25 años del Maracanazo: vida, pasión y suerte del Cóndor Rojas

El 3 de septiembre de 1989, Roberto Rojas pasó de héroe a protagonista del peor escándalo. Recordamos a uno de los tres mejores arqueros de nuestra historia.

Guía de: Selección Chilena

El derrotero bajo los tres palos de Roberto Antonio Rojas Saavedra bien podría ser el argumento de una tragedia griega. Considerado entre los tres mejores guardavallas de la historia de nuestro balompié, en su biografía se relataría el cenit del héroe que después cae al averno por culpa de sus propios errores.

 

Cóndor Rojas

La bengala ya cayó a espaldas de Roberto Rojas. Fue el momento en que comenzó la caída del Cóndor…

Historia que comenzó cuando, siendo un quinceañero, Rojas fue invitado al club Santa Isabel, de su barrio sanmiguelino, ya que necesitaban a un portero para el campeonato de los barrios. Su estatura y seguridad de manos lo convirtieron en la mejor alternativa; cualidades que había desarrollado gracias a su práctica del básquetbol en el colegio y de haber alineado en algunos pleitos del club Covadonga de la comuna de Providencia.

Sus positivos rendimientos lo llevaron a una prueba en el desaparecido club Aviación. Interés causaron sus reflejos y fue seleccionado a la brevedad. Cursaba Segundo Año de Educación Media, pero ante el nuevo rumbo que tomaba su vida abandonó los estudios. Casi sin haber pasado por las divisiones menores, en 1976 debutó en el profesionalismo en el empate 3-3 de los aviáticos ante Regional Antofagasta, en el estadio Santa Laura. Seis partidos alcanzó a alinear en esa temporada, quedando relegado a la banca en las dos siguientes temporadas ya que debió competir por el puesto con otros dos destacados guardapalos: Wilfredo Leyton y Eduardo Fournier.

Paralelamente, en 1977 fue fijo en la Selección juvenil que disputaría el Sudamericano de la categoría en Venezuela. Mas, una lesión en la mano sólo días antes del viaje lo dejó fuera de la nómina.

Dos años después fue convocado, nuevamente, al representativo Sub 20 con miras al torneo continental en la ciudad uruguaya de Paysandú. Pero eso fue sinónimo del primer estrago de su carrera: como otros 17 jugadores del plantel, Roberto Rojas sobrepasaba la edad máxima permitida. A pesar de lo anterior, de todas maneras viajó con un pasaporte falso firmado por él. El escándalo estalló luego del fracaso en el mencionado certamen, tras lo cual el joven meta -junto a sus compañeros- pasó doce días en la Penitenciaría.

Nace el Cóndor

Superado el escándalo, Roberto Rojas siguió disputando su opción en Aviación. En aquel nefasto año formó en 27 partidos, pero en el campeonato siguiente sólo entró en dos duelos ya que Eduardo Fournier era el amo y señor del arco. La emigración del Loco Fournier a Cobreloa, a inicios de 1981, permitió a Rojas apoderarse sin agravantes del puesto en la estancia –ese año- de Aviación en el torneo de Segunda División (actual Primera B).

La decisión de la Fuerza Aérea de terminar con el equipo de fútbol, en enero de 1982, le permitió al meta aceptar la oferta de Colo Colo para reemplazar a Mario Osbén mientras el Gato formaba parte de la Selección Nacional que se preparaba para el Mundial de España.

Muy pronto su estilo y forma de atajar llamó la atención del público masivo, y la hinchada alba lo ungió como uno de sus nuevos ídolos. A la par, una fotografía en un matutino donde aparecía en la jaula de los cóndores en el Zoológico de Santiago propició el nacimiento del apodo que lo identificó: el Cóndor Rojas.

Cóndor Rojas

La Copa América de 1987 fue uno de los hitos principales de la carrera del Cóndor en la Selección Nacional.

Pero también en su estancia en Macul hizo surgir un atisbo de conflicto con Osbén sobre quién debía ser el titular, incidencia que sólo finalizó cuando el mundialista emigró a Cobreloa en enero de 1986. Curiosamente, Rojas –hasta el día de hoy- sostiene que Mario Osbén ha sido el mejor portero que ha tenido nuestro balompié.

Su derrotero en el cuadro popular –con el que anotó dos títulos, en 1983 y 1986- fue el umbral para llegar a la Selección Nacional. El debut fue ante Argentina, el 23 de junio de 1983, en Buenos Aires (derrota 1-0). A partir de ese momento se transformó en inamovible en la valla de la Roja, comenzando un período que lo llevó directo a ser el mejor.

Incluso, se le definió como un portero que ganaba partidos, ya que su performance tomó ribetes de grandiosidad. Sus mejores partidos fueron ante Inglaterra, en Santiago (17 en junio de 1984, 0-0) y en Wembley (23 de mayo de 1989, también igualdad sin goles); ante Perú, en Lima por el repechaje de las Eliminatorias al Mundial de México 1986 (3 de noviembre de 1985, triunfo 1-0); y enfrentando a Brasil, en la Copa América de Argentina 1987 (3 de julio de 1987, victoria 4-0).

En todas aquellas ocasiones –amén de exhibir su valla invicta-, encarnó estiradas y atajadas que no podrían haber sido imaginadas por el mejor libretista. Es más, fue tan influyente su figura en el representativo chileno que llegó a lució las jinetas de capitán desde el 6 de mayo de 1986, en el empate sin goles con Brasil en Curitiba.

La caída del héroe

A mediados de 1987 emigró al Sao Paulo FC de Brasil, donde tras un comienzo vacilante logró confirmar sus aptitudes. Pero cuando ya se barajaba la posibilidad de dar el gran salto a Europa, se disputaron las Eliminatorias al Mundial de Italia 1990.

En esa coyuntura, el domingo 3 de septiembre de 1989 protagonizó el mayor engaño en la historia futbolística. Se cumplía el minuto 69 del partido en que Brasil vencía 1-0 a Chile en el estadio Maracaná, cuando detrás de Rojas cayó una bengala.

La previa al partido nefasto del 3 de septiembre de 1989. Nadie sospechaba lo del bisturí en el guante derecho de Roberto Rojas.

La previa al partido nefasto del 3 de septiembre de 1989. Nadie sospechaba lo del bisturí en el guante derecho de Roberto Rojas.

Sin ser detectado por el grueso del público, y aprovechando la confusión que se formaba, el portero se cortó la ceja izquierda con un bisturí que tenía guardado en el guante derecho. Durante nueve meses negó la verdad, a pesar de que las pruebas médicas y una fotografía del reportero gráfico argentino Ricardo Alfieri hijo mostraban que la luminaria nunca le tocó.

El Cóndor argumentó que el fuego de artificio había golpeado su rostro y que, incluso, había quedado en estado de inconciencia. Pero, cuando debía reafirmar su tesis ante la FIFA en Zurich, acusó malestares propios del incidente y declinó viajar.

El caso fue traspasado a la Comisión Disciplinaria del organismo rector del balompié mundial, que lo recibió el 25 de octubre. En la sesión, Roberto Rojas no fue capaz de explicar la causa del corte, insinuando que pudo ser “una esquirla” del cohete en cuestión. Al fin y al cabo, fue sancionado con tres meses de suspensión en el medio local y a perpetuidad en el campo internacional.

Paralelamente, la ANFP designó una comisión investigadora presidida por el abogado Mario Mosquera, cuyo fin fue investigar lo ocurrido. El 29 de noviembre, la junta concluyó que el arquero se había autoinferido la herida. Ante la adversidad de la situación, él mantuvo su posición aunque se le amplió la sanción inicial y se le suspendió de por vida, amén de que el fútbol chileno quedó inhabilitado de participar en las Eliminatorias para el Mundial de Estados Unidos 1994.

Esta procesión comenzó a terminar en mayo de 1990, cuando admitió la verdad. Dijo que todo lo había hecho “por Chile”, pidiendo perdón y una nueva oportunidad. Esta llegó, justamente, desde Brasil: el club Sao Paulo lo contrató para entrenar a sus arqueros. Sólo en 2001 la FIFA lo indultó de su castigo que cortó abruptamente una carrera que aún le restaba alzar más el vuelo.

Los años cicatrizaron aquella herida. Y se exorcizó, en definitiva, el 18 de junio pasado con la victoria 2-0 sobre España en el ya mencionado estadio Maracaná. Triunfo que el portero y capitán del equipo, Claudio Bravo, le dedicó al Cóndor Rojas. Al que considera su ídolo. Tal como lo hicieron muchos niños en la década de los 80, quienes vieron en los 49 partidos que Roberto Rojas jugó por la Selección Nacional al héroe que con sus hazañas protege y salva a su patria.

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