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La resaca del empate de la U con Palestino

En un partido taciturno la U apenas empató 1-1 con Palestino. Las anticipadas e injustificadas celebraciones exhibieron un equipo plano y que estuvo también cerca de perder.

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Finalmente Jorge Sampaoli, pensando en una dura semana que tiene la U por delante recibiendo a Flamengo el miércoles 26 en el Nacional y el domingo 30 visitando el bravo Monumental de La Florida, amplificó la rotación del plantel en el partido con Palestino y solamente mantuvo a Herrera en el arco, Osvaldo González en la zaga y a Francisco Castro en la delantera.

Un exceso de confianza y una subvaloración de lo que tiene el equipo tricolor quien además suele hacernos partidos complicados con un estratega como Gustavo Benítez en la banca. Sampaoli vio a Palestino un poco como Luxemburgo miró sobre el hombro a la U en el Engenão la semana pasada.

U Palestino

Foto: Marco Muga

La U presentó un equipo alternativo frente a Palestino.

Cualquier equipo con ocho cambios!, más allá de los esperados retornos de Canales y Marino, es definitivamente otra cosa evidenciando la enorme brecha que existe en el ritmo y fútbol que presentan en cancha el equipo titularísimo de la U y la formación alternativa, que jugó con ganas pero mostrando poco de lo muy bueno que ha realizado la U esta temporada.

Luego de más de veinte minutos de estudiar al rival y de recibir algunas llegadas sobre la portería de Herrera -la primera ocasión al minuto de juego fue de Palestino- comenzó la U a trabajar el partido y Marino a habilitar a los tres delanteros; Castro por la derecha, Gabriel Vargas y Canales rotando, alternando, subiendo, bajando, por todas partes y en definitiva con poca claridad y peso específico en el área.

Un balón bien puesto por el volante surgentino dejó solo a Felipe Gallegos en carrera desde la derecha para eludir a Felipe Núñez, conducir de zurda y abrir la cuenta (35’) en los mejores momentos de la U del primer tiempo, pasados los 30’ iniciales.

Pese a la ventaja, el lapso inicial dejó una sensación y registro de equilibrio entre la U y los baisanos, quienes jugaron de local en el Nacional, anticipándose un empate final de acuerdo al trámite del partido. En las tribunas, Eduardo Vargas, Marcelo Díaz y otros titulares descansaban haciendo las delicias de los reporteros, fanáticos y caza-autógrafos.

Sampaoli, intentó afirmar la estantería con el ingreso de Marcos González reemplazando a Abarca quien perdía y ganaba en su duelo con Junior Fernández –un jugador que debiese figurar entre las opciones de recambio para la U en el corto plazo, a riesgo continuar sufriéndolo pero con otra camiseta- y le dio una chance al debutante Sebastián Martínez, la ventaja mínima suponía para el técnico ese plus adicional beneficiando a Palestino.

El mismo Junior comenzó a aprovechar los beneficios de Sampaoli y nos devolvió a la igualdad con un golazo de derecha desde fuera del área al dejar botear el balón y bombear sin marca a la derecha de Herrera (61’). Dos minutos más tarde Avalos se hizo expulsar dejando a su equipo los últimos treinta minutos en inferioridad numérica.

El segundo tiempo en general -para ambos equipos- fue más intenso pero siempre dentro de un equilibrio donde la U se dejó empatar y no aprovechó la superioridad numérica, comenzando a subir y acercarse al área Magalhaes y Rebolledo por ambas bandas sin mayores apremios para el golero Felipao.

El tremendo triunfo en Rio de Janeiro no puede soslayar está muy pálida presentación de la U, dejando en el camino dos puntos totalmente factibles de ganar, evidenciando un profundo desnivel entre titulares y suplentes, estuvo cerca de perder y sólo al final exhibió ambición por el triunfo, jugando con cuentagotas dosificando cada minuto de forma inexplicable para jugadores que se supone desean progresar y ganar su titularidad.

Entusiasmados por bailar a Flamengo erramos en el marco de público, el temor al tesorero de Palestino llevó a buen recaudo los recursos -aún lejos de fin de mes- destinándolos a comprar los boletos de la Sudamericana y el León cambió por bostezos sus rugidos reservándolos para una semana intensa que ojalá justifique plenamente este sosiego.

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