como encallaba en las rompientes de la desembocadura del Huenchullami y a unos pocos hombres pidiendo auxílio, pero que fue imposible ayudarles. Al otro día, sobre la playa aparecieron algunos cajones y fardos, fragmentos del casco y arboladura junto a 12 cadáveres.

Años más tarde, el historiador Mario Gisande, miembro de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile situó los restos del navío fantasma entre las desembocaduras del los ríos Maule y Mataquito, en la Séptima región. Unos pocos años después la empresa de rescate submarino Oriflama S.A. se atribuyó el hallazgo y propiedad del galeón “Nuestra Señora del Buen Consejo y San Leopoldo” o más conocido como Oriflama, con un cargamento estimado en 30 millones de dólares. La embarcación albergaría monedas de oro, cristalería fina, cañones de guerra, muebles, vestuario decorado con oro, herramientas y joyas. El galeón estaría disgregado bajo la arena de la playa La Trinchera, entre las desembocaduras de los ríos Huenchullami y Mataquito.

 

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