Piratas del Estrecho de Magallanes: Sus misteriosas aventuras en las aguas del sur

Muchos piratas llegaron hasta el extremo sur de América. Aquí, la historia de Raveneau de Lussan, pirata francés.

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Navío pirata francés atacando la isla de Santa Caterina, Brasil.

Como en toda historia de piratas que se precie de tal existe un mar de versiones y escasos, o ningún, registro oficial. Inauguramos con este relato una serie sobre las misteriosas travesías, e incluso estadías de piratas y corsarios franceses, holandeses, ingleses y de otras nacionalidades en el Estrecho de Magallanes.

Relatos de puertos y sobrevivientes

“Está bien documentada la presencia de naves de bandera holandesa y española entre 1599 y 1619, la inglesa de 1669-70 y las francesas de 1696 a 1700 (…) pero es evidente que los lapsos intermedios aún se mantienen en la penumbra. No obstante que se poseen noticias sobre lo que en ellos pudo acontecer, las mismas son imprecisas”, afirma el profesor e investigador chileno Mateo Martinic B., quien nos ilustra sobre las incursiones de naves piratas en el Estrecho.

Recogemos, entonces, esos fragmentos de historia. Conocemos que corsarios franceses, entre 1687 y 1694, transitaron y recalaron en el Estrecho de Magallanes gracias al corsario francés, Raveneau de Lussan, quien publicara en 1689 “Diario de viaje a los mares del sur, con los filibusteros de la América en 1684 y años siguientes” (Journal du voyage fait à la mer du Sud, avec les flibustiers de l´Amérique en 1684 et années suivantes).

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Portada original de la publicación de Raveneau de Lussan.

Una historia de piratas

Algunos piratas del mar Caribe, buscaron horizontes menos hostiles (y menos poblados por colegas) navegando hacia el sur. Según el corsario francés Raveneau de Lussan, varias naves luego de atravesar el Estrecho de Magallanes hostigaron y atacaron posesiones españolas en el Pacífico; El Realejo, Grenada, Guayaquil y Nueva Segovia, entre otras. Cabe recordar, que en ese momento histórico, el virreinato del Perú con sede en la opulenta Lima y su principal puerto de El Callao, concentraban una enorme riqueza en metales preciosos y productos que extraían de manera afanosa de las minas y regiones de América.

Apropiados de un cuantioso botín en sus incursiones, los piratas franceses decidieron recalar en el archipiélago de Juan Fernández (isla Más a Tierra) repartiendo el tesoro en cinco naves que tomaron rumbos diferentes a fin de evitar las patrullas españolas y poder regresar a Europa. Cabe señalar que, entre los siglos XVII y XVIII, las islas del archipiélago de Juan Fernández fueron utilizadas como refugio y aprovisionamiento de piratas. Fue en una de esas islas donde dejaron abandonado, solo y en castigo, durante cuatro años al marinero Alejandro Selkirk, hasta que fue rescatado. Su historia contada una y otra vez en las tabernas inglesas llegó a oídos del escritor Daniel Defoe, quien basado en el relato de Selkirk escribió la novela Robinson Crusoe.

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Isla de Juan Fernández. Foto GoChile.

Prosigamos, ahora, con nuestra historia de piratas franceses en el estrecho. La nave en que iba Raveneau de Lussan, tomó la vía del Estrecho de Magallanes. Ingresaron al canal, pero debido al fuerte viento y oleaje fueron arrojados sobre la costa occidental y encallaron. Mateo Martinic B., estima que tal accidente habría ocurrido sobre la costa de la actual bahía Galiano, en la península Ulloa de la isla Santa Inés. Su presunción se basa en una investigación de la Dra. Dominique Legoupil, quien en excavaciones arqueológicas encontró entre los elementos indígenas restos culturales europeos como metales, vidrios y monedas francesas, en la bahía Batchelor, costa continental del Brunswick, del otro lado del estrecho y de la bahía Galiano, y al norte de la isla Carlos III.

Raveneau de Lussan relata que durante once meses debieron refugiarse en esa zona hasta que lograron desguazar el navío encallado y con sus restos construir una especie de bergantín de catorce toneladas. Se estima que durante su prolongada estadía establecieron contacto con los canoeros kawéskar, de acuerdo a lo recogido por la Dra. Dominique legoupil.

Puesto a navegar el improvisado bergantín, zarparon hacía el Atlántico y luego de abastecerse en varios lugares del estrecho, arribaron a Francia hacia 1688. Un año después, el pirata francés escribió sus memorias sobre aquella aventura.

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Dibujo de Raveneau de Lussan.

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