La cultura de la violencia y la impunidad se enseñorea en Argentina y nadie está dispuesto a detenerla

Ser violentos, fanatizados, mentirosos, intolerantes, aprovechadores, “garcas”, “chorros”, drogadictos y a veces también asesinos, parece ser la normalidad.

Guía de: Argentina

Foto La Nación.

 “Una noche de cristal que se hace añicos”, dice una de las estrofas de “Ji-ji-ji”, calificada en 2014 por la revista especializada Rolling Stone como el mejor tema de la mítica banda de rock “Patricio Rey y los Redonditos de Ricota”. (Podcast del artículo aquí)

Transcurridos más de 30 años de aquel lanzamiento, la estrofa se percibe como una mueca irónica ante la trágica noche del sábado 11 de marzo de 2017 durante la presentación del Indio Solari y su grupo en Olavarría, provincia de Buenos Aires. De hecho, el “pogo” de “Ji-ji-ji”, fue uno de los momentos más descontrolados del show que terminó en tragedia: dos muertos, heridos, disturbios, robos y saqueos. Es que la tradición indica que al momento del segmento instrumental en esa canción se inicia un violento “pogo”, muy festejado por todos, menos por los golpeados, heridos y robados, a veces también violados, durante ese minuto y medio fatal. En un reportaje que le hicieran en 2007, Indio Solari expresó: “…Para mí el título es muy significativo. Porque Ji-ji-ji es una risa medio perversa, marca una bidimensionalidad”.

Argentina: País Ji-ji-ji

Más allá de las responsabilidades civiles y penales que deberán afrontar los organizadores, la banda y la intendencia de Olavarría, no debe extrañar lo ocurrido, ya que es habitual la utilización de la violencia y el ostentar impunidad como “modo de vida”.

Los seguidores del Indio Solari saben muy bien del descontrol que se genera durante sus presentaciones. Es más, lo anhelan y van en busca de ese peligroso juego de “bidimensionalidad” tal como lo definiera el propio Solari, al tiempo que esperan la suerte de no resultar dañados. No es el único grupo de rock cuyos seguidores cultivan la violencia, el saqueo y el robo como prácticas aceptadas y divertidas. Desde el trágico incendio en “República Cromagnon”, protagonizado por la banda Callejeros y sus seguidores, se han sucedido centenares de presentaciones de bandas de rock, entre ellas de “La Renga”, que también son un despliegue de violencia sin sentido por parte de sus seguidores ante la permisividad y contemplación embelesada de los músicos.

La violencia no es de exclusivo patrimonio del rock. Es habitual que en cada fin de semana durante los bailes de música cumbia y tropical se desaten bataholas y enfrentamientos violentos con heridos, y a veces también algún muerto. También en las reuniones de música folclórica, aunque mucho menos.

Las autoridades tuvieron que prohibir el ingreso de público visitante en los partidos del fútbol oficial debido a los enfrentamientos entre barras, destrozos y muertos. Luego de un año fue habilitado otra vez el público visitante, en el primer fin de semana, casualmente el mismo en que ocurrió lo de Olavarría, parciales del Club Lanús destruyeron baños y mobiliario del Racing Club, a tal punto que Racing decidió no recibir más público visitante.

Vista aérea del show en Olavarría. Foto La Nación.

Diversas organizaciones políticas que se consideran dueñas exclusivas de la calle, cortan habitualmente el tránsito encapuchados portando palos y amenazando a los conductores y transeúntes. Apenas son una veintena, pero amedrentan por la impunidad en la que se escudan y la pasividad de las fuerzas policiales. Gremialistas millonarios, o en vías de ello, que por pujas de poder interno deciden dejar a pie a centenares de miles de trabajadores en serio, de esos que se levantan a las cinco de la mañana, viajan como ganado y vuelven a las diez de la noche.

Si la violencia cotidiana nos supera, qué decir de la impunidad enseñoreada en políticos, funcionarios, actividad privada y en cada uno de nosotros buscando alguna ventaja o atajo que nos haga la vida más sencilla. Políticos y ex funcionarios que al decir de la banda Bersuit Vergarabat: “…se robaron un país entero, porque así se roba más dinero”, exhiben su impunidad sonrientes y sufriendo súbitos olvidos al momento de declarar en los juzgados.

Ser violentos, fanatizados, mentirosos, intolerantes, aprovechadores, “garcas”, “chorros”, drogadictos, alcohólicos, y a veces también asesinos, parece ser la normalidad aceptada de nuestra sociedad.

Foto El Cronista.

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