Pink Floyd 1965: Un disco inédito nos abre la cápsula del tiempo
- Rodrigo Fuentes, ex guía de Discos
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Sorpresivamente y sin promoción alguna, el sello Parlophone nos trae del pasado un EP con seis canciones de los míticos Pink Floyd. Es increíble que aún quede material inédito que nos pueda sorprender realmente y no con material de descarte ni canciones rearmadas para satisfacer el ansia de miles de fanáticos y coleccionistas, como lo fue su último disco: “The endless river”. Por el contrario.

Con un registro impecable de sus inicios, grabado hace 50 años y cuando la formación de la banda era un quinteto —Roger Waters, Syd Barrett, Richard Wright, Nick Mason y el desconocido para algunos, el guitarrista Rado Close—, el disco se editó solamente en vinilo en una exclusiva tirada de solo 1.000 unidades. Pero yo creo que pasadas las fiestas de Fin de Año, se abrirá la venta al formato digital y CD.
Lucy Leave – Syd Barrett
Las canciones están principalmente compuestas por Syd Barrett —“Lucy Leave”, “Double O Bo”, “Remember Me” y “Butterfly”—, con Roger Waters a cargo de “Walk With Me Sydney”, que tiene la participación de la corista Juliette Gale; y finaliza con el cover del blusero estadounidense Slim Harpo “I’m a King Bee”, mostrándonos la génesis de la banda. No por nada el nombre del grupo se desprende de los bluseros Pink Anderson y Floyd Council.
I’m a King Bee
La primera impresión al escuchar el disco es que el sonido se acerca más al del rock primitivo y al blues de los 60′s que a la grandilocuencia y complejidad a la que estamos acostumbrados. Y eso es, sin lugar a dudas, lo que nos da una clara imagen del marco creativo de su inicio, permitiéndonos comparar el gran avance que tuvieron en dos años para llegar al disco “The Piper at the Gates of Dawn” (1967) y la notoria diferencia con respecto a los primeros singles de la banda, como “Arnold Layne” y “See Emily Play”.
Por otro lado, podemos entender la influencia que Syd Barrett y sus viajes en LCD tuvieron en su visión de cómo diferenciarse del resto de las bandas de la época, transformando a Pink Floyd en el referente mundial de la psicodelia y la música onírica en los 70′s.
Pink Floyd – Butterfly (1965)
El disco definitivamente es un objeto de colección, solo para fanáticos de verdad, ya que es la precuela para entender un viaje de experimentación de tantos años y su transformación hacia lo que es hoy, una leyenda. En mi caso, escuchar el disco fue como abrir esas cápsulas de tiempo de las películas, donde un registro simple y sin pretensiones nos da una perspectiva de cómo la banda logró llegar a dejar marcada para la posteridad su identidad, a miles de personas. Yo no he parado de escucharlo, aunque mi hijo crea que estamos escuchando uno de los discos de mi abuelo y no mío.
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