Prostitución en la Patagonia: El descarnado relato de una mujer que fue explotada y hoy lucha contra este flagelo

Una mujer víctima de la trata de personas cuenta su dramática historia.

Guía de: Patagonia

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Alika Kinan.

 “Te llenás de plata, bailás, jodes”, le dijeron a la joven Alika, en Córdoba capital. No lo dudó, tenía 18 años de edad. Atractiva, ya cargaba con una gran pobreza económica que le obligó a abandonar el colegio y salir a buscar cualquier trabajo. Una mujer, que repartía publicidad en la calle, le ofreció con esas palabras ir al sur para la inauguración de un lugar bailable.

Alika cuenta que, a los tres días, tenía un pasaje en avión a su nombre, aunque casi sin zapatos. Cuando llegó a Ushuaia -cuenta- eligió un par entre un montón de zapatos viejos y raídos. En el aeropuerto la esperaba un hombre y una mujer, quienes la llevarían al prostíbulo donde viviría durante los próximos 16 años. Relata que lo primero que hicieron con ella fue llevarla a la policía provincial de Tierra del Fuego, para la apertura de legajo y verificar que no estuviera siendo buscada. Después, a la Municipalidad para gestionar la libreta sanitaria.

Esa noche, los funcionarios que le habían asistido a sus trámites, policías y empleados municipales, hacían cola en el prostíbulo para “probar” a la recién llegada. Eran años en los que abundaban lugares similares a El Sheik en el sur, Roxana, Sonia, Black and White, Tropicana, Candilejas -enumera Alika, a María Ayuso de La Nación- en todos la oferta de cuerpos femeninos y drogas atraían a decenas de clientes por noche.

Hasta que un día llegó Gendarmería

El 9 de octubre de 2012, Gendarmería allanó el prostíbulo. Alika fue llevada a declarar ante la fiscal. Le contó que su madre y tías también habían sido prostitutas. Recordó, que a los 14 años había sido violada y que nadie le creyó. Que había pasado hambre cuando ella y su hermana fueron abandonadas.

De todos modos, lo primero que expresó ante la fiscal fue que a Pedro y Claudia (sus proxenetas) los quiero, “yo no soy víctima de nada”. Ante tal respuesta, la fiscal María Hermida, quizás conocedora de la psiquis de la mujer explotada le contestó: “Sentate, tomate un té”. El resultado fue que tomó dos tés y declaró durante cuatro horas. Afirma Alika, “Reconocerme como víctima de trata fue un proceso muy largo. No todas lo pueden hacer. Implica revisar todo tu ser, enfrentarte a tus propios demonios. Es una barrera muy grande que tenemos las víctimas: reconocer que no está bien eso que nos pasó, que se aprovecharon de nosotras”.

Hoy convive con su pareja y seis hijos. Es directora del Programa de Estudio, Formación e Investigación sobre Trata de Personas de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Pedro, su proxeneta, fue condenado en 2016 a siete años de cárcel por el delito de trata de personas.

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