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Pocas ganas de votar: ¿El gran problema de las elecciones?

Me desanima pensar así, porque apenas tengo treinta años y ya pienso como mis papás que tienen más de cincuenta.

A una semana de las elecciones presidenciales resulta difícil abstraerse de lo que ocurre, independiente si votes o no, finalmente todos tenemos una opinión sobre este tiempo de campaña: que es más de lo mismo, que hay que ejercer el derecho a votar, que no importe quien gane las cosas no cambian, que no debemos dejar que otros decidan por nosotros, entre muchas.

Personalmente siempre he estado muy interesada en la política, en mi familia más cercana no hay vínculo alguno a ningún sector y tampoco milito en ningún partido, apenas cumplí los 18 años partí directo después del colegio a inscribirme al registro electoral. Ese día de noviembre del 2005 llegué a la oficina vestida de uniforme, la secretaria a cargo se sorprendió al ver a una colegiala feliz de ejercer su derecho a voto, incluso llegándome a preguntar si estaba segura de querer inscribirme a lo que mi respuesta fue un discurso moral sobre la importancia de poder elegir en democracia.

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Ha pasado un buen tiempo desde ese día y hoy el escenario es completamente distinto, el voto es voluntario y probablemente mis ganas de ejercer mi derecho a elegir también han cambiado. Nunca mis candidatos han sido electos y aunque nunca ha sido una razón para desanimarme, esta vez a pocos días de la priemra vuelta, no sé por quién votar, es más… No estoy segura de ir a votar.

Lo más correcto es que dijera es que si al menos no tengo un candidato, por último anularé (dibujando algo gracioso) o dejaré el voto en blanco, pero hasta eso me cuesta considerar en un escenario en donde no encuentro ningún candidato o bloque político que me represente. He conversado bastante este tema con mis cercanos y no soy la única que está en esta posición, muchos ya estamos desilusionados de un sistema que cuando pareciera que va a cambiar, nos hace chocar con la triste realidad en donde los mismos de siempre terminan legislando nuestras vidas.

Me desanima pensar así, porque apenas tengo treinta años y ya pienso como mis papás que tienen más de cincuenta. “Da lo mismo por quién votemos, seguiremos con los mismos problemas de siempre, tú tienes más probabilidades de ver un cambio”, me dijo mi mamá hace unos días mientras veíamos la franja presidencial.

No quiero decir que dé lo mismo por quién votar, porque si analizamos los programas de cada candidato a grandes rasgos existen diferencias. Mi problema no va por ahí, mi desilusión viene de una clase política que siempre nos termina metiendo decepcionado y que nos obliga a elegir el mal menor, porque seamos honestos: lo más probable es que la segunda vuelta sea entre Guillier y Piñera, los mismos de siempre.

Todo esto me recuerda mucho a la canción de la canción “En la trampa” de Guachupé, que en una de sus estrofas dice:

Y yo sigo caminando por mi propia avenida 
pero hay muchos que esperaron 
otra oportunidad 
que hace mucho prometieron 
y que nunca les cumplieron 
porque estaba todo armado pa` dejarlos sin hablar”. 

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