Haruki Murakami: ¿Hasta cuándo lo ignora el Nobel?

El escritor japonés una vez más pasó de candidato a postergado en la entrega del Premio Nobel, una decisión que causó molestia e impotencia en quienes admiramos sus libros y su talento.

Una oficina, un gato, una pareja que se ama, dos policías y un investigador privado, una conocida etiqueta de whisky, un carnero, la luna, una cabaña, jazz o música clásica, la desaparición sorpresiva y el fin del mundo. Once componentes recurrentes en el mundo creado por Haruki Murakami a través de sus novelas, cuentos y relatos. Once pócimas que llenan sus vasos para conformar su mágica fórmula.

Haruki Murakami Nobel

Foto: Internet

Haruki Murakami.

Un universo que seguirá creciendo en noviembre cuando se publique Los años de peregrinación del chico sin color, decimocuarto libro que espero poder leer de este gran autor japonés, que por tercer año consecutivo le niegan el Premio Nobel. Un acto que demuestra -lo que considero- cobardía en el jurado, en no atreverse a reconocer una línea narrativa rupturista, moderna y que no está encasillada en el drama clásico o recreaciones perfectas de épocas de guerra. Ahora entiendo por qué Charles Bukowski no es parte de esta exquisita lista de ganadores.

Un artículo de un diario capitalino, en los días previos a la entrega del galardón, titulaba: “Murakami despierta fanaticada”. Con todo el temor que se le pueda tener a la palabra “fans”, por lo enceguecido que se puede volver el argumento de un fanático, puedo decir que estuve de acuerdo, sencillamente porque Murakami es a la literatura lo que Tool es a la música. Si a la banda norteamericana le denominan creadores del “metal-ciencia”, Murakami ha creado su estilo propio dentro de la literatura que podría considerarse la “ciencia-narrativa”.

Cuando lees un libro de cualquier autor, sabes de qué te puede hablar en el próximo o al menos saber cómo te lo va a contar, con Haruki Murakami eso no pasa. Voy a leer el decimocuarto libro y no tengo la menor idea de qué me va hablar, ni cómo me lo va a contar. Murakami no pone el libro en una bandeja para que el lector lo digiera, Murakami involucra a sus lectores en su mundo, lo hace parte de sus misterios, eres cómplice de los temores y engaños de sus protagonistas, incluso puedes comprender las pequeñas perversiones que escoden sus novelas, todo acompañado por un infaltable velo de misterio, Murakami te hace parte de esta exquisita sopa de letras siendo parte de los ingredientes, no del menú.

Con una corbata a rallas naranja, una locación o un nombre se entrelazan las historias de “Kafka en la Orilla”, “1Q84”, “Crónica del Pájaro que da cuerda al Mundo”, “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”. Sólo el detective privado Ushikawa o el carnero, te hacen pensar “ok, no estoy loco… acá realmente se unen estás historias”, pero con un manto de dudas que no te permite resolver fácilmente, no sin conocer a otro fans de Murakami.

Con la resignación respectiva, doy por cerrado un nuevo año de apoyo a este particular escritor en esta aventura que tanto se le ha negado y hago fuerza para el próximo iniciando la lectura de uno de sus cuentos: “Después del terremoto”. Su pócima seguirá intacta aunque a los jurados del Nobel se le hayan presentado los vasos vacíos.

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