Novela “Señoritas en toma” se internacionaliza y tendrá edición en inglés

Esta historia de la Revolución Pingüina, escrita por Valeria Barahona, estuvo en la Feria de Lima y ahora va por Guadalajara.

Guía de: Literatura Contemporánea

“La perspectiva de género no era tema hace diez años pero, muy visionarias, en 2006 las niñas del Carmela Carvajal colgaron un pendón que decía ‘Señoritas en toma’, planteándose frente al mundo con todo lo que significa ser mujer. De ese escenario sacamos el título para la novela, que primero se llamaba ‘Me escapé de misa para ir a verte’, pero que al final quería contar la historia de un grupo de niñas que de pronto, empujadas por el amor y las circunstancias sociales, se ve al medio de una revolución que marcó la historia del país y modificó sus biografías individuales. En homenaje a ellas, el libro fue lanzado una noche durante la ocupación del Carmela, con varias de sus estudiantes en la casa de la Furia del Libro y, coincidentemente, ese día colgaron una copia del emblemático pendón ‘Señoritas en toma’ en la reja del liceo. Entonces, era como si la novela estuviera pasando en la realidad, además que al día siguiente estaba convocada la primera protesta no autorizada en Plaza Italia”.

De esta manera recuerda la periodista y escritora Valeria Barahona el momento en que su novela, “Señoritas en toma” (Emergencia Narrativa / $ 8.000), salió a la luz en mayo pasado. Un relato con muchos elementos autobiográficos acerca de un grupo de niñas de un colegio religioso que deciden no quedarse al margen de la “Revolución Pingüina” de 2006. Y que actualmente está dando pasos concretos para su internacionalización.

Señoritas en Toma

Valeria Barahona

-¿Cómo surgió la iniciativa de traducir “Señoritas en toma” al inglés?

-El cambio de idioma fue debido al impacto que generó la Revolución Pingüina a nivel mundial, ya que nadie esperaba que los niños de uno de los países más conservadores del globo fueran capaces de tomarse sus colegios y colapsar las ciudades por medio de marchas, en un movimiento que traspasó todos los límites sociales a través de la participación, junto a los secundarios de establecimientos emblemáticos, de liceos rurales, de provincia, de niñas y particulares.

Quizás fue el primer grito de los indignados de 2011, de esos jóvenes sobresalientes por su preparación académica, pero que no encuentran su lugar en este mundo y se toman Wall Street, la Puerta de Alcalá, Trafalgar Square, etc. Entonces, el paso de “Señoritas en toma” al inglés —cuya principal ambición es ser un reflejo de época— es algo casi natural como hijas de una sociedad interconectada y afectada, más menos, por los mismos problemas.

La versión en inglés estará disponible vía Amazon, aunque estamos en busca de un puente editorial con el mercado anglo para conmemorar (en abril de 2017) los once años de la primera marcha de los “pingüinos”.

-Tu libro fue parte de la selección de títulos chilenos que viajaron este año a la Feria del Libro de Lima. ¿Cómo fue la recepción allá?

-Primero fue un honor que llevaran “Señoritas en toma” a un evento en el extranjero a pocos días de entrar en circulación. No sé cuántos autores indies pueden contar esa historia, y ahí se nota el amor que rodea al libro, tanto de parte del equipo editorial y de los libreros que lo mantienen en mesones y vitrinas, así como de los gestores culturales que manejan estos eventos.

Una vez en Lima, la novela llamó la atención de entrada por su portada color sandía, para ser un texto que cuenta una revolución. Eso convoca por el tema de género, porque son un grupo de “niñas bien” que se revelan bajo sus propios parámetros, es decir, con vestidos rosados, pololos eternos y aros de perlas, con una narradora de voz aguda, consciente de su propia fragilidad, pero a la vez sin afanes panfletarios.

Aparte, cuando comencé a escribir la novela, el profesor de la universidad que tuvo la paciencia de corregir los primeros capítulos, me regaló “Historia de Mayta”, de Mario Vargas Llosa, texto que me acompañó durante las primeras páginas. Entonces, algo de niebla del Callao tienen las niñas y quizás, sin querer, se nota.

-¿Estará en la próxima Feria del Libro de Guadalajara?

senoritas-toma-2-Aún no se publica la nómina de invitados a México, pero ya postulamos y por supuesto que estaríamos muy contentos de ir, porque sería volver a casa, al origen, ya que en la Feria de Guadalajara de 2011 se lanzó la antología “El hombre que se convirtió en espejo” (un libro de cronistas menores de 35 años, publicado por la UDG en el contexto del premio “Nuevas Plumas”), donde está el reportaje “La vía encapuchada a la educación”, en el cual busqué contar la vida íntima de quienes cubrían sus rostros en aquel entonces.

Esa fue la primera vez que la pingüina que fui en 2006, logró concretar un texto sobre su generación y darse cuenta que tenía una tremenda historia pasándole frente a los ojos, por cual mi cariño por la FIL Guadalajara es inmenso, aparte de ser la principal vitrina para Hispanoamérica. Y a su vez, para el mundo anglo interesado en conocer historias en español, lo que para “Señoritas…” podría traducirse en un convenio editorial que publique la versión en inglés, abriendo este relato a muchas más personas.

-Desde su publicación, has realizado presentaciones y charlas en diferentes colegios en toma. ¿En qué crees que se diferencia el actual movimiento, del de 2006 que describe tu novela?

-Diez años más tarde, los pingüinos están mucho más maduros. Nosotros a ratos no teníamos idea de qué estábamos haciendo y nos movíamos por mero instinto, lo que también, a la luz de la distancia, le da un poco de candor al antiguo movimiento estudiantil, que se caracterizó por no abrazar consignas políticas más que la de una educación gratuita y de calidad, en una cruzada perdida de antemano porque sabíamos que los beneficios no serían para nuestra generación. Gracias a eso, los estudiantes de hoy tienen un mayor acceso a becas y algunos a gratuidad, lo que, a pesar de las deudas eternas de mi generación por el crédito universitario, no deja de ser un orgullo.

-En ese sentido, ¿te interesaría escribir otro libro sobre el actual movimiento estudiantil?

-Vengo del campo, nací en Peor es Nada, y ahí los campesinos tienen la sabiduría de que “nunca se caza un conejo en el mismo hoyo”. Si escribo ahora otra historia sobre los pingüinos, sé que es muy poco probable que tenga la acogida de “Señoritas en toma”. Aparte, encuentro súper triste pasar la vida contando la misma historia, más aún cuando me separan años de cumplir 30 y desde 2006 han pasado otras cosas. Ya fui pingüina, ya alargué mis 17 durante diez años, por lo cual, como narradora y como persona, es saludable sacarse el jumper y quedar en paz con la adolescente que fui.

-Pero ya estás trabajando en una nueva novela. ¿De qué se tratará?

-“Señoritas en toma” es la primera entrega de una trilogía sobre crecer en Chile, al fin del mundo y en una de las economías más promisorias de la región, por lo cual su segunda parte, texto en el que he avanzado durante los viajes de promoción de “Señoritas…”, espero tenerla lista en 2017. Quiero que sea una aventura sin presiones, que Emilia, la voz que escucharán en esa historia, se tome sus tiempos y supere a su antecesora sin avergonzarse de ella.

No puedo revelar el título, o sino luego me las tendré que ver con la editora, pero Emilia es una hija de su época que intenta abrirse paso a través de sus dolores en una sociedad enceguecida por las apariencias, donde sufre la cesantía y el capitalismo extrapolado incluso al amor.

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