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Verónica Franco revela su faceta más desconocida: Una hija orgullosa

La conocida periodista Verónica Franco revela la cercana relación que tiene con su padre y su familia.
Verónica Franco

Foto: Verónica Franco

Verónica Franco, sus hijos y su padre.

Verónica Franco tiene una destacada carrera en el periodismo nacional, siendo la voz femenina indiscutible de “El Diario de Cooperativa”. En su columna de presentación en el sitio web de la radio aseguran que cumple distintos roles, los que están en una constante pugna por instalarse en el primer lugar. “Soy mujer, madre y periodista. En ese orden estricto, digo siempre”, reza la frase. Pero hoy la conoceremos en otra faceta, la de hija.

“Tengo un recuerdo amable de mi niñez y de mi padre. Él era carabinero, muy tradicional, riguroso, serio, estricto, pero no lejano. Era el que nos inventaba juegos a mí y a mi hermana, con quien jugábamos a la lucha, nos dejaba saltar en la cama o nos llevaba de paseo. Era otra época, donde el papá tenía un rol distinto al de ahora. No recuerdo a mi papá preparando comida, por ejemplo, más bien dependiendo del turno, a veces llegaba a almorzar en días de semana, pero sí, siempre era la última voz de autoridad. Bastaba con que nos dijera “a ver, señorita” y la cosa se ponía en orden, a pesar de que él delegaba mucho en mi mamá”.

“Mi papá nos dejó como herencia el orden y rigor en la vida, uno tiene que empezar algo bien y terminarlo bien. También el valor de la lealtad, el hecho de ser amigo de mis amigos hasta el final. Nos enseñó a disfrutar, mi papá tiene un grupo grande de amigos y se hace rodear por gente que lo quiere. Y por último, la generosidad, jamás ha sido capaz de dejarse algo, lo que sea, sólo para él”.

Verónica Franco

Foto: Verónica Franco

Verónica Franco (a la izquierda) con su papá y su hermana.

“Siempre he sido muy hija, hoy a mis 46 años lo sigo siendo. Para mí es tan normal tener esta edad y seguir siendo hija de mis papás, que no alcanzo a darme cuenta de que sea distinto de lo que puede vivir el resto. Hablo al menos un par de veces en la semana con él por teléfono y lo veo menos de lo que quisiera. Le tengo un gran respeto y todas las decisiones importantes las comparto siempre con él y mi madre, no es que decidan por mí, pero me importa escuchar su opinión. Un buen ejemplo de esto se dio cuando quise estudiar Periodismo. Hasta tercero medio pensaba ser abogada, pero en cuarto decidí ser periodista. Cuando postulé a la Universidad de Chile quedé en lista de espera, y fue mi papá quien me acompañó al campus La Reina, para lo que había que atravesar todo Santiago. Cuando pasamos por Pio Nono, frente a la Facultad de Derecho, mi papá hizo su último esfuerzo por convencerme: hija, por qué no pasamos aquí mejor, estamos al lado. Le dije que no, que estaba convencida de periodismo y su respuesta fue: pero si usted es periodista no se va a mandar nunca sola, va a trabajar apatronada siempre, como abogado usted tendría su oficina, sería dueña de su tiempo. Yo no cedí, así que siguió manejando. Nunca volvió a tocar el tema y sé que no le resultó fácil, porque mi Escuela pasaba en paro, era un tiempo con mucha movilización social y mi papá sabía que allí los estudiantes no eran precisamente partidarios del gobierno militar. Yo le agradezco profundamente que pese a todas sus reservas me pagara la carrera con sacrificio, ya que nunca pude obtener más de un 50% de crédito –debe ser por lo rubia y ojos azules-“, sonríe.

Verónica llegó a Cooperativa proveniente de Radio Monumental y El Mercurio, donde trabajaba los fines de semana. “Desde que llegué a la radio mi papá se transformó en un gran fan, me escucha siempre. No comparte la línea editorial precisamente, pero me sigue, me llama para comentar los temas. A sus 71 años se desenvuelve muy bien con la tecnología, pasa un par veces a la semana a buscar a mis hijos al colegio y me manda fotos por WhatsApp, mientras yo estoy en el trabajo”.

Verónica Franco

Foto: ACHS

Su papá estuvo en primera fila cuando Verónica Franco recibió el premio Carmen Puelma.

“Cuando me separé, mi familia fue un gran apoyo. Mientras mi mamá me consolaba, mi papá reaccionó muy práctico y me propuso ir a hablar con mi marido a “arreglar las cosas”, le insistí que no era necesario, que la decisión estaba tomada y que era lo mejor. Entonces decidió darme apoyo económico para que me pudiera independizar. Siempre está ahí, para lo que sea, incluso me regalonea vendiéndome sus autos a “precio de hija” cuando los da de baja. Los usa 2 ó 3 años, y como sabe que yo se lo voy a comprar me dejaba elegirlos. A mí me gustan las camionetas, pero ahora se compró un sedán, así que se nos acabó el negocio”, se ríe.

“Creo que lo único que me queda pendiente con mi papá es viajar más. A diferencia de mi madre, a él no le gusta, se estresa, le cargan los aeropuertos, las esperas, los aviones. Una vez, hace siglos, nos acompañó a Buenos Aires y aunque lo pasamos bien, nunca se repitió. Otra vez, ya con mis hijos grandes, partimos al sur en un tour ¡en bus! Resultó más agotador que haber ido en avión. Pero es mi papá y lo adoro igual”.

El año 2012, Verónica recibió el Premio de periodismo Carmen Puelma Accorsi, que distingue a los mejores profesionales del periodismo positivo, que resalta valores y principios éticos y morales como parte de su labor profesional y de apoyo al progreso y engrandecimiento del país. “Fue una sorpresa, no me lo esperaba, fue muy lindo ver a mi papá orgulloso en primera fila mirándome, aplaudiéndome. Estaba muy emocionada, quizás porque este premio terminó de demostrarme que esto es lo que yo tenía que hacer, y en él mucho tenía que ver la herencia de los valores que me dejó mi papá, Don Julio”.

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