¿Merece Universidad Católica ser Campeón?

Mientras los hinchas cruzados celebran un título que parecía perdido, surge el clásico debate entre los que defienden el honor ganado y los que critican el mencionado logro.

Guía de: Fútbol Total

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Algunas veces se dice que no es campeón el que mejor juega o el que realmente lo merece, sino el que hace las cosas bien en los momentos claves. ¿Eso cabe en esta nueva estrella que prendió en sus pabellones Universidad Católica?

Más allá si el nivel del Torneo de Clausura fue bueno, malo o regular –eso da para otro análisis- lo vivido este sábado muy pocas se ve. Un equipo con todo a su favor como O’ Higgins para poder celebrar, y termina cediendo su opción al cuadro cruzado que estaba con un pie en el cementerio tras su derrota del martes ante San Luis.

Por juego, la UC de Mario Salas exhibe mentalidad ofensiva –no en vano, fue la mejor delantera del certamen con 33 anotaciones; y la mejor de la temporada con un total de 66- con el riesgo de las lagunas que quedaba en su zaga. Algo que gusta, desde siempre, al paladar del hincha de la franja.

Sin embargo, en los momentos claves el elenco estudiantil flaqueó. No supo imponerse a equipos a los que cuales debía superar por sus mayores presillas, como ocurrió con los mencionados quillotanos y San Marcos de Arica, que peleaban evitar caer el descenso. La fortaleza anímica le falló a los de San Carlos de Apoquindo, dejando dudas sobre sus merecimientos.

Ahora bien, por antecedentes es un título que se merece. Por la tradición de una institución que alberga varias ramas, por su preocupación de sus equipos infantiles y juveniles, por contar con un estadio acogedor  -que quede un poco lejos, es un detalle-.

Paralelamente, lo protagonizado por Universidad Católica de ganar desde atrás no es nuevo en el fútbol chileno. Por ejemplo, en 1970 Unión Española era el equipo sensación pero tropezó en los tramos finales, lo que aprovechó Colo Colo –que lucía una discreta campaña- para adjudicarse el trofeo en una definición en el Estadio Nacional. Quince años después, Everton de Viña del Mar –bajo el mando de Armando Tobar- era un relojito ganando cada fin de semana. Sin embargo, el Cobreloa de Jorge Toro le dio alcance y en la última fecha mientras los loínos vencían en Arica los ruleteros caían en Santiago ante la UC, trasladándose la copa a Calama.

A fin de cuentas, con este nuevo logro los hinchas católicos le han gritado a todo el resto que nunca más serán “segundones” –mote con el que los han torturado desde hace casi tres décadas-. Depende de su equipo que así sea.

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