El último Aplauso: Un legado del Social Club

El director Germán Kral relata una historia sobre el paso del tiempo, sobre los sueños cumplidos y los por cumplir.
El Último Aplauso

Foto: 2xtango.com

“El último aplauso” rescata la pasión por el tango.

Cuando en 1998 el consagrado director alemán Wim Wenders estrenó “Buena Vista social Club”, el mundo entero quedó sorprendido con la historia de estos hombres. Los protagonistas, humildes y de un talento asombroso, eran  representantes de una música alegre que parecía sentenciada a morir en el olvido si no hubiera sido registrada en el documental.

Germán Kral, documentalista argentino, soñaba con trabajar cerca de Wenders. Por eso, a principio de los noventa viajó hasta Munich para estudiar y aprender en la Escuela de Cine y Televisión de esa ciudad.

Para el estreno de “Buena Vista Social Club”, Kral ya era alumno de Wim Wenders y entre sus trabajos realizados estaba “Tango Berlín” otro documental musical. Cuando en 2004 le piden a Wenders hacer la segunda parte de “Buena Vista…” él  acepta el desafío, pero desde el cargo de producción y pone en la dirección a su alumno argentino.

El resultado de este experimento fue “Música Cubana” (2004) el que se filmó como contrapunto de “Buena Vista…” aquí la premisa era encontrar a las nuevas voces de la música isleña, en un formato audiovisual que mezclaba tanto la ficción como el documental.

Con este trabajo llegaron los primeros aplausos, y luego de sortear con éxito la  irritante comparación existente entre estos dos documentales, Kral decide apostar sus fichas a otro documental musical. Pero esta vez juega de local. Vuelve a Buenos Aires.

“El Último Aplauso” nace en 1999, cuando al director le hablan de un lugar mítico que se ubica en su misma ciudad, pero que él nunca ha visitado. Lo que encuentra en el “Bar El Chino” es un mundo alejado de la modernidad bonaerense, un espacio detenido en el tiempo, donde cada noche se libra la nostálgica celebración que reúne a hombres y mujeres que viven del recuerdo: el tango.

Con “el Chino” como figura central, el director se interna en este mundo de ancianos que parecieran renacer cada noche al ritmo de la música. Pero el problema llega cuando una noticia cambia las expectativas de todos. “El Chino” muere dos años después de la primera grabación.

Sin “El Chino” ya nada es lo mismo y en un momento en que se podría pensar que ya no hay razón para seguir documentando, Kral decide dejar la cámara encendida y comienza a escarbar en lo que hay detrás de esas canciones. Recién aquí podemos entender la cruda verdad que se esconde tras la música y la soledad que acompaña a los viejos cada día.

Es notorio el compromiso del director con su proyecto, ya que en una propuesta osada, les propone a sus protagonistas revivir, ahora sin el Chino, esas noches de celebración.

“El último Aplauso” es una historia de música, de profundo amor por el tango. Una historia inmersa en una Argentina que vive en crisis y donde esa crisis permea despacio y dolorosamente a sus personajes.

Germán Kral supo tomar el desafío de llevar el legado del Social Club a otras partes del mundo. Aquí nos presenta una historia hermosa, que cautiva desde el primer instante y que sella su compromiso con los espectadores al intentar cumplir el sueño de esta banda de viejos cantores.

Y en esta historia, al igual que en la de Wenders, los protagonistas reciben un último aplauso.

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