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¿Qué hacer y dónde ir frente a vecinos ruidosos?

Los ruidos molestos o situaciones desagradables que se puedan presentar con los vecinos tienen formas de solucionarse. Aquí explicamos cómo hacerlo.

La vida en comunidad se ha ido haciendo cada vez más difícil. En Chile como en el mundo, los expertos señalan que existe menos vida de barrio que en décadas pasadas. Según algunos, esto se ha debido a que las familias se han acostumbrado a recluirse en sus hogares sin oportunidades ni espacios para interactuar con los vecinos, perdiéndose el contacto, el sentido de pertenencia y la compañía de los amigos del barrio. Lamentablemente, por no conocer a los vecinos resulta difícil resolver los problemas que naturalmente se producen en comunidad, como lo son los ruidos en la noche. A continuación ofrecemos algunos datos que pueden ser útiles.

Antes que nada, hay que tener en cuenta que para las leyes los conflictos entre vecinos son generalmente incomodidades o molestias normales que se dan en la vida en común y que deben ser soportadas para permitir la convivencia. Sólo cuando esas incomodidades pasan el límite de lo tolerable es cuando entran a jugar las acciones legales. Algunos casos célebres de demandas judiciales entre vecinos son las acciones intentadas contra Sergio Lagos por el ruido de sus fiestas en el Barrio Lastarria y contra Miguel “Negro” Piñera por sus desconsoladas fiestas tras su ruptura matrimonial.

Vecinos ruidosos

Imagen: Alex Pelayo

Sólo cuando esas incomodidades pasan el límite de lo tolerable es cuando entran a jugar las acciones legales.

Por lo mismo, cuando se tienen problemas con un vecino, la primera reacción debe ser reflexiva: ¿Estaré siendo exagerado? La respuesta a esta pregunta siempre va a depender de distintas circunstancias: es distinto si es la primera vez que siente un ruido de fiesta en casa de su vecino a si las fiestas y el ruido tienen lugar todos los días de la semana y hasta altas horas de la noche. En todo caso, es difícil darse cuenta del límite entre lo tolerable y lo intolerable, por eso, para actuar con criterio es recomendable compartir las opiniones con el resto de la familia o, si se puede, con otros vecinos.

En segundo lugar, si después de pensarlo toma la terminación de hacer algo, considere la posibilidad de hablar cara a cara con su vecino. La mayoría de las veces se puede tener una conversación en la que probablemente note que su vecino ni siquiera esté consciente del problema. Incluso pueden tomarse acuerdos sin tener que recurrir a Carabineros o a tribunales; en caso de fiestas, se pueden fijar fechas y horarios compatibles. La calma y la creatividad podrían permitir llegar a soluciones aceptables en que ambas partes estén dispuestas a ceder. Si recibe una respuesta negativa, deje abierta la puerta de su amabilidad, nunca sabe cuando su vecino puede recapacitar. Ante un fracaso en la conversación cara a cara, algunos recomiendan comunicarse con el vecino por escrito: describir la situación y exponer sus argumentos hacen más convincente su posición y puede generar una actitud más receptiva.

Si después de haber intentado solucionar el conflicto por su cuenta no ha encontrado salida a los problemas de vecindad, existen otras vías disponibles. Por ejemplo, está el nuevo programa de Unidades de Justicia Vecinal en las comunas de Renca, Cerrillos, Macúl y Paine para resolver conflictos entre vecinos. También existe la posibilidad de hacer una denuncia ante el Comité de Administración (si es que vive en edificio o condominio), ante Carabineros o directamente ante el Juez de Policía Local.

Si Carabineros sabe de la situación, deberá hacer una visita de advertencia a la casa o departamento del vecino para pedirle que el ruido cese. Si el ruido es muy elevado o si el vecino se comporta de manera desagradable, Carabineros puede cursar el parte con la primera visita y las multas pueden llegar hasta las 5 UTM. Las multas incluso pueden subir al doble si las infracciones han sido reiteradas (Art. 32 de la Ley de copropiedad inmobiliaria).

Además, hay que considerar que los dueños de los departamentos también son responsables de las molestias que provoquen sus arrendatarios, razón por la cual el dueño del inmueble va a ser también responsable de las multas. Esta situación ha llevado a algunos a afirmar que los contratos de arrendamiento tienen un incentivo implícito de arrendar el inmueble a personas que puedan mantener buenas relaciones con los vecinos.

Finalmente, son numerosos los casos en que el conflicto ha llegado a los tribunales superiores de justicia mediante la interposición de recursos de protección, apelando al derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación. Sin embargo, este curso legal no siempre ha sido exitoso: tienen mejor suerte los recursos interpuestos contra ruidos industriales o contra locales comerciales que contra música nocturna. Por lo mismo, siempre es aconsejable volver a la premisa inicial: preferir un mal acuerdo que un buen juicio.

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