El sabor prohibido del jengibre, de Jamie Ford

La muerte de la mujer de Henry, despierta en él la necesidad de volver al pasado, a la inocencia del primer amor y enfrentar en el presente la difícil relación con su hijo.

Jamie Ford presenta su primera novela, El sabor prohibido del jengibre (Duomo/Océano), una novela que viaja en tiempos paralelos y que toca un amplio abanico de temas, desde la muerte y la pérdida, la difícil relación padre e hijo, las dificultades de la adaptación en una tierra ajena y los conflictos de la guerra.

Todo comienza con la muerte de Ethel, la mujer de Henry, víctima de un cáncer devastador, por el que Henry debió jubilarse antes de tiempo para poder cuidar a su mujer durante esta dolorosa enfermedad. Después de la muerte de Ethel, la vida de Henry queda vacía, hasta que un día cualquiera un gran hallazgo cambia su destino.

Jamie Ford

Foto: El Mercurio

Así, una mañana mientras Henry daba un paseo por el barrio japonés de Seattle, se encuentra frente al Panamá, un antiguo hotel que visitó alguna vez, hace más de 40 años, que ha permanecido cerrado durante muchos años. La sorpresa llega cuando frente al hotel encuentra varios equipos de prensa que entrevistan a la nueva dueña del hotel, la gran noticia es que en la remodelación que estaban realizando, encontraron las pertenencias de 37 familias japonesas que, presuntamente, habían sido detenidas y trasladadas hace más de 40 años, durante la Segunda Guerra Mundial, es decir, habían encontrado una cápsula del tiempo de los años de la guerra. ¿Qué secretos puede encontrar Henry, por qué alberga esperanzas después de esta noticia?

Es en este momento cuando Henry comienza a recordar sus años de adolescencia, en 1942, cuando tenía doce años y sus padres lo obligaban a hablar sólo en inglés, ya que si lo escuchan hablar en chino, su idioma nativo, lo pueden confundir con japonés, y debido a lo ocurrido en Pearl Harbour podría pasar más de un mal rato. Henry estaba becado en una escuela norteamericana, por lo que de todos modos, por el sólo hecho de ser diferente al resto de los niños, era discriminado y no tenía amigos, hasta que un día conoce a Keiko, una niña de padres japoneses, de quien se enamora aunque sus padres se lo prohíban, ya que Henry no puede tener amigos japoneses.

Es así como El sabor prohibido del jengibre atraviesa dos tiempos, dos momentos diferentes en la vida de Henry, por una parte 1942, su adolescencia, su amor por Keiko y los desastres de la guerra, y 1986, luego de la muerte de Ethel y la difícil relación con su único hijo Marty, las dificultades para comunicarse y entenderse, además del hallazgo del Hotel Panamá que abre una nueva esperanza en Henry.

Jamie Ford da forma a una novela rica en contenidos y que nos adentra en distintas sociedades, desde los prejuicios de la década del ’40 hasta los transversales problemas de comunicación padre hijo, describiendo esos incómodos silencios de manera magistral, al igual que la delicadeza de sus personajes, sus gestos y emociones.

El sabor prohibido del jengibre es sin lugar a dudas una hermosa historia de amor, insertada en las hostilidades de la guerra y la enfermedad, conmovedora hasta la última palabra.

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