El Mate: El comienzo de la industria y su llegada a Chile

La yerba no estimulaba a los españoles a cultivarla.

Guía de: Argentina

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Foto: wexas.com

En la época colonial, los españoles adoptaron rápidamente la costumbre aborigen de consumir mate. Según describe el especialista, Pau Navajas, “los españoles aprendieron a tomar mate y a hacer yerba de los guaraníes, y conservaron las formas de producción que ellos tenían; respetaron por supuesto la técnica de elaboración, pero también las condiciones de producción”.

La yerba mate, al ser una especie muy abundante en la selva paranaense y con un sistema de recolección de bajo costo basado en la esclavización de los aborígenes, no estimulaba a los españoles a su cultivo. Los guaraníes conocían perfectamente la selva, sabían dónde hallarla y cómo procesarla (secado), procedimiento que les permitía transportar mayor cantidad al alivianar su peso.

Consistía primero en rastrear la selva para encontrar los árboles y extraer de ellos las hojas más adecuadas. Luego, reunían lo recolectado en un punto determinado donde procedían al secado, tarea que insumía varias semanas. Por último, trasladaban la yerba mate desecada en grandes atados dispuestos sobre los hombros de los indígenas. Dicho transporte se hacía con gran dificultad a través de la selva.

Era una tarea muy exigente que tomaba meses en la selva y en condiciones deplorables para los aborígenes. Es así que una parte de los expedicionarios no regresaba debido a las muertes accidentales, enfermedades, agotamiento o asesinato por parte de sus esclavistas.  En los archivos coloniales de Asunción, hay documentos que detallan la partida de expediciones integradas por varios cientos de personas para recoger yerba mate.

El comienzo de la agroindustria

Tal era la situación al arribo de los jesuitas a la región, quienes al principio rechazaron la costumbre del mate porque les parecía indigna. También, y quizás más importante, porque obstaculizaba su labor de conversión dado que los nativos pasaban largas temporadas dispersos en la selva recolectando, al tiempo que acumulaban hostilidad hacia los españoles por el maltrato que recibían.

Cuando los jesuitas detectaron la importancia económica y social de la yerba mate no solo dejaron de rechazarla, conformaron y condujeron grandes contingentes de indios que partían a la selva para obtenerla. Sus métodos de persuasión eran bastante diferentes del que usaban los esclavistas y poco a poco fueron ganando la voluntad de los indígenas. En breve lapso de tiempo se transformaron en importantes productores de yerba mate.

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Reproducción de obra de Luis Molina Campos, “El Asado”.

Para hacer más productivo el redituable negocio de la yerba mate consideraron en sembrarla cerca de los poblados, en lugar de recolectarla. Evitarían de esa manera las expediciones, concentrando a los indígenas en poblados (Reducciones) que les permitiría una mejor labor de conversión y control religioso.

Cuenta Pau Navajas que, cuando los jesuitas intentaron sembrar yerba mate, no tuvieron éxito: “La semilla de yerba tiene una película de gelatina, un gel muy duro, que es lo que impide que el agua ingrese en la semilla y desencadene la germinación”.  Procedieron, entonces, a traer retoños de la selva y sembrarlos, algo que tampoco funcionó porque la mayoría de las plantas se moría.

Fue cuando los jesuitas observaron que las aves consumían las semillas y que al expulsarlas estas sí brotaban. La contemplación y estudio de la naturaleza les permitió descubrir que el secreto de la germinación estaba en el sistema digestivo de las aves, el cual quitaba el gel que las recubría.

Fue, entonces, que las misiones jesuitas, que eran poblados o reducciones de indígenas abajo la dirección de los religiosos, se transformaron en la primera agroindustria de la región. Lo hicieron con tanto ahínco y dedicación que en pocos años la yerba mate originada en “las misiones” representaba garantía de calidad y un valor económico mayor que el de la “yerba paraguaya”.

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El gran mercado de la yerba mate

El consumo de yerba mate era muy extendido en la Colonia. El principal mercado fue el Río de la Plata y Paraguay, pero también en Chile y Perú fueron grandes consumidores del producto. Luego de la expulsión de los jesuitas en 1767, los brasileños se adueñaron de las misiones y plantaciones situadas en la Banda Oriental del río Uruguay. Se sumaron al gusto por el mate y aprovecharon el negocio ya montado por los jesuitas y lo desarrollaron hasta agotar las fuentes del producto. A pesar de ello, Brasil se constituyó en el principal productor de yerba mate de la época.

En Chile, durante la época colonial y los primeros años de país independiente, el mate representaba una bebida de amplia presencia y aceptación. En el portal Identidad y Futuro de Chile, se menciona que la yerba habría arribado al país en 1558 con la expedición del gobernador Alonso de Sotomayor, incorporándose a los usos y costumbres de la época. Existe constancia que en el siglo XVI ya se consumía en Santiago de Chile, y en el siglo XVII la “yerba del Paraguay” o “yerba de los jesuitas” se había transformado en la infusión más corriente.

En Apuntes para la historia de la cocina chilena, de Eugenio Pereira Salas, se afirma que su consumo era tan popular, que en 1779 cuando el rey ordenó aplicar un impuesto a la yerba mate, los vecinos se organizaron en protestas y contrataron al abogado Miguel de la Huerta para evitar tal exacción. El rey retrotrajo su decisión en 1790, luego que durante todos esos años floreciera el contrabando.

Chile y el mate

Si bien el consumo de yerba mate decayó en Chile durante fines del siglo XIX y el siglo XX, desplazado por el té en los grandes centros urbanos, se mantuvo vigente en las regiones rurales, especialmente en el sur del país. Una encuesta privada de empresa comercializadora en Chile, señaló un aumento sostenido del consumo de mate entre jóvenes y adultos entre 23 y 45 años de edad.

Cómo preparar un buen “amargo”

Hay tantas recetas como fanáticos del mate. Dependerá siempre de la región y de los usos y costumbres locales la preparación de un buen “amargo”, tal como se le denomina en zonas rurales. Lo esencial sigue siendo el ancestral respeto hacia la yerba mate.

En general puede decirse que consiste en llenar el espacio del mate con tres cuartos de yerba mate. Airear la yerba tapando el agujero del mate con una mano y volcarlo dos o tres veces. Dejar que el contenido repose sobre uno de los lados del mate. Agregar entonces una pequeña cantidad de agua a temperatura adecuada en el espacio con menos yerba. Dejar reposar e introducir la bombilla en el mismo lugar donde se volcó el agua. Agregar agua tibia en pequeñas cantidades para que el sabor se mantenga constante y fluya hacia la bombilla. ¿Usted, cómo lo prepara?

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El Monumento al Mate está ubicado en Teniente Vidal, en la ciudad de Coyhaique. Fue creado por Segismundo Sade, en homenaje a los hombres y las mujeres pioneras de la región de Aysén.

Fuentes consultadas:

Un notable y recomendable trabajo de Florencia Coelho, con imágenes de Alex Mueller y producción y textos de: Ivanna Zanella, Maia Bubis Perera y Santiago Nasra, en el marco del Master de Periodismo de La Nación junto a la Universidad Torcuato Di Tella, describe de manera minuciosa y diáfana la historia de la yerba mate, y es una de las fuentes de este trabajo.

Caá Porã, El espíritu de la yerba mate, de Pau Navajas.

Ministerio de Cultura de la República Argentina – La historia del mate.

Mate Argentino – /historia.

www.fansdelmate.com

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