Cuando tomar mate estaba prohibido: Su consumo era penado con multas y azotes
- Walter Raymond, ex guía de Argentina
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Gauchos afrodescendientes tomando mate, fotografía intervenida, 1895 (Ministerio de Cultura Argentina).
Hace un tiempo nos ocupamos de la poco conocida historia de la yerba mate en los países del sur de América. En esa historia mencionamos que hubo un período bastante extenso durante la Colonia donde estuvo prohibido tomar mate. Es que la tradicional infusión despertaba la repulsa de los funcionarios y clérigos acostumbrados a los buenos modales españoles.
Del placer a los azotes
El historiador Daniel Balmaceda señala que, para 1592, el mate ya estaba incorporado a las actividades comunes de los españoles, criollos y guaraníes en la región, y que utilizaban para su consumo el mate quechua o porongo (calabaza ahuecada) como recipiente para la yerba.
Sin embargo, no todo eran rosas, o más propiamente dicho, mates. El entonces gobernador Hernandarias escribió una carta al rey donde despotricaba contra ese vicio. Explicaba que cebar mate demandaba mucho tiempo, lo que llevaba a que la gente trabajara menos. Luego, en 1610, el gobernador Diego Marín de Negrón, envió otra carta al monarca afirmando que en el Río de la Plata había un vicio abominable y sucio, y que, por lo tanto, había que prohibirlo. De hecho, cuando Hernandarias fue nombrado nuevamente gobernador, prohibió que se tomara mate en el virreinato.
Hernando Arias de Saavedra, conocido también como “Hernandarias” redactó el 20 de mayo de 1616 un decreto contra el juego, el alcohol y la yerba mate, los tres vicios inaceptables en ese momento. Incluso prohibió el comercio, recolección, acopiamiento y consumo de yerba mate ordenando quemar toda la que se encontrase a modo de aleccionador castigo. Nótese cierta similitud de procedimientos actuales para otras sustancias de mayor y lamentable impacto.
Hernandarias quiso asegurarse del cumplimiento del decreto fijando una multa económica para los españoles que osaran dedicarse a ese cuestionado vicio. Para los indígenas prefirió algo que fuera menos oneroso, ya que no contaban con dinero que expoliarles, pero que les ocasionara mayores sentimientos de culpa: cien azotes.
“Cuando los religiosos llegaban al (Río de la) Plata se escandalizaban, y decían que “se fueron de madre” estos españoles, y se comportan como bárbaros, tienen muchas mujeres, se emborrachan todos los días, viven en absoluto ocio improductivo, y encima toman esa especie de veneno que comparten con los indios”, describe el historiador especialista en yerba mate, Pau Navajas. Agrega, que no solo les parecía escandaloso ese comportamiento, sino que los religiosos amenazaban con la excomunión al que fuera visto tomando mate.
Paradójicamente, fueron los jesuitas, quienes de la reprobación inicial pasaron al interés y luego al desarrollo de la producción y comercialización, convirtiéndose en los mejores productores de yerba mate en calidad, cantidad y seguridad de entrega. Servía a sus proyectos de evangelización de los aborígenes al mismo tiempo que de financiamiento de sus actividades. Todo terminó para ellos, y para la yerba mate, con su expulsión de estas tierras. Luego de muchos años se retomó el consumo, pero esa es otra historia.
El historiador Pau Navajas, nos cuenta de qué manera los jesuitas desarrollaron el negocio de la yerba mate:
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