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Eduardo “Mocho” Gómez: Un futbolista chileno de fuste de los 80’

El destacado zaguero central de Cobreloa y la selección chilena es considerado uno de los mejores defensas en la historia del fútbol nacional.

Guía de: Los 80

Partiendo de la base de que Elías Figueroa no sólo fue el mejor defensa de la historia, sino que el mejor futbolista chileno de todos los tiempos, bien conviene revisar la historia de uno de los jugadores que sustituyó al gran “Don Elías” en la selección chilena y que regó de talento y clase las canchas nacionales en la década de los 80’: Eduardo “Mocho” Gómez.

Eduardo Gómez, a quien sus amigos de infancia bautizaron como “Mocho” por su peculiar forma de caminar, se inició en las juveniles del club Ferroviarios de Ovalle, su ciudad natal, y debutó profesionalmente en 1978 en Deportes Ovalle, donde destacó por ser un talentoso mediocampista de salida, con una gran visión panorámica y una exquisita pegada. El fútbol lo llevaba en la sangre, ya que sus hermanos Rubén, Omar y Osvaldo también eran destacados jugadores -especialmente Rubén-, y todos terminarían jugando profesionalmente. En 1979, por recomendación del mismo Rubén, fichó por Cobreloa, reciente subcampeón del fútbol chileno y dirigido por ese entonces por Andrés Prieto.

Luego de que fuera enviado a Arica para que se fogueara, en 1981 regresó a Cobreloa, donde el nuevo técnico Vicente Cantatore tomó una decisión crucial que marcaría para siempre su carrera: lo reubicó en la cancha como defensa central. En esa nueva posición haría historia en el fútbol profesional chileno. Al año siguiente, el “Mocho” se ganó la titularidad y conformó una temible dupla de defensas centrales junto a Mario Soto, ayudando a que equipo consiguiera el segundo campeonato nacional de su historia y llegara por segunda vez consecutiva a la final de la Copa Libertadores de América (la mejor campaña en la historia del club). Héctor Puebla, compañero del “Mocho” en Cobreloa por esos años, diría posteriormente que “era un jugador extraordinario y disfrutábamos al ver su clase”.

mocho gómez

Foto: Internet

En Cobreloa el “Mocho” Gómez terminó de moldear sus cualidades innatas de jugador. Bien ubicado, fino, técnico, de movimientos elegantes, preciso en la marca y con gran control del juego aéreo, acostumbraba a salir jugando desde el fondo para, desde allí, convertir un ataque del equipo rival en un feroz contraataque. Por supuesto, cuando había que “bajar” a un rival, el “Mocho” no se amilanaba en recurrir al juego recio, aunque jamás recurriendo a la mala intención. “No recuerdo nunca haber lesionado a un compañero de profesión. Mi mejor virtud era tener mucha tranquilidad, aplomo y orden ante cualquier situación. Es que el defensa central, como último hombre, debe mostrar seguridad ante todo, ya que de esa manera tus compañeros se sentirán cómodos y así jugarán más tranquilos. En Cobreloa pasé los mejores momentos de mi vida, tanto dentro de la cancha como fuera de ella. Allí aprendí que todo costaba y que había que ser muy disciplinado para triunfar en la vida. Crecí mucho al lado de grandes tipos, tanto futbolistica como personalmente”, recuerda el “Mocho”.

Pilar en la selección chilena y la famosa patada a Francescoli

En el equipo naranja, Gómez saborearía en total los títulos de 1980, 1982, 1985 y 1988, además de una copa Chile 1986. Debido a su gran rendimiento, Gómez fue convocado a la selección chilena, donde debutó en junio de 1984 frente a la selección de Inglaterra. El “Mocho” fue defensa central de la “Roja de todos” entre los años 1984 y 1987, siendo uno de los jugadores inamovibles de esa época, haciendo pareja con Mario Soto, René Valenzuela y Fernando Astengo. “Los tres fueron los defensas con los que me mejor me entendí. No sólo eran grandes jugadores, sino que también excelentes personas”, recuerda el “Mocho”, quien también participó en las clasificatorias para el mundial de México 86 y formó parte del plantel que llegó a la final en la Copa América de 1987 disputado en Argentina.

En este último torneo continental, en el partido final que se jugó contra Uruguay, el “Mocho” se fue tempranamente expulsado luego de una fuerte entrada contra Enzo Francescoli, lo que obviamente condicionó el resultado del partido. Uruguay, aprovechando la ventaja numérica y la calidad de su plantel, se impondría apretadamente por 1-0 y se coronaría como campeón de América. “Esa final es uno de los malos recuerdos que tengo a nivel futbolístico, ya que me hice expulsar tontamente y perjudiqué a los muchachos, puesto que sabíamos que a Uruguay 11 contra 11 le ganábamos. Lo que pasa es que entré al campo de juego con muchas ganas, muy ansioso y pasado de revoluciones, lo que al final terminó por pasarme la cuenta. No me enorgullece para nada lo que hice ese día”, dice hoy, con sincero pesar, Eduardo Gómez.

En los años posteriores las lesiones (especialmente a sus rodillas) afectarían considerablemente la carrera del “Mocho” Gómez, lo que explica porqué no alcanzó el merecido estrellato internacional al que parecía destinado.

Luego que dejara a los “zorros del desierto” en 1990, Gómez jugaría una temporada en Universidad de Chile y dos temporadas en Deportes La Serena, para luego recalar en el equipo donde se formó como jugador, su querido Deportes Ovalle, donde se retiró de la actividad en el 2002 cuando tenía 43 años, todo un mérito tomando en cuenta la gran cantidad de lesiones que amenazaron con terminar su recordada carrera. “Me fui en paz con el fútbol. Lo di todo y el fútbol también me retribuyó con mucho”, dijo el “Mocho” en su partido de despedida, ocasión en que fue acompañado por jugadores de la talla de Claudio Borghi, Carlos Caszely, Fernando Astengo, Héctor Puebla y Hugo Tabilo, además de otros jugadores que integraron la formación del glorioso Cobreloa de los años 80′.

El Mocho reside en la actualidad en su ciudad natal, Ovalle, lugar donde es considerado el deportista local más destacado de todos los tiempos. Allí, durante varios años, se dedicó a traspasar sus conocimientos futbolísticos a niños en riesgo social, a través de escuelas preventivas de fútbol.

Elogios por doquier y falsa enfermedad

La calidad futbolística de Eduardo “Mocho” Gómez era tal que su figura todavía es recordada hoy por colegas, técnicos e hinchas. Sin ir más lejos, el mismísimo Vicente Cantatore afirmó una vez que “ Eduardo Gómez fue el mejor jugador que alguna vez me tocó dirigir”, mientras que el mediocampista argentino Marcelo Trobianni, ex campeón del mundo en México 86 y quien jugara en Cobreloa a fines de la década del 80’, afirmó que “era uno de los mejores defensas que vi en mi vida. Sabía todo lo que hay que saber”. El delantero Ivo Basay declaró, por su parte, que “Elías Figueroa y el “Mocho” Gómez fueron los dos mejores centrales que me tocó ver”, mientras que Ronald Fuentes, ex zaguero de la “U” y defensa titular de la selección chilena que disputó el Mundial de Francia 98, afirmó que “él fue un gran espejo para todos los defensas chilenos, y me inspiró para salir jugando desde atrás de la cancha en vez de reventar la pelota”.

Lo último que se supo del “Mocho” Gómez en la prensa nacional fue que estaba sufriendo una grave enfermedad que lo tenía al borde de la muerte lo cual, afortunadamente, era completamente falso. Lo que sucedió fue que una banda de inescrupulosos, aprovechándose de la gran fama, respeto y cariño que Gómez tiene en su ciudad natal, comenzaron a solicitar dinero en su nombre, supuestamente para costearle un carísimo tratamiento médico para salvar su vida. El dinero recaudado, por supuesto, fue a parar directamente a los bolsillos de los estafadores. “Muchas personas y periodistas me llamaron para preguntarme por mi salud porque pensaban que yo de verdad estaba enfermo pero, como dice el dicho, todavía estoy vivito y coleando. Lo único positivo que saqué de ese lamentable incidente fue que me sirvió para darme cuenta de lo mucho que me quiere la gente”.

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