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Crónica del hincha: siguiendo a la Selección en la Copa América

Vivencias, penas y alegrías de un hincha chileno que viajó a Argentina a apoyar a la Roja en la Copa América.

Nunca olvidaré estos días siguiendo a la Selección. Era mi primera experiencia apoyando a Chile en el extranjero. Los goles gritados, el himno nacional, las banderas chilenas, los nervios, las puteadas, los “C-H-I”, quedarán para siempre en mi recuerdo.

El viaje parte desde Concepción rumbo a Santiago, en forma solitaria y esperando encontrarme con algunos amigos para los partidos. La ilusión y la aventura de la Copa, no me hacían dudar de hacer el viaje solo. Lo importante era vivir esta experiencia y ver al a Selección en la Copa América.

Hinchas Mendoza

Foto: El Mercurio

El partido con México lo vi en Santiago, lleno de nervios, por suerte lo dimos vuelta.

Llegando a Mendoza, lo primero que me impresionó, aparte del frío, fue la cantidad de chilenos en las calles. Había escuchado que vendrían chilenos, pero cuatro días antes del partido no hubiera pensado que habrían tantas camisetas rojas y tantos C-H-I gritados en las calles mendocinas.

El hostal (enfocado principalmente en turistas gringos más que en sudamericanos), daba una clara idea que estábamos en Copa América: en su mayoría eran chilenos, mexicanos, peruanos y uruguayos. Obviamente los que más había eran chilenos. Siguiente paso era conseguir la entrada que había comprado en abril por internet. Partí al club Godoy Cruz (ese mismo que juega en primera, el “Tomba”) y efectivamente pasó lo que esperaba: una larga fila y una larga espera. Llegue a las 12 hrs. y retire mi entrada a las 17 hrs. Eso sí, las cinco horas no fueron tan aburridas. Conocí una familia de Chillan, una pareja santiaguina, un grupo de jóvenes de la capital y a un mendocino nacionalizado chileno que jugó por la U. Comí empanadas, papas fritas, me ofrecieron cerveza y hasta piscola. Nos reímos de los cánticos chilenos, de un grupo de chilenos que andaba con tambores y percusión y del famoso Carlitos Cazueli.

Una primera ronda para ilusionarse

Llegado el día del partido, el ambiente era una locura. Rápidamente me fui con un grupo de amigos penquistas (que conocí en el hostal) con los que había quedado de acuerdo de ir al estadio ya que teníamos la misma entrada (platea descubierta). Se convertiría este grupo de tres chilenos (Cesar alias Checharito, Víctor alias Chuo y Cristóbal alias Pinto) en mis compañeros por el resto del viaje. Nos fuimos al menos tres horas y media antes para ver el ambiente y para buscar una buena ubicación. Después de recorrer el parque llegamos a la fila para entrar. Había ya bastante gente pero, seguía llegando mucha más.

Antes de comenzar el partido, una de las cosas más emotivas del viaje: el himno nacional, los nervios y la emoción estaban en su expresión máxima. La música se detuvo justo después de “Dulce Patria, recibe los votos”, pero pese a esa falta de respeto recurrente en partidos oficiales, el final de la canción se cantó con todo el corazón tanto por los jugadores como por los hinchas.

El primer tiempo fue de estudio y al comienzo del segundo perdíamos uno a cero después del gol de Pereira. Eso hizo reaccionar Borghi que decidió el ingreso de Valdivia, el Mago fue rutilante para lo que vendría. La primera pelota que tocó la transformó en un pase profundo a Beausejour, de ahí vino gol de Sánchez. Qué manera de gritar. Fue un golazo, una jugada de mucha velocidad, precisión y futbol. Después de eso el partido estaba para Chile, el cabezazo de Jiménez (que vi al frente de mis narices), era el gol de la victoria, pero el ex Palestino cabeceó muy blando. Chile había sido superior. Quedamos con gusto a poco.

Los días siguientes sería parecidos a los anteriores. Todo absolutamente lleno, bares, restoranes, tiendas. Chile seguía presente en Mendoza. Aprovechamos de ir a ver un entrenamiento, el día anterior al partido en la cancha de Andes Talleres. Nuevamente un importante numero de chilenos, según lo que escuche, cerca de cerca de tres mil personas. No sería algo tan espectacular pero si para calentar el ambiente antes de Perú.

Llegado el día del partido, la diferencia vendría más que nada porque tenía entradas esta vez en la popular norte (donde estaba la bandera gigante) e iba solo. El ingreso por calle Libertador en el parque San Martín.

Hinchas Mendoza

Foto: José Alvújar, El Mercurio

La barra peruana se ubicó en el mismo sector que los uruguayos. Se veían las pancartas y lienzos de ambos países. Uno que decía “El pisco es chileno” y otro “El pisco es peruano”. La eterna discusión. Se escuchaba más de un “poropopo, poropopo…” en contra de nuestros hermanos peruanos. Y uno que otro grito peruano. En mi cabeza estaba lo que pasaría con nosotros, adonde tendríamos que ir. A esas alturas, sabíamos que saliendo segundos jugaríamos en Santa Fe contra Argentina. Si ganábamos éramos primeros y jugaríamos en San Juan, esperando los resultados del grupo C. Y si perdíamos dependíamos de otros resultados para ver donde jugaríamos, si en La Plata o Córdoba.

En el comienzo el peligroso Chiroque nos complicó más de una vez, mientras nuestro equipo no andaba. En el segundo tiempo necesitábamos a nuestro salvavidas (Valdivia) y también la explosión de Alexis Sánchez. Claramente el equipo mejoró. La claridad de Valdivia (uno de los pocos “10” en el mundo capaces de generar tanto impacto en un equipo), le daban más chances a Chile. Ahí el equipo se dio cuenta que tenía que ganar para seguir jugando con chilenos en las tribunas.

Chile quiso ganar y luego de algunas llegadas, llegó esa jugada fortuita donde gritaríamos gol. Lo vi bastante cerca pero no alcance a ver qué pasaba ni quien había hecho el gol. Pensé que había hecho el gol Ponce, pero una persona a mi costado me hacía ver que los mismos jugadores chilenos no sabían a quien abrazar, en fin, sería un autogol que nos daba los pasajes como primeros del grupo y los cuartos de final en San Juan. Una bonita jornada pero que no tuvo la misma emoción que antes pese al gol en el último minuto.

El viaje a San Juan comenzaría temprano, no queríamos tener problemas de horario ni con el tráfico. El camino es bastante tranquilo pero con bastante control policial. De hecho nos pararon por y zafamos de la infracción solo por ser hinchas. En el centro de San Juan, mucha tranquilidad y mucho aliento por parte de los argentinos para que nos vaya bien. En el ambiente Chile ya era el favorito junto a Brasil luego de la eliminación de Argentina el día anterior.

Me separé de los penquistas porque ellos tenían entrada numerada y yo popular norte. La entrada fue expedita y llegar a la popular norte fue fácil. Había muy poca gente en el estadio 3 horas antes del partido. Sabíamos que el paso los Libertadores llevaba días cerrado y recién ese mismo día lo abrirían por lo tanto la gente iba a llegar a última hora. Me encontré con un amigo hincha del Conce con el que habíamos quedado y nos sacamos la foto de rigor con nuestras camisetas lilas en estadio de San Juan.

Con la caída de Brasil ante Paraguay ya todos celebrábamos pensando que la semifinal se hacia más accesible y el sueño de la final se hacía cada vez más cercano. En mi cabeza estaba pensando cómo irme a Buenos Aires y como encontrar entradas para la final.

El primer tiempo fue terrible, completamente desperdiciado. Un Chile desdibujado y la gente preocupada. Aun más con los problemas de marca y el gol de Vizcarrondo. Empecé a recordar el 2 a 2 frente a Venezuela en el Monumental el cual presencié en el estadio. Parecía un flashback. En el entretiempo existía desesperación. Aunque sabíamos que lo podíamos empatar había intranquilidad. La entrada de Valdivia una vez más cambio a Chile. Me impresionó la cantidad de ocasiones de gol y como Valdivia hacia jugar hasta al más flojito (Jiménez). Dos palos y al menos cinco ocasiones claras. En la popular norte nos comíamos las uñas y en el resto del estadio lo mismo. Tiritaba no por el frío sino por los nervios. Hasta que llego ese gol del Chupete. Lo grite con el alma, con la vida, con toda la pasión por la Roja. Era un desquite para el Suazo y una forma de decir que estábamos vivos y que íbamos por el partido. El segundo tiempo había sido tan entretenido que no sabía cuantos minutos llevábamos, le pregunte a mi amigo y me dijo que 35 aprox. Con eso pensaba que probablemente nos íbamos al suplementario o lo ganábamos en el final.

Seguimos teniendo juego ofensivo hasta que vino esa tonta falta de Vidal a metros del área nuestra. Centro de Arango, falla de Bravo y gol de Cichero. Un dolor y una rabia que hasta el día de hoy no me puedo sacar. Dolió más que la eliminación del Mundial. Y todavía duele.

Tire el gorro que tenia puesto, me agarre la cabeza y sentí un dolor en el pecho que es difícil de explicar. Mire a mis amigos de Conce (habían llegado hace 2 días a ver este partido nada más) y su cara era de desconsuelo y rabia. No lo podía creer, era algo que nunca imaginé. Podíamos haberlo perdido en el alargue o en penales pero no en ese momento.

Hinchas Mendoza

Foto: El Mercurio

El equipo se desespero y solo se vieron pelotazos. La jugada más clara fue una pelota de Suazo, Renny Vega dio rebote y a Vidal se la sacaron (otra vez de la línea). Si esa no entraba era porque el arco estaba maldito. Después escuchaba solo los lamentos de los argentinos que no podían creer que nosotros quedáramos eliminados, ya que los chilenos no tenían voz.

Me quede congelado. No me podía mover, no tenía fuerzas para moverme. Fue triste y decepcionante. Me quede sentado con un nudo en la garganta. Mucha gente a mi lado se iba y muchos se iban con llanto en sus ojos.

Me tuve que ir, un policía argentino me dijo que me fuera porque no quedaba nadie. Una fría despedida con mi amigo y vuelta al auto con el grupo de penquistas. Lamentos y rabia. Una vuelta triste a Mendoza y el fin de este hermoso viaje, lleno de ilusión, pasión, emoción y fútbol. Soy racional y esta selección está para grandes cosas. Próxima Copa América: voy, próximos partidos de Eliminatorias jugando de visita: voy,  próximo Mundial: voy. Sé que la Roja me traerá más emociones…

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