Suite francesa, la ocupación nazi según Irène Némirovsky

Esta novela nos interioriza en la realidad francesa durante la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, el fin de una era y el comienzo de un dolor generalizado.

Irène Némirovsky, escritora de origen ruso que llega a vivir a Francia en 1919, escribió Suite francesa hace casi 70 años, en 1942, mientras Francia sufría los dolores de la guerra y la ocupación alemana, dolor que la misma escritora sufrió en carne propia, muriendo asesinada en el campo de concentración de Auschwitz ese mismo año. En manos de las hijas de la escritora, el manuscrito de la novela sobrevive la guerra, y después de 60 años es publicado por primera vez.

Una noche. Un ruido que irrumpe en de medio la noche y lo cambia todo. Así comienza Suite francesa, una noche primaveral en París, los parisinos tienen la certeza que deben escapar de la ciudad, dejando atrás sus hogares y trabajos. La necesidad de arrancar alcanza a todos los parisinos; burgueses y aristócratas, ricos y pobres, familias numerosas y personas solas, matrimonios y amantes.

Suit Francesa

Foto: El Mercurio

Portada de Suit Francesa.

Irène Némirovsky aguda su ojo crítico, interiorizándose en la intimidad de los personajes, que recorren un gran espectro de la sociedad parisina, desde una numerosa familia millonaria y muy católica, hasta un matrimonio humilde que es olvidado por sus empleadores, un directivo de un banco que busca esconder a su amante sin que su mujer se entere, pasando por un famoso escritor que se ve enfrentado al miedo y la necesidad de sobrevivir.

Es así como estos personajes se cruzan en su huida de París y tanto el miedo como la desesperación hacen aparecer en algunos de ellos los sentimientos más bajos que la especie humana puede experimentar; egoísmo, orgullo y avaricia, que en una situación tan hostil como la que atravesaban los protagonistas desemboca en lo peor del ser humano.

En la segunda parte de Suite francesa, Irène Némirovsky traslada la narración de la ciudad al campo, se introduce en la intimidad de los hogares campesinos que deben, por obligación, alojar a los soldados alemanes. Las habitantes de estos hogares son en su mayoría mujeres que tienen a sus maridos prisioneros en manos de Alemania.

Si bien la baja moral social francesa se replica tanto en la ciudad como en el campo, Irène Némirovsky marca también las diferencias en el espíritu de los protagonistas. La valentía de la mujer del campo, que debe prestar techo a un soldado alemán, es diametralmente opuesta, por ejemplo, a la cobardía que inunda al intelectual parisino. La dureza del día a día que deben enfrentar estas mujeres campesinas las marca con la incertidumbre de saber cuántas vidas han caído en manos de sus huéspedes, y si sus familiares han caído en manos de alguien como ellos. A estas dudas se suma la simpatía que algunos soldados alcanzan, al nivel incluso de algunos enamorarse de la dueña de casa que los hospeda.

Dado el horror vivido por los franceses tras la ocupación, Irène Némirovsky logra un equilibrio perfecto entre la perspectiva social de una Francia derrotada, y la rutina alcanzada por las mujeres campesinas, que logran ver tras los soldados a hombres de verdad.

Una radiografía de la moral francesa en tiempos de guerra, narrada por una mujer que vive esos horrores y que, por culpa de la guerra no puede conocer el desenlace de su país.

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