¿Por qué los gurúes digitales quieren que sus hijos crezcan sin pantallas? Estas son sus poderosas razones

El uso de pantallas simplifica el trabajo del profesor y, de paso, le roba la oportunidad de la experiencia a nuestros niños.

Guía de: Maternidad

En otro artículo les había comentado sobre el uso de pantallas y de cómo nos habíamos comprado el cuento de “nativos digitales” a pesar de que nuestro cerebro se mantiene bien similar hace muchísimos años.

Lo cierto es que el uso de pantallas daña el cerebro, especialmente el cerebro en desarrollo de nuestros niños. Una reciente investigación canadiense estudió a niños de 2.400 familias y concluyó que aquellos menores que se exponen dos horas o más a una pantalla, tienen más posibilidad de padecer TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad).

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Los científicos de la Universidad de Alberta encontraron que los niños pegados a las pantallas tienen problemas de comportamiento más significativos. Además de un mayor riesgo de trastorno, son cinco veces más propensos a no prestar atención en el futuro. Según ellos, solo media hora  por día, o incluso menos, sería la cantidad óptima para los niños en edad preescolar.

Si tienes hijos que usan pantallas seguro habrás experimentado algún episodio en que tu hijo(a) se revuelca en el suelo porque su tiempo de uso ha concluido. ¿No te llama la atención esa reacción? A nivel cerebral, es como quitarle una droga a un adicto. Fuerte, muy fuerte.

Y si todavía tienes dudas, quizá te hace sentido saber que los hijos de los grandes gurúes de la tecnología crían a sus hijos sin pantallas. Bill Gates (Microsoft) en 2017 compartió con el mundo la decisión de no pasarle un móvil a sus hijos antes de los 14 años;  mientras que Steve Jobs le reconoció a un reportero del New York Times que sus hijos tenían prohibido el uso de su reciente invento (iPad). Por eso, no debería causar asombro que en Silicon Valley, epicentro de la economía digital, proliferan los colegios sin tabletas ni ordenadores. Y las niñeras/cuidadoras tienen prohibido por contrato el uso del celular.

Mientras muchos colegios/escuelas alrededor del mundo hacen un esfuerzo por introducir más pantallas y ojalá alcanzar ratios 1:1, en la cuna misma del origen digital ocurre lo opuesto. Y es que la evidencia sobre el daño que provocan las pantallas es cada vez más contundente. Su uso actualmente está tan normalizado, que muchos tildan de retrógrados a los padres que no quieren dispositivos en edades tempranas o estiran el chicle lo más posible. Un colegio sin sala de computación es prácticamente impensable y el que ofrezca iPads o tablets para todos sus alumnos sería considerado moderno y vanguardista.

Aunque pueda parecer súper “interactivo”, novedoso y una herramienta imprescindible del aula del siglo XXI, lo cierto es que el uso de pantallas simplifica el trabajo del profesor y de paso le roba la oportunidad de la experiencia a nuestros niños. Y como deben saber, todavía (modo sarcástico on) la experiencia sigue siendo el principal motor del aprendizaje. Y ojalá al aire libre.}
Como bien dice este reportaje de Pablo Guimón para El País, el lujo que hace unos años fue atribuido al acceso a la tecnología, hoy se define por la capacidad de los padres a lograr que sus hijos prescindan de ella: “Cuando la tecnología se ha generalizado, el problema es el contrario: que las familias con un elevado poder adquisitivo tienen más fácil impedir que sus niños se pasen el día ante el móvil. Mientras los hijos de las élites de Silicon Valley se crían entre pizarras y juguetes de madera, los de las clases bajas y medias crecen pegados a pantallas”.

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