Así fue el momento en que Mónica Seles fue apuñalada hace 25 años: Terror en el court
Guía de: Los 90
- Jorge Fuentes
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En 1993 la joven tenista serbia Mónica Seles, de 19 años, era la raqueta número 1 del circuito femenino de tenis profesional (WTA). Antes de cumplir los 20 años ya había ganado ocho títulos de Grand Slams, incluyendo el Abierto de Australia, el torneo de Roland Garros y el Abierto de los Estados Unidos. Su irrupción había sido tan impactante, que pocos dudaban que estaba llamada a convertirse en la mejor tenista de la historia, tomando en cuenta su juventud y su ortodoxo estilo de juego (era zurda, pero su drive y revés eran a dos manos).
En abril de 1993, Mónica Seles llevaba 21 semanas instalada en el número uno de la WTA, tras desbancar a la alemana Steffi Graf, y parecía realmente imbatible. Sin embargo, todo cambiaría el 30 de abril de ese año. Mientras jugaba los cuartos de final en el torneo de Hamburgo frente a la búlgara Magdalena Maleeva, ante unas seis mil personas que se habían congregado en el court An Rothenbaum, la tenista fue atacada por un hombre bajo y fornido, medio calvo, que tras pasar la barrera de seguridad ingresó a la cancha y de manera rápida apuñaló por la espalda a la entonces número uno del mundo.
Seles sintió un dolor intensísimo en la espalda, lanzó un grito, se tocó la herida e instintivamente se levantó y trató de caminar hacia la red. Un espectador saltó a la pista y la ayudó a tumbarse sobre la tierra batida mientras a su espalda uno de los responsables de seguridad había reducido al agresor tras impedir una segunda puñalada. “No sabía lo que pasaba. De repente me costó respirar y sentí un dolor horrible en la espalda”, contaría en 2009 Monica Seles en su autobiografía “From fear to victory”.
El doctor del torneo de Hamburgo, Peter Wind, tras examinar a Mónica Seles después del ataque, informó que la tenista había tenido ” mucha suerte”, pues la herida había penetrado sólo dos centímetros, aunque si el cuchillo hubiera penetrado un par de centímetros más podría haber alcanzado la médula espinal. “Ni el pulmón ni su omóplato fueron afectados. Mónica todavía sufre del shock y pasará la noche en observación”, dijo Wind en esa oportunidad.

Günter Parche, el agresor de Mónica Seles, al momento de ser detenido por personal de seguridad del torneo de Hamburgo.
Con respecto al agresor, la policía, tras detenerlo, lo identificó como Günter Parche, un alemán desempleado de 39 años, quien, según algunos testigos, “agarraba un cuchillo con sus dos manos cuando la apuñaló. Era uno de esos cuchillos que se usan para cortar carne, muy afilado “. Con respecto al móvil del ataque, si bien en un principio de especuló con alguna motivación política (Seles era una yugoslava de ascendencia húngara, y era originaria de Navi Sad, actual Serbia, por entonces uno de los epicentros de la guerra de los Balcanes), pronto quedó a la vista que Parche era un sujeto desequilibrado que estaba obsesionado con la tenista alemana Steffi Graf. Tan obsesionado que no dudó en atacar a Mónica Seles, para que su adorada Steffi Graf recuperase el número uno del mundo.
Según la policía, Parche llevaba cuatro días rondando las instalaciones del torneo de Hamburgo y tanto Mónica como su familia declararon haberlo visto en más de una ocasión. Cuando fue detenido por la policía llevaba encima 650 dólares, un pijama y un billete a Italia donde Seles tenía previsto jugar el torneo de Roma, la última parada antes de llegar al torneo de Roland Garros. Según Parche, no pretendía asesinar a Seles, sólo dañarla lo suficiente como para impedir su presencia en un par de torneos.
Gunther Parche sería condenado a dos años de cárcel en libertad condicional por el tribunal de primera instancia de Hamburgo, sentencia que causó consternación en Seles. “¿Qué clase de mensaje se ha transmitido al mundo? Günter Parche reconoció que me acuchilló una vez y lo intentó una segunda, y ahora el tribunal ha dicho que no va a ser encarcelado por este crimen premeditado. Él volverá a su vida cotidiana, mientras que yo no puedo todavía, porque estoy recuperándome de la agresión, que me podía haber matado”.
La agresión recibida por Mónica Seles en el torneo de Hamburgo alejaría a la tenista de las canchas por dos años. Y si bien cuando volvió a jugar logró un nuevo título en Australia y conquistó varios otros títulos, su juego no volvió a ser el mismo, puesto que la herida le produjo severos daños psicológicos, y le quitó parte la movilidad en ciertas áreas de su cuerpo, sin mencionar que la prensa se cebó en su aspecto físico debido a que la tenista había comenzado a refugiarse en la comida, lo que la llevó a engordar más de quince kilos.
“Los primeros seis meses después del ataque fueron un problema físico porque no podía moverme de la manera que yo quería. Después de eso está claro que estuvo la parte psicológica, el trauma de que alguien te pudiera hacer algo así. Fue el momento más difícil de mi vida porque pasé de ser la número uno, de sólo preguntarme cuándo jugaría mi próximo partido o de qué necesitaba practicar, a que me quitarán todo eso en un segundo y no saber si podía jugar de nuevo”, recordó Seles en una entrevista con la BBC , agregando que “crecí en una cancha de tenis, fue el lugar donde me sentí más segura y ese día en Hamburgo me lo arrebataron todo: mi inocencia, mi clasificación, todos mis ingresos, mi respaldo, todos fueron cancelados. Y la única persona que podría haberme consolado realmente, que entendió lo que significaba, mi padre, estaba enfrentando una terrible enfermedad. Sin poder apoyarme en mi padre y sin el tenis, mi único refugio fue la comida. Por el día luchaba por recuperar la forma para volver a las pistas y por la noche buscaba consuelo en la nevera. Justo como había sido una campeona de tenis, ahora me convertí en una campeona en comer patatas fritas”, confesó.
En 1996, después de ganar el título de Grand Slam en el Abierto de Australia, Mónica Seles siguió jugando a un gran nivel, pero ya no era la misma jugadora de antaño. Para empeorar las cosas, su padre falleció en 1998 y su problema con la comida se agravó, al igual que una lesión en el pie, ya que su peso corporal había terminado por afectar a sus tobillos. En el año 2003 se apartó de las pistas tras caer eliminada en la primera ronda de Roland Garros, pero no fue hasta 2008 cuando anunció oficialmente su retiro definitivo de las canchas de tenis.
En el año 2009 Mónica Seles publicaría el libro “Getting a Grip: On My Body, My Mind, My Self” en el que narraba sus problemas con la comida. Hoy, totalmente recuperada de ese problema y luciendo una espigada figura, la tenista serbia y nacionalizada estadounidense todavía es recordada por su brillante carrera, cuando con 16 años y 6 meses, se convirtió en la campeona más joven de Roland Garros ante Steffi Graf, dando inicio a una carrera fulminante, llegando desde enero de 1991 hasta febrero de 1993 a 33 finales de los 34 torneos que jugó, unas cifras jamás vistas en la historia del tenis femenino.
El agresor de Mónica Seles, Günter Parche, en tanto, vive hoy en un hogar para ancianos en Nordhausen, Alemania. Allí sólo recibe visitas de sus familiares más cercanos y siempre se ha negado a hablar con la prensa sobre el incidente. Lo único cierto es que tras apuñalar a Mónica Seles el 30 de abril de 1993 en el torneo de Hamburgo, consiguió lo que quería; devolver a la tenista Steffi Graf al número uno del mundo, ya que la alemana recuperó el sitial el 7 de junio de 1993, un mes y medio después de la agresión a Mónica Seles, tras derrotar en la final de Roland Garros a la estadounidense Mary Joe Fernández.
Mónica Seles es considerada hoy unas de las mejores tenistas de la historia, aunque muchos creen que de no haber sufrido ese cobarde ataque en el torneo de Hamburgo en 1993, no habría ganado los nueve Grand Slams que ganó, sino que pudo haber conseguido fácilmente el doble.
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