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2-4 frente a la UC, sólo queda soñar con la liguilla

En el último clásico del año se materializaron todos los anunciados temores. Una nueva derrota -esta vez clara pese a las expulsiones- obliga a mirarse hacia adentro para explicar este duro presente azul.

Guía de: La U

Se sabía que el rival venía jugando bien y que era uno de los últimos tickets para salvar la temporada que nos quedaba. Si ganábamos podríamos soñar con el cupo del Chile 2, pues los albos la noche anterior –¿que pasó con eso de jugar simultáneamente los partidos decisivos en los tramos finales?- mantuvieron su mediocre paso ganando por la mínima de local.

Manuel Iturra

Foto: El Mercurio

Colocho fue uno de los que terminó el partido en las duchas.

Pero no, el domingo bajo un sol abrasador –horario producto del comportamiento de las barras y de los ahora imprescindibles operativos policiales- nuevamente nos estrellamos frente a una dura realidad y, pese a los típicos detalles del encuentro, fuimos superados ampliamente frente al tradicional rival.

Hay que conformarse con recordar épocas muy pasadas donde la U ganaba el clásico universitario solamente con la camiseta. Incluso en inferioridad de planteles, el chuncho sacaba a relucir toda su garra y pasión, para pasarles el trapito a los cruzados, quienes sin fuego sagrado en su interior poco podían hacer frente al incontenible deseo azul de llevarse esos dos puntos de entonces.

Más allá del arbitraje, sus fallos, la poca colaboración de los jugadores, la mirada del juez Osses enfocada en sancionar a los azules, mientras los cruzados hacían de todo sin sanción alguna (Valenzuela frente a Iturra en su expulsión y Gutiérrez a los agarrones esperando el largo centro frente al torpe Indio González en el penal que concretó Mirosevic), el chuncho se las arregló para perder solito, sin demasiada ayuda de la UC al estrellar Rivarola en el horizontal el penal de la ilusión perdiendo la posibilidad de seguir luchando arriba.

Como se ha reiterado, los permanentes yerros de la zaga nos tienen como estamos. Cuando no hay marca en el área se nos cabecea fuerte desde el punto penal; si se permite que el líbero quede uno contra uno –algo del abecedario futbolero de cualquier liga senior- llega la avivada del delantero que termina en penal; o si impera el desorden producto de dos expulsiones, un pelotazo a las espaldas de los centrales azules termina por completar la fiesta cruzada en la galería norte del Nacional.

Cómo cambian los tiempos y no para mejor. Si antes la UC llevaba el grupito del recodo del córner y acostaba la enorme bandera para simular apoyo en este partido, ahora llegó numerosamente a Ñuñoa anticipando su fiesta de término de campeonato.

Que habría pasado si Gokú convierte ese penal clave? Una historia tan obvia como conocida. Con veinte minutos de juego por delante, otra ventajita que cuidar y con un hombre menos en el campo, Pelusso de todas maneras habría intentado cerrar el partido.

Felipe Seymour

Foto: El Mercurio

Las ganas de partir al extranjero le siguen pesando a Seymour, que terminó el partido en la banca.

La fórmula del éxito en el primer semestre, con la que se llegó a la semifinal de la Libertadores, terminó siendo la caracterización del fracaso del segundo semestre. Sin las solitarias galopadas de Montillo, la efectividad de Olivera y los pelotazos y el panorama de Estrada, la U perdió el rumbo futbolístico.

Ahora se puede decir con claridad: perdió el poco fútbol que tenía. Las contrataciones escasamente rindieron en el nivel de los que partieron, la buena estrella y señal de fortuna del técnico Pelusso se fue a alojar en otros laureles abandonándolo por completo, los resultados adversos comenzaron a minar la moral del plantel y todo se ve ahora difícil, incierto y riesgoso.

Como esto es la U, igual hay amplio crédito para envalentonarnos con los que lleguen, promovidos amplia e interesadamente por matutinos y noticiarios, desconociendo su real nivel de juego, con la esperanza de que plasmen un efectivo fútbol de conjunto y, si se puede: encontrar belleza en el juego, algo tan difícil por estos días.

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