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La mitología escondida tras el calendario occidental actual

Como el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol no coincide con un número exacto de días de rotación de la Tierra alrededor de su eje, este calendario genera un error de desfase calculado en 26 segundos.

El calendario Gregoriano fue introducido en Europa por el Papa Gregorio XIII en 1582, marcado el inicio de éste como el año uno por el nacimiento de Jesús. Nacimiento que entre los años 526 y 530 un monje rumano, Dionisio El Exiguo, basándose en la Biblia y aparentemente en otras fuentes, lo fechó el 25 de Diciembre (solsticio de invierno para el hemisferio norte) desde 753 años de la fundación de Roma.

Éste calendario mantenía el año en 365 días, pero se modificó la regla de los años bisiestos que, en el Juliano, eran siempre los múltiplos de 4. Es así que, para los años bisiestos, esta fórmula permitía eliminar 3 días cada 400 años. Así, cada 400 años sólo habían 97 bisiestos (365 + 97/400 = 365,2425 días) lo que hacía que se ajustara mejor al año Tropical, que es el que está más en armonía con las estaciones.

También se eliminaron 10 días de errores acumulados por el calendario Juliano desde el Concilio de Nicea (325 d. C.) pasando del jueves 4 de Octubre de 1582 al viernes 15 de Octubre del mismo año.

Las fórmulas para calcular la Pascua cristiana sufrieron también modificaciones.

Calendario

Imagen: El Mercurio

El calendario Gregoriano fue introducido en Europa por el Papa Gregorio XIII en 1582.

Como el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol no coincide con un número exacto de días de rotación de la Tierra alrededor de su eje, este calendario genera un error de desfase calculado en 26 segundos de adelanto por año, eso implica ajustarlo cada 3.320 años, un día. Un problema adicional es que la Luna ejerce un efecto de retraso o desaceleración de la velocidad de rotación de la Tierra producto de la excentricidad de las mareas en tan largo período, por lo que se hace necesario de nuevos ajustes.

A pesar de los ajustes realizados, el calendario gregoriano tampoco alcanza perfección. Por ello, es que al parecer, existen múltiples propuestas y proyectos de reforma en espera de ser estudiados por la ONU, entre las que se encuentra el Sincronario Maya” .

Los nombres y el orden de los meses que se usan hoy en día provienen del calendario Juliano, el cual fue encargado por Julio Cesar a Sosígenes de Alejandría. A la muerte del estadista (44 d. C.) asumió Cesar Octavio llamado Augustus y fue él quien cambió el inicio del año, nombrando a Enero como el primer mes y Febrero como el segundo.

Enero

Del Latín Januarius. consagrado a Janus, dios de los portales y los inicios, custodio de las puertas; el que las abría y cerraba. Se representaba con dos caras que miran en sentidos opuestos, dando a entender que era protector de entradas y salidas, partidas y regresos.

Febrero

Del Latín Februarius, de februare, purificar; último mes del antiguo calendario romano, en el que tenían lugar las fiestas de purificación para la ciudad y sus habitantes.

Lo que señala el autor chileno Isidoro Loi en su libro “Que Dios se lo pague” (1998) en relación a este mes es que los sacerdotes de los cultos “paganos”, durante la procesión golpeaban a los que encontraban a su paso con unas correas de cuero, especialmente a las mujeres embarazadas en la creencia de que su parto sería más fácil. La idea de la purificación se une a la de una fecundación misteriosa.

Estas fiestas fueron suprimidas en el 494 por el Papa Gelasio I, estableciendo la fiesta de la purificación de la virgen María en el mismo mes.

Marzo

Del latín Martius, Marte, dios de la guerra; primer mes del año en el antiguo calendario romano. Mes en el que se iniciaban las campañas militares.

Abril

Del latín Aprilis, de aperire, abrir. Comienza a desarrollarse la vegetación: brotan los retoños y se abren las flores, es el inicio de la primavera en el hemisferio norte.

Mayo

Del latín Maius, destinado a honrar a los mayores, a los antepasados. Una fuente señala que su nombre deriva de la diosa romana Maia, diosa de la primavera y los cultivos.

Junio

Del latín Junios, Juno, diosa de la familia y de la unión legítima: presidía los matrimonios y las promesas de los mismos. Otros autores señalan que el origen del nombre proviene de la palabra latina “Iuniores” (jóvenes) por oposición a mayo.

Julio

Quinto mes en el antiguo calendario era quintilis, de quintus y estaba consagrado a Júpiter. El senado romano lo rebautizó el año 44 a. C. con el nombre de Julios, en honor a Gaius Julios Caesar (101 – 44 a. C) que había nacido precisamente en ese mes.

Agosto

Del latín Augustus, mes en honor del primer emperador romano, Gaius Julios Caesar Octavius, quien recibió el nombre de Augustus (consagrado por los augurios) que infunde respeto y veneración; digno de honor. Fue adoptado como título por los emperadores romanos.

Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre

Al implantar el calendario Juliano, iniciando el año en enero, los romanos conservaron el nombre de algunos meses, a pesar de que éstos ya no mantenían la antigua ubicación relativa. Así, september, del latín septem, siete, era el séptimo mes cuando el año comenzaba en marzo, por lo que quedó como noveno mes. De igual manera, October, de octo, ocho, se transformó en el décimo; november, de novel, nueve, el décimo primero; y december, de decem, diez, el décimo segundo.

Fueron los Visigodos los que introdujeron, en el decadente imperio romano, la costumbre de numerar los días. Ningún calendario romano contaba las semanas. Constantino en el 325 d. C. incorporó la semana de 7 días, comenzándola en domingo.

Fue el emperador Lucio Domicio Aureliano (214 -275 d. C.) el que realizó una reforma religiosa fortaleciendo la posición del dios Sol “Sol Invictus” como la principal divinidad del panteón romano. Aparentemente realizó esta reforma con la finalidad de unificar bajo un solo dios a todos los pueblos del imperio (un imperio – un dios – un líder). Una idea que tuvo su máxima expresión durante el Concilio de Nicea (325 d. C.) convocado por el emperador Constantino. Muchos siglos después en las tierras germánicas, Adolf Hitler Pölzl expresaba similar idea: un reino – un pueblo – un líder.

Como en los escritos de San Pablo y Lucas, se hace mención a Jesús como el nuevo Sol, entonces con la llegada oficial del cristianismo al imperio, se estableció que el domingo (Dies Solis) se llamara Dominus (día del Señor) a partir del latín. Sin embargo otras fuentes señalan que para lenguas como el catalán, castellano, francés e italiano, se tomó el nombre del griego Kyriaché, día de Kyrios, el Señor victorioso, es decir “resucitado” y que traducido al latín quedó como Dominica dies. Sin embargo para las lenguas alemanas, inglesas y escandinavas se mantiene vigente el sentido original: día del Sol; “Sonntag”; “Sunday”; Søndag (noruego y danés); Söndag (sueco) y Sunnuntai (finlandés).

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Foto: Guioteca

Los días de la semana están vinculados a los distintos planetas.

Con la reforma de Aureliano y la posterior reforma de Constantino, se implementa definitivamente en el imperio la semana vinculada a los distintos planetas. Es así que Lunes se asocia a la Luna; Martes a Marte; Miércoles a Mercurio; Jueves a Júpiter; Viernes a Venus; Sábado a Saturno y Domingo al Sol. Esta forma se deriva originalmente del Sistema Ptolemaico (geocéntrico) que considera un orden “natural” (lo que se creía en esa época) para ordenar a los planetas. En astronomía clásica se consideraban al Sol y a la Luna como planetas. El orden sería así, considerando su cercanía a la Tierra y comenzando por el Sol (más cercano) – Luna – Marte – Mercurio – Júpiter – Venus – Saturno (más lejano). Este orden, originario de los Caldeos, tenía el propósito de marcar su distancia descendente desde la Tierra. Cuando estos siete planetas se ordenan de acuerdo con el promedio de la velocidad orbital, comenzando por Saturno, el planeta más lento y más lejano, se da la misma secuencia. Un orden físico muy razonable y, por cierto, un conocimiento sorprendente para los antiguos. ¿Quienes se lo transmitieron?

Si se colocan los días alrededor de una circunferencia y se unen en el orden mencionado, se obtiene la estrella de la alquimia, de siete puntas. Esto simboliza la influencia de los siete planetas o dioses en el flujo de la energía vital humana e incluso en la de la Tierra. Los siete planetas indican los “hornos del alma”, como los alquimistas llamaron a los siete centros energéticos principales en los humanos o también conocidos como chakras. Esta estrella alquímica de siete puntas era tan importante que los mismos Caballeros Templarios la grabaron por todo el territorio francés en sus castillos.

El calendario gregoriano es por el cual nos guiamos en la actualidad y fundamentalmente está regido por fiestas religiosas cristianas o conmemoración de batallas en cada país pero no incorpora los ciclos naturales que nos sincronizan con la Tierra, ni las energías solares y cósmicas. Por ejemplo deja fuera el ciclo lunar que es de 28 días en promedio. Es así, que el uso de un calendario sincronizador con el tiempo natural es una idea interesante que, correctamente empleado, nos ayudaría a vivir en mayor armonía interna, así como a generar un estado de mayor consciencia.

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