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Sigo soltera: ¿Qué tengo que espanta a los hombres?

Cada vez que escucho "a nadie le falta Dios" entramos a cuestionarnos seriamente por qué a nosotras, nos dejó tan de lado y seguimos solteras. ¿Qué hacemos mal?

Fuente: Internet

Todas hemos escuchado, y dicho, la famosa frase “a  nadie le falta Dios” como una manera de justificar que hasta la más fea, la más antipática, tonta,  y desgraciada mujer (o ser humano en realidad) tiene pareja. ¿Pero qué pasa cuando Dios nos abandona, y a pesar que seamos lindas, inteligentes, autosuficientes y un buen partido, estamos solas? Bueno, es aquí en donde declaro que a mí me falta Dios.

Lo de ser soltera lo llevo bien, trato de no autocompadecerme y disfruto esa libertad que me permite hacer lo que quiera, pero siendo honesta: de vez en cuando necesito de  una compañía, por último que sea para no aburrirme. Es que toda esa “felicidad” se va al carajo cuando estás sola, sin panorama, y depresiva un viernes por la noche viendo Primer Plano con un plato de frituras, y mucha bebida (o cerveza). Y la cosa empeora, cuando todo tu entorno está emparejado y cómo si eso no bastara, te refriegan esa pregunta “¿y tú, cuándo?” o “¿por qué no estás pololeando?”, creanme que si supiéramos esa pregunta no estaríamos en esta encrucijada de la vida.

Es en estas situaciones cuando quienes  estamos solteras nos cuestionamos qué estamos haciendo mal por la vida. Al menos en mi caso, y no es que busque tirarme flores, tan alejada de ser linda no estoy, me han dicho que soy alguien culta y al parecer soy simpática… ¿Entonces, qué tengo que espanta a los hombres?  Tal vez un cartel que dice “aléjate o te golpeo”.

A todas nos ha pasado que hemos conocido a mujeres despreciables, feas  o antipáticas y cuando nos enteramos que tienen pololo,  es prácticamente un balde de agua fría saber que ella tiene a alguien, y tú no. Y no tratemos de negarlo, porque cuando pasamos por eso cierta envidia nos corroe y nos cuestionamos “¿cómo es posible que ella, ese adefesio de ser humano, esté pololeando y yo no?” Tal vez no he sido buena creyente,  no dono el 1%, no voy a la iglesia sólo para funerales y quizás no rezo lo suficiente y por eso me falta Dios. ¿Entienden ahora  lo absurdo que suena esa frase?

Según algunos de mis amigos, resulta que no soy lo suficiente madura,  que no cedo en mi personalidad, y al parecer soy demasiado antipática cuando tratan de jotearme (eso es verdad, cada vez que alguien invade mi metro cuadrado mientras bailo lo amenazo). En resumen debo cambiar todo lo que hay en mí, o fingir ser otra persona, para que alguien me pesque. Otro de mis problemas es que tengo pésimo ojo para fijarme en un hombre; está pololeando o simplemente no le gusto. Simplemente ya no sé qué hacer, ni lo de estornudar tres veces, salud, dinero y amor, me resulta de manera natural.

Para algunas mujeres la culpa es de los hombres; que nadie llega a la altura de lo que buscan, que los chilenos son básicos e incluso que los hombres no valen la pena. Seamos honestas, ninguna de nosotras  es tanta maravilla para no encontrar a alguien digno de tu compañía. Tampoco seamos exquisitas, no podemos sentarnos a esperar al príncipe azul que Disney nos pintó o al hombre perfecto que hemos visto en las películas, Ryan Gosling no aparecerá a mi lado en el metro.

En conclusión, no es que pretendamos ser las super mujeres, aunque  hay quienes lo toman como opción y son capaces de estar solas,  sino que simplemente tenemos mala suerte en esto, es mentira que se compensa con el juego, y reconocerlo no nos hace perdedoras. Necesitamos  una compañía; alguien que nos contenga, nos sostenga la piscola en el carrete,  que nos cuide en los peores estados después de una intoxicación por comida en mal estado y que también nos haga sentir queridas.  Pero mientras no encuentre a ese alguien especial,  cada vez que escucho “a nadie le falta Dios” considero seriamente la posibilidad de ser agonóstica.

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