¿Qué régimen patrimonial elegir si me caso?

Al momento de contraer matrimonio, los cónyuges además de asumir una serie de derechos y obligaciones de carácter personal (deberes de fidelidad, cohabitación, socorro mutuo, etcétera), deben optar por la forma en que se desenvolverán patrimonialmente. Aquí una ayuda para tomar le decisión.

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Al contraer matrimonio, no sólo existen dudas existenciales o románticas sobre la futura pareja, sino también surgen dudas terrenales. Así, la pregunta que viene de perogrullo antes de presentarte ante el Oficial del Registro Civil es saber cuál es el régimen de bienes que conviene elegir.

Régimen matrimonial

Foto: El Mercurio

Existen tres tipos de regimenes matrimoniales en Chile.

Al momento de contraer matrimonio, los cónyuges además de contraer una serie de derechos y obligaciones de carácter personal (deberes de fidelidad, cohabitación, socorro mutuo, etcétera), deben optar por la forma en que se desenvolverán patrimonialmente. Para ello, el legislador ha dispuesto de tres regímenes de bienes, a fin de que ellos estructuren sus relaciones patrimoniales y también lo hagan con terceros ajenos al matrimonio. Estos regímenes son la sociedad conyugal, el régimen de participación en los gananciales y la separación de bienes.

A fin de responder la pregunta en cuestión, tomaremos en cuenta tres factores. Estos son: el Destino de los bienes adquiridos antes y durante el régimen; la Administración de los bienes; y los actos realizados con terceros

La separación de bienes

Los cónyuges pueden optar casarse bajo el régimen de separación de bienes al momento de contraer matrimonio o cambiarse a este régimen durante el matrimonio (estando casados bajo alguno de los otros dos regímenes). En este régimen cada uno de los cónyuges tiene un patrimonio propio que no se mezcla o confunde con el patrimonio del otro.

En cuanto a la administración, cada uno de los cónyuges obrará en sus bienes y realizará actos con terceros, sin necesidad de que concurra el otro de los cónyuges.

La participación en los gananciales

En Chile, se sigue la variante crediticia de este régimen. En términos simples, “se sacan dos fotos” a cada uno de los patrimonios (del marido y de la mujer), al inicio y al fin del régimen. La primera corresponde al patrimonio originario, incluyendo los activos y los pasivos que existen a esa fecha. La segunda imagen que se captará será la del patrimonio final (que igualmente incluye los derechos y las obligaciones). Se realizará una comparación entre ambos patrimonios y se restará el patrimonio final al patrimonio originario. El resultado de ello se denomina ganancial. Cada uno de los cónyuges tendrá una suma de gananciales. Si uno de ellos obtiene más gananciales, deberá compensarse hasta el de menor valor, a fin de que ambos obtengan los mismos gananciales.

Así por ejemplo, considerando que Juan tiene un patrimonio originario de $200.000 y un patrimonio final de $1.000.000; y María tiene un originario de $300.000 y un final de $3.000.000: los gananciales de María corresponden a $2.700.000 ($3.000.000 menos $300.000) y los de Juan ascienden a $800.000 ($1.000.000 menos $200.000). En este caso se deberán compensar los gananciales de María con los de Juan, dando como resultado $1.900.000. En tal caso, María deberá la mitad de esos gananciales a Juan, esto es, $950.000. Con ello, los patrimonios quedarán equilibrados, obteniendo cada uno de ellos $1.750.000 al final del régimen.

En cuanto a la administración, durante el régimen, cada uno de los cónyuges obra como en el caso anterior, esto es, como si estuviera separado de bienes. Sin embargo, existe una limitación respecto de los cónyuges, al obrar con terceros. Esa limitación se refiere a que si uno de ellos quiere otorgar cauciones de carácter personal (ser fiador, “aval”, codeudor solidario, etc.) a un tercero, tendrá que obtener autorización del otro cónyuge.

La sociedad conyugal

Régimen patrimonial

Foto: El Mercurio

El destino de los bienes y su administración son dos factores que se deben considerar al momento de escoger el régimen bajo el que queremos casarnos.

Es el régimen legal y supletorio. Esto quiere decir que, por regla general, si uno no escoge régimen al momento de casarse, “por defecto” se entiende casado en este régimen (la excepción está dada por los que se casan en el extranjero, que se entienden separados de bienes en Chile, salvo que se manifiesten en contrario al inscribir su matrimonio en nuestro país).

Se distinguen en el activo de la sociedad conyugal dos tipos de haberes (conjunto de bienes). El haber absoluto, corresponde a los bienes que ingresan a la sociedad conyugal de manera absoluta o definitiva, los que al final del régimen se repartirán, generalmente, por mitades. El haber relativo, en cambio, está formado por los bienes que ingresan a la sociedad conyugal, pero que al final del régimen deben ser compensados al cónyuge que los aportó.

Así, los bienes, sean muebles o inmuebles, adquiridos a título oneroso (compraventas, por ejemplo) durante la sociedad conyugal ingresan al haber absoluto. En cambio, los bienes muebles adquiridos a título gratuito (donación, por ejemplo) durante la sociedad conyugal o aportados a la misma por uno de los cónyuges, ingresan al haber relativo. Por último, los bienes inmuebles adquiridos a título gratuito por uno de los cónyuges forman parte del haber propio de dicho cónyuge, es decir, no forman parte del activo de la sociedad conyugal.

En cuanto a la administración de la sociedad conyugal, es posible distinguir diversas situaciones a tomar en cuenta. La administración ordinaria le corresponde al marido, estando sujeto a una serie de limitaciones en relación a actos para con terceros (pactadas con la mujer y/o impuestas por la ley). Este tipo de administración es la regla general. Si el marido está incapacitado para realizarla, surge la opción de la administración extraordinaria, a cargo de la mujer o de un tercero.

Lo anterior en nada obsta a la posibilidad de que la mujer administre su patrimonio reservado, materia que será objeto de una próxima columna.

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