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Crisis en Siria: Las claves del triunfo diplomático de Putin sobre Obama

Rusia se anotó una victoria por su manejo diplomático de la crisis, mientras Estados Unidos tuvo que ceder en su intención de concretar un ataque.

El 21 de agosto pasado, día en que los oponentes al régimen de Bashar el Asad fueron atacados con armas químicas, la guerra civil siria dejó de tener importancia sólo para aquellos que la viven y se transformó en la chispa que estuvo cerca de detonar un enfrentamiento militar –directo o indirecto- entre potencias mundiales.

Con un escenario internacional revolucionado y fuerzas en tensión que sobrepasan el marco del conflicto sirio, múltiples voces llegaron a hablar sobre lo que podría haber sido una tercera guerra mundial. Sin embargo, la impulsividad con que actuó Barack Obama y la cancillería norteamericana contrastó con la pasividad y frialdad con que Vladimir Putin, presidente ruso, manejó la situación. Ya a casi un mes del ataque en Siria, la situación difiere radicalmente. Existe un “principio de acuerdo” sobre la situación de las armas químicas -que incluye el consentimiento de Obama y El Asad- y un seguro ganador: Vladimir Putin.

En términos simples, la importancia del conflicto sirio radica en lo que éste pueda dar paso, más allá del panorama incierto de la guerra civil y las crímenes de guerra que se han cometido y se están por cometer. Las tensiones y alianzas forjadas hoy se asemejan  a lo sucedido a comienzos del siglo pasado, donde un conflicto aislado dio pie a uno mayor: el comienzos de la Primera Guerra Mundial.

Crisis Siria

Foto: EFE

El ataque con armas químicas llevó la tensión de la crisis en Siria al máximo.

A raíz del conflicto sirio, el bando compuesto por Estados Unidos e Israel, podría entrar en pugna con el integrado por Siria, Rusia e Irán. Esto sin contar lo que tengan que decir Reino Unido, Francia –quien ya se ha pronunciado a favor de apoyar un posible ataque de Estados Unidos- y China. En suma, la capacidad militar y desarrollo tecnológico de hoy supera con creces a todo lo antes visto, y cualquier provocación o jugada desmedida podría ocasionar una reacción en cadena difícil de controlar.

De ahí la importancia de que la vía diplomática triunfe por sobre la defensa; de ahí que las palabras de Obama de fines de agosto y comienzos de septiembre advirtiendo sobre la guerra hayan causado tal incertidumbre.

Ahora bien, el transcurso de los días y cómo se dieron los hechos han disminuido la tensión militar inicial y dado paso a una resignada calma. El gran entusiasmo que mostraba Obama en un comienzo por una intervención militar comenzó a decaer con el tiempo al ver mayor cautela que entusiasmo en la comunidad internacional. El apoyo ofrecido por Francoise Hollande y una Francia alicaída, no suplió la falta de su eterno aliado Reino Unido, que vio en su Parlamento el rechazo a la propuesta del  Primer Ministro Cameron, de secundar a Estados Unidos en su intervención.

Crisis Siria

Foto: AP

Los enfrentamientos entre el gobierno Sirio y los rebeldes mantienen la preocupación mundial.

Obama, al ver que se quedaba sin apoyo, apeló incluso al “excepcionalismo americano” aduciendo a que era su política exterior la que los hacía “distintos”, “excepcionales”. Así fue como un congreso dividido, con la izquierda democrática y el tea party entorpeciendo sus pretensiones, hicieron ver la decisión inicial como muestra de impulsividad y una movida pasada en revoluciones.

Falta de prolijidad

La falta de prolijidad mostrada por la cancillería norteamericana se vio acrecentada cuando el secretario de Estado norteamericano John Kerry, fue consultado en una conferencia de prensa en Londres sobre la posibilidad de controlar las armas químicas sirias. Kerry respondió que eso  “no va a hacerse y no puede hacerse, obviamente”. Acto seguido portavoces de la Casa Blanca y del Departamento de Estado aclararon que el secretario hablaba de forma “retórica”, “hipotética”.

Así, las idas y vueltas de la cancillería norteamericana propiciaron que Rusia, hasta el momento en una mezcla entre paciente y relegada, jugara la pieza que diera el jaque mate a las pretensiones militares norteamericanas. Ofreció el bullado acuerdo mediante el cual el país de Putin pondría a resguardo el material bélico químico con un plazo máximo de junio de 2014. Las armas luego serían destruidas. A cambio, se renunciaría en perseguir la autoría de los ataques del 21 de agosto. Un precio doloroso a pagar por el triunfo de la diplomacia.

Crisis Siria

Foto:

Como en todo conflicto, la situación humanitaria es uno de los temas de debate constante.

La avidez política del presidente ruso lo llevó incluso a dirigirse a la nación estadounidense por medio de una carta publicada en el New York Times. En ella abogaba por el respeto al derecho internacional y se permitía disentir del llamado de Obama a su nación a sentirse diferente. Además enrostró al pueblo norteamericano su mala imagen exterior.

El ofrecimiento hecho por Putin, con excelente recibimiento en la comunidad internacional, resultó ser una pieza movida con maestría por la diplomacia rusa. El acuerdo necesitaba de la aprobación de ambos sectores, pero ponía la presión del lado de Obama. Con El Asad dispuesto a ceder su armamento químico, se extinguían las razones existentes que esgrimiera el presidente norteamericano para atacar la región. Así, carente de apoyo y ante la posibilidad de una salida viable de su pretensión militar, un Obama desconfiado, pero sin otra alternativa puso su credibilidad e imagen pública en las manos de Putin a una semana de haberse dirigido al país en busca de apoyo para un ataque a Siria.

Putin y Rusia se alzan así por el momento como los grandes ganadores de esta “batalla diplomática”. Rusia se sitúa por sobre el resto, con una altura de mira que le permite ser árbitro en el conflicto. A su vez protege a su aliado sirio, y borra del inconsciente colectivo su posición de defensor de El Asad. El presidente sirio celebra asimismo la posibilidad de seguir atacando a los rebeldes con armamento “común”, y Rusia juega a haber recuperado todo el terreno perdido. Como si fueran los 70, pero ahora todos amigos.

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