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Juan Fernández, descubriendo un paraíso para el surf (1era. parte)

Por primera vez un grupo de surfistas de emprendió la tarea de descubrir las olas de Robinson Crusoe.

Queridos amigos surfistas de Chile: Acabamos de hacer uno de los mejores viajes de la vida, sino el mejor,  un sueño para cada de uno de los miembros de esta expedición, y en mi caso una curiosidad inquietante desde hace más de 20 años, siempre postergada por la dificultad y finalmente despejada superando cualquier expectativa.

El viaje a Juan Fernández es una aventura, y por años se ha mantenido la incógnita de su potencial de olas surfeables, así que para animarse a partir a explorar hubo que esperar todos estos años hasta contar con toda la preparación necesaria. Claro que han ido surfistas antes, había registros de olas surfeadas en la derechita de Bahía del Padre y rumores de posibles joyas de olas desde los tiempos del Calá Vicuña, siempre sabiendo que el lugar era de una belleza impresionante, el buceo de primera, paraíso de los navegantes. Un lugar como para irse de luna de miel, que igual tenía sus olitas, pero nunca un destino surfer.

A quien le preguntaras te decía que no pasaba nada con las olas, demasiado profundo. Mirando el mapa había varias posibilidades interesantes pero claro, la gran mayoría de los lugares se ven como acantilados que caen al mar y siguen cayendo, no se ven muchos fondos prometedores.

Robinson Crusoe

Foto: El Mercurio

La isla Robinson Crusoe y sus pescadores.

Pero había que ir a mirar, y de a poco se fue dando forma a este viaje, del sueño de varios, a un proyecto armado por nuestro amigo Javier Gana y Crusoe Island Lodge. Javier había vivido 10 años en Robinson Crusoe y se la conocía de memoria, pero por debajo del agua con ojos de buzo, y tampoco muy seguro de lo que pudiéramos encontrar en cuanto a olas de calidad. Javier cambió el buceo por el surf hace unos años, después de su estadía en la isla, y desde entonces empezó a mirar el mar y sus condiciones como surfista, fijándose en esos detalles que sólo nosotros notamos pues para el hombre de mar tradicional, pescador o marino, las olas son un estorbo, un peligro que hay que evitar, “mar mala”.

Y empezó a tomar forma.  Después de las tragedias vividas en la isla en el último tiempo se planteó el surf como una terapia para la isla, una posibilidad de recuperar la golpeada confianza de la comunidad isleña en el mar, sobre todo los niños, y así se interesó gente como el Desafío Levantemos Chile, luego enganchó el Gobierno a través de la Subsecretaría de Turismo, una cosa llevó a la otra y de pronto estaba todo confirmado para partir a esta gran aventura, un grupo de viejos amigos, cada uno con su función específica para hacer posible encontrar, correr y registrar el surf robinsoniano para mostrárselo al mundo y regalárselo a la isla, para disfrutarlo ellos mismos y para generar también una nueva forma de turismo en su beneficio.

Partió el viaje el viernes 18 de Agosto en la Barcaza “Rancagua” de la Armada de Chile, el fantasma del viaje aperrado y mareador se disipó con las condiciones de calma total que nos empezaron a mostrar la varita mágica que nos fue guiando de principio a fin en este viaje redondo. Vimos más de 30 ballenas y muchas aves haciendo sus migraciones y ahorramos más de 8 horas de viaje, llegando a la isla junto a una regata de botes tradicionales a vela, parte de las celebraciones del aniversario de la isla. Salimos a explorar inmediatamente, vimos pasar un pez volador que nos dejó con la boca abierta, luego las primeras olas en el lado sur, cada bahía y acantilado más impresionante que el anterior y nuestro guía Rubén contando cada historia, y la verdad, seguimos boquiabiertos hasta el último segundo de nuestra estadía.

Los primeros días fueron de explorar cada recoveco de la costa, llegamos al final de una crecida, luego vino otra a mitad de semana, corrimos varias olas donde más se las esperaba encontrar, en el lado sur, nada especial salvo la experiencia de estar en esos lugares donde la naturaleza es la que manda, todo es inmenso, y más encima estás surfeando.

Un día dejamos pasar las olas y nos quedamos en el pueblo participando en la fiesta de aniversario de la isla, que es la fiesta más importante de.

El resto de los días,  estuvimos prácticamente todo el día arriba de un bote, surfeando y buscando, observando los cambios de corrientes y vientos que hacían y deshacían las olas, pescando, buceando, almorzando sashimi, pescado asado y perol de langosta en el bote, preparado por nuestro guía Tedy, un maestro en el mar y en la cocina y ejemplo de pescador sustentable, conciente, como casi todos en la isla, de sus tesoros naturales y la importancia de hacer los esfuerzos para cuidarlos.

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