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Michael Chang: El adolescente que asombró a París

En 1989 se produjo de las mayores hazañas del tenis, cuando Michael Chang, con apenas 17 años, ganó Roland Garros siendo el tenista más joven en conseguir un Grand Slam. Así cimentó una carrera acompañado por otras leyendas estadounidenses.

Cuando se nombra a Michael Chang la primera imagen que se viene a la mente es la de un incansable guerrero, de baja estatura pero que corría como una máquina, haciendo casi imposible meterle un tiro ganador. Muchos son sinónimo de talento o potencia, pero Chang lo es de luchador.

Es que a la hora de hablar de tenistas estadounidenses de fines del siglo pasado se nombra a Pete Sampras, Andre Agassi y Jim Courier casi de forma automática -los tres fueron No. 1 del mundo- pero el que llevó a Estados Unidos de nuevo al centro de atención mundial fue Michael Chang.

La arcilla equivale a paciencia, peloteos largos y lucha física, y en eso el asiático-americano no tuvo sombra en su época, con un carácter impresionante, prácticamente imperturbable, que lo acompañó casi desde que nació y por eso cuando aún ni siquiera abandonaba la adolescencia ya era un crack.

Michael Chang

Foto: AFP

La juventud de Michael Chang está llena de grandes records.

Los logros más importantes de Chang fueron en el inicio de su carrera y se mantienen hasta el día de hoy. Con 15 años fue el primer jugador en ganar un partido en el cuadro final del US Open en 1987. Ese mismo año fue el tenista de menor edad en llegar a semifinales de un certamen ATP en Scottsdale, Arizona. Con 16 años y seis meses, ya en 1988, levantaba su primer trofeo profesional en San Francisco y en 1989 fue el tenista más joven en llegar al Top 5.

Batir tanto record a tan temprana edad ya es suficiente para medir la calidad del jugador nacido en Hoboken, Nueva Jeresey, pero su consagración llegó con su épico título en Roland Garros 1989, siendo el jugador más joven en la historia del tenis en ganar un Grand Slam con 17 años y tres meses, además de ser el primer estadounidense en conseguirlo desde 1955.

Ese trofeo no sólo fue mítico por su corta edad, sino por un partido en particular, cuarta ronda, cuando chocó con el No. 1 del mundo de entonces y que ya era una leyenda, Ivan Lendl.

Es que Chang estuvo dos sets abajo y quiebre en contra, pero comenzó a remontar de a poco, hasta que en el cuarto set los calambres comenzaron a atacarlo. Pero lejos de venirse abajo, concentró su atención en sacar de quicio a Lendl, con tiro altos, casi globos, y repentinos tiros ganadores. Incluso en el quinto set llegó a sacar por abajo, algo pocas veces visto… ¿Resultado? Victoria en cinco sets que luego confirmaría ante Stefan Edberg en la final para ganar el trofeo.

¿Cuál fue el problema de Chang? Que luego la agresividad de Courier, la potencia de Sampras y el talento y extravagancias de Agassi se tomaron el circuito tanto dentro como fuera de la cancha, opacando a un Chang que siempre fue bajo perfil. Así perdió las siguientes tres finales de Grand Slam que disputó en su carrera, pero logró mantenerse Top 10 por seis temporadas seguidas, con un peak en el No. 2, pero que fue una barrera insuperable por “culpa” de sus compatriotas.

Pero de la memoria no se borra un estilo de tenis que ya no se ve, con un jugador que tenía un juego de pies magistral, una rapidez asombrosa y una fortaleza mental envidiable. Es considerado como uno de los mejores contragolpeadores de la historia, pero a diferencia de Nadal o Djokovic, que también destacan en este aspecto por su potencia física, Chang lo hacía por la rapidez de sus movimientos, transformándolo en una verdadera muralla china.

En 2008 Chang ingresó al Salón de la Fama del tenis gracias a sus gestas que se comprimieron cuando aún era un adolescente, pero que sin lugar a dudas abrieron las puertas al tenis estadounidense, sobre todo tras liderar la victoria en Copa Davis en 1990, luego de ocho años de sinsabores.

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