Océanos: Una mirada submarina

El documental más caro de la historia puede verse luego de ocho años de trabajo y cuatro de grabación por todos los mares del mundo. Esta experiencia única e inédita logró unir en 108 minutos de filmación, la investigación, el arte y la conciencia ambientalista.

Antes que todo, por favor, si va a ver esta película hágalo en el cine. No es por cliché ni por arrogancia, pero lo que los franceses Jacques Perrin y Jacques Cluzaud nos presentan, más que una historia con principio y final, es una experiencia sensorial, donde nuestros ojos y oídos han sido preparados para adentrarse a las profundidades del mar, lugares donde el hombre nunca ha llegado anteriormente.

Por eso mismo, observar este espectáculo de la vida marina merece hacerlo en pantalla grande. La premisa es que “la historia de los océanos apenas ha comenzado y queda mucho por descubrir” y lo que se nos muestra finalmente, es el resultado de más de 500 horas de registro, realizadas durante 70 expediciones en más de 100 lugares diferentes alrededor del mundo. Es el comienzo del intento por comprender la vida bajo el mar.

El guiño de partida es casi un homenaje a Charles Darwin: una iguana submarina de las Galápagos nada sin preocupaciones hasta la superficie, donde se encontrará con sus compañeros de especie, que descansan sin problemas fuera del agua. Allí, desde esa frontera casi imperceptible, que separa la vida en la tierra y en el agua, parte este viaje submarino, donde la tecnología se pone al servicio de la investigación y de la estética para traernos en primer plano tanto la maravilla como la crudeza del mundo marino.

Aunque se ocupe la repetida historia del abuelo que enseña a su nieto los secretos del mar –transformando la estructura en lo más débil de todo el documental– durante más de una hora, toda pretensión informativa o educativa (típica de los documentales para televisión) es omitida para concentrar las acciones en la experiencia sensorial de mirar como testigo privilegiado ciertos hitos de la vida marina. Así, somos capaces de ver el minuto exacto del ataque a un grupo de sardinas acorraladas por delfines, pero devoradas por tiburones, pájaros y ballenas, dejando ver una maravillosa y cruel batalla por la supervivencia.

También seguimos el majestuoso impulso de una ballena jorobada que es capaz de levantar sus 25 toneladas para salir a respirar, la carrera de pequeñas tortugas que se juegan la vida en la orilla de una playa y el tierno abrazo de una morsa a su cría, que muestra más humanidad de la que podemos encontrar hoy sobre la superficie del agua.

Sin duda, la principal virtud de este trabajo reside en la paciencia para esperar los momentos donde cada especie se juega la supervivencia. Esto, sumado al impresionante esfuerzo tecnológico, que consistió entre otras cosas en la construcción de cámaras especiales, como scooters submarinos o minihelicópteros dirigidos a distancia, capaces de distinguir de mejor manera toda la gama de tonos azules, o incluso construir cámaras capaces de mantener la línea del horizonte tanto dentro como fuera del agua, para seguir así, por ejemplo, la marcha de los delfines.

Pero como sabemos, todo este esfuerzo no pudo haber salido barato, la producción de Océanos costó cerca de 50 millones de Euros (más de 33 mil millones de pesos), cifras impensadas para cualquier otro tipo de documental, convirtiéndolo en el más caro de la historia. De la mano de Disneynature (la filial de documentales ecológicos de Disney, responsables de Tierra) el documental fue acompañado por una serie de expediciones investigativas, donde la función artística del documental ayudó en el registro y censo de más de 5.000 nuevas especies descubiertas en este proceso.

Para terminar, sólo cabe hacer una mención aparte a la magnífica propuesta de sonido, que es capaz de registrar desde el llanto de una ballena herida, el caminar de un cangrejo sobre la arena hasta el sonido de una aleta moviéndose en el agua. También la banda sonora de Bruno Coulais hace su aporte, acompañando e intensificando tanto el humor como el drama de la vida submarina.

Como casi todo documental de carácter ecológico, los últimos 20 minutos se configuran a partir de la transmisión del mensaje conservacionista, acentuado por el registro de los animales atrapados en las redes y de tiburones mutilados y enviados al mar (escena que fue hecha, increíblemente, por un computador).

Aunque el mensaje es demasiado básico para todo el esfuerzo cinematográfico -todo el mundo sabe que el planeta está en una situación delicada, pero el documental no nos habla de qué tan real es ese peligro- quizás el gran acierto de la película es que no se centra sólo en el salvataje de las especies, sino que promueve una convivencia en equilibrio entre el hombre y el mundo acuático, que aunque a veces será arriesgado y peligroso (como la increíble escena del barco en la tormenta) otras veces puede ser pacífico y bello, destinado a vivir en el respeto, y por eso, la única escena donde aparece un hombre, es la idealización de un mundo en el que el hombre y la bestia comparten sin miedos el mismo espacio.

Jacques Perrin y Jacques Cluzaud ya fueron nominados al Oscar al Mejor Documental en 2003 por “Nómadas del viento”, y probablemente el esfuerzo depositado en Océanos, también sea reconocido por la academia. Por ahora sólo nos queda disfrutar de esta aventura submarina, que es una de las más bellas mostradas hasta ahora.

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