Víctor Manuel Elmez: El bandolero poeta que asoló la Patagonia

Cuando revisaron su celda encontraron un diccionario y novelas de aventuras. Bagaje extraño para un delincuente que robó y asesinó en la Patagonia.

Guía de: Patagonia

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Fotograma de la película argentina “Pistoleros”, sobre los bandidos rurales.

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Foto: Diario Río Negro.

Cuentan que cuando revisaron la celda de Víctor Manuel Elmez, hallaron elementos desacostumbrados o extraños para un malviviente: un diccionario, una gramática y novelas épicas; entre ellas Los tres mosqueteros, Colmillo blanco y Robinson Crusoe. Días antes había dejado en manos de un periodista su confesión escrita en verso en once páginas de cuaderno: “Me hice malo, me hice audaz / y con mi armadura por bagaje / me aparté del buen camino / y me di al bandidaje”, dice en un fragmento.

La historia del bandolero Elmez 

De acuerdo al investigador César Aníbal Fernández, cuando arribó a Villa Regina en 1928, en Río Negro, Víctor Manuel Elmez, dijo provenir de Temuco y contaba 21 años de edad. Si bien a poco de llegar se contrató como peón en una finca, bien pronto prefirió el delito como estilo de vida. Poco después se integró a la banda de un recordado bandolero argentino, Juan Bautista Vairoleto, aunque varios años después hubo diferencias que los separaron y prosiguió por su cuenta.

La larga lista de crímenes que se le atribuyen incluye desde el robo de prendas de vestir, asaltos, lesiones, hasta varios resonantes homicidios. Corría el año 1932 cuando fue detenido bajo la acusación, entre otros delitos, del asesinato de dos policías. Por tales crímenes fue condenado a 15 años de prisión. Cumplió los primeros cuatro años en la cárcel de Viedma, para luego ser trasladado al presidio de General Roca, desde donde escapó.

Fuga cinematográfica

El periodista Javier Avena, del diario Río Negro, refiere que el chileno Elmez había prometido que en algún momento se iba a escapar. De hecho, había protagonizado ya un intento de fuga en Viedma que fue abortado por los guardias. Una nueva oportunidad llegó durante el traslado desde el juzgado de General Roca a la Colonia Penal. El lunes 25 de octubre de 1937, los reclusos fueron subidos esposados a un camión de carga descubierto.

A pesar del impedimento de las esposas y con el camión ya desplazándose se apoderó de un hacha y atacó al conductor. Durante la lucha, con el camión en marcha y sin control, se produjeron bruscas maniobras que hicieron perder el equilibrio a guardias y reclusos cayendo al camino. Elmez se apoderó del volante, acelerando. Sin embargo los policías acertaron cinco disparos en la carrocería y uno en un neumático, que inutilizó al vehículo.

Con el camión en llanta continuó su huida hacia el norte. A poca distancia debió abandonar el camión y continuar a pie hasta Cervantes, pequeña localidad a orillas del Río Negro. Elmez cruzó las chacras, el pueblo y alcanzó el río. Algunos testimonios de vecinos dijeron verlo. Nunca se supo en qué momento de esa tarde logró quitarse las esposas. Cervantes era una zona muy conocida por él, donde solía refugiarse luego de sus correrías.

Detrás suyo y cada vez más cerca, la policía a caballo, a pie y en automóvil tendía el cerco. En conocimiento que la zona de Cervantes le había servido de refugio en el pasado la policía desplegó a dos agentes para rastrear la zona. Les acompañaba un perro de nombre Holmes.

En la madrugada del día siguiente, aproximadamente a la hora 3, los agentes con el perro divisaron la silueta de una persona caminando por la orilla del Río Negro. Le dieron la voz de alto y al no tener respuesta dispararon. El perro Holmes se lanzó hacia el desconocido. En la lucha con el can perdió su chaquetilla de presidiario. El desconocido se arrojó a las aguas del río. Los agentes declararon que le vieron emerger varias veces y luego lo perdieron de vista.

Epílogo

Aproximadamente a las 10.30 de la mañana del domingo, casi una semana después, lo encontraron. El cuerpo estaba a unos doscientos metros del lugar donde fue visto en la madrugada del martes arrojándose al río. La autopsia determinó que una bala en su torso había sido mortal. Otra había impactado en el tobillo. El 1 de noviembre de 1937 los restos de Víctor Elmez fueron inhumados en la fosa 129 cuadro 16 del cementerio de General Roca.

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Copia del comienzo de su confesión en versos.

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